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Economía

Los aranceles de Trump, del simple castigo a herramienta para controlar la política global

Los economistas aseguran que los gravámenes tienen como objetivo reforzar el ego del presidente de EEUU

Trump recorre los jardines de la Casa Blanca el 16 de enero
Trump recorre los jardines de la Casa Blanca el 16 de enero
Shawn Thew (Efe)
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Al comienzo de su primer año retornado al poder, Donald Trump convirtió los aranceles en los protagonistas de su política económica. En los últimos meses, los gravámenes han dejado de ser solo punitivos, para funcionar como una herramienta coercitiva con la que atraer inversión y apuntalar la economía del país, enfocada, sobre todo, en la carrera por el liderazgo contra China, especialmente en el terreno tecnológico y de materias primas estratégicas.

 El mandatario, que se autoproclama “el rey de los aranceles”, dio un golpe en el tablero económico global el pasado mes de abril al anunciar gravámenes “recíprocos” sobre las importaciones de casi todos los países del mundo bajo la premisa de reducir el déficit comercial con Washington.

 Los principales mercados reaccionaron con fuertes caídas al primer gran golpe de efecto del segundo mandato del republicano, del que ahora se cumple un año, pero con el paso de los meses, los primeros acuerdos comerciales revelaron el verdadero sentido de los gravámenes, que van más allá de un simple castigo a sus socios comerciales. 

“Los aranceles se entienden en dos niveles. Por un lado están los objetivos declarados, como revitalizar a los fabricantes estadounidenses, recuperar puestos de trabajo en el sector manufacturero y reducir el déficit comercial. 

Pero la Administración de Trump quiere utilizarlos y, sobre todo, la amenaza de imponerlos, para inducir un comportamiento en otros. Para influir en la política mundial”, aseguró el economista Robert Blecker.

El lema de campaña del mandatario resume su política de tasas: ganar a China la carrera por el liderazgo global

El último ejemplo ha sido la amenaza con aranceles a los ocho países europeos y miembros de la OTAN que enviaron tropas a Groenlandia para proteger su soberanía. El mandatario aseguró que estarán vigentes “hasta que se alcance un acuerdo para la compra de Groenlandia” pero se abrió a negociar con las naciones afectadas.

 Además, Blecker añade que para el mandatario existe un objetivo más con los gravámenes: “reforzar su ego y poder porque él decide cuál es el acuerdo”. “Le encanta que las empresas estadounidenses, los líderes empresariales o los gobiernos extranjeros tengan que venir a humillarse ante él y ofrecerle cosas para obtener favores”, apuntó.

 Por su parte, Alton Worthington, profesor de economía de la Gerald F. Ford School de la Universidad de Michigan, duda que los aranceles vayan a traer beneficios, al crear una barrera económica entre EEUU y los mercados globales.

 “Históricamente, la autarquía no ha producido los beneficios macroeconómicos que suelen prometer sus defensores”, declaró.

El retorno del bilateralismo

Con su política arancelaria Trump ha demostrado que se mueve más cómodo en el bilateralismo, que en el terreno del multilateralismo. 

La mayoría de los pactos que ha ido alcanzando con otros países para quitar o reducirles los aranceles han sido bilateralmente y completamente adaptados a la situación de cada uno o más bien al beneficio que podía obtener de cada uno.

 “Quieren llegar a acuerdos en los que intercambiar una reducción de aranceles a cambio de cosas que les beneficien”, explicó el economista. Es como si hubiera creado una nueva moneda, con más poder, para dar pie a un trueque global con el que recuperar el liderazgo estadounidense en un momento en el que la carrera con China se estrecha.

 El lema de campaña de Trump, ‘Hacer a EEUU Grande de Nuevo’, resume el objetivo de su política arancelaria: ganar a China la carrera por el liderazgo global, sobre todo, en el terreno tecnológico, en el que el gigante asiático amenaza la hegemonía de Washington.

 El mandatario busca atraer inversión y fortalecer la producción nacional de componentes estratégicos para reducir la dependencia de las cadenas de suministro asiáticas, con lo que puede presionar a Pekín.

 “Los aranceles debilitan a EEUU en términos de poderío global. No son la herramienta para ganar a China”, comentó el economista. Según él, solo le está sirviendo para “atacar a aliados” y complacer a “dictadores, hombres fuertes y autócratas que no van a ayudar cuando EEUU lo necesite”. 

“No creo que Trump haya solucionado nada. El milagro es que aún no haya causado más daño”, concluyó Blecker. 

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