La droga en la calle reaviva el fantasma de los 80 en A Coruña
Un piso tapiado en Leira do Campo ha vuelto a ser okupado para el negocio del trapicheo y los vecinos de O Castrillón vuelven a mirar con preocupación al trasiego de toxicómanos

La cuestión de la seguridad ciudadana es un tema recurrente entre las preocupaciones de los vecinos desde hace años, sea cual sea la ciudad en la que se pregunte. Sin embargo, cuando desde los propios encargados de velar por esa seguridad se ponen matices y se recrudece el discurso, quiere decir que el nivel de alerta y conflictividad han aumentado exponencialmente. Y en A Coruña esa tendencia tiene que ver con la proliferación de los narcopisos, los toxicómanos, el menudeo y el hurto.
Lo que parecía cosa del cine quinqui o de los documentales de la generación perdida en los 80 ha vuelto con presencia permanente e identificable a pie de calle. “Esto se parece cada vez más a los 80”, afirman fuentes cercanas a las investigaciones. “Hay plazas en distintos puntos donde puedes ver a diez yonquis tirados, como en ciertos barrios de A Coruña de aquella época”, añade. Como ejemplo pone la plaza Madrid. Eso sí, la heroína ha perdido terreno frente al crack, lo que de verdad ‘les pone’.
Los narcopisos son fáciles de identificar y no solamente los toxicómanos se saben de memoria dónde ‘recargar’. También lo sufren y se ven obligados a encajarlo en la normalidad de su día a día los residentes, que ven cómo los supermercados de la droga aparecen y desaparecen con cierta impunidad. Actualmente, son varias las situaciones y ubicaciones que traen de cabeza a los comerciantes, vecinos e incluso a los agentes encargados de velar por la seguridad en las calles: Agra de Bragua, entre O Ventorrillo y Agra do Orzán; O Castrillón y la avenida de Finisterre, con puntos como Ramón Cabanillas todavía sin resolver. Según la memoria de la Fiscalía General del Estado, en 2025 se desarticularon 13 de esos narcopisos en la ciudad. El problema es que algunos han vuelto antes de que se cumpliese un año.
O Castrillón
Situado en Leira do Campo, en una vía paralela a la calle José María Hernansáez, es un viejo foco de preocupación para los vecinos de O Castrillón, sobre todo para aquellos con hijos en edad escolar. A apenas 50 metros se sitúan una escuela infantil y el instituto Monte das Moas. El inmueble había sido tapiado en intervenciones anteriores para frenar el trasiego de toxicómanos pero, según fuentes policiales, “ha vuelto a ser habitado”. También los residentes apuntan a un conocido traficante que ha regresado a la que considera ‘su casa’. “Se las ha ingeniado para reacceder a la vivienda y el goteo constante de compradores es el día a día”, denuncian los atemorizados testigos de esa dinámica. Incluso, aunque suene a broma, el inquilino irregular ha “arreglado el tejado para instalarse junto a sus colaboradores”.
No se trata del único punto que en O Castrillón provoca el ir y venir de clientes. A ese punto se suma el histórico narcopiso de Camiño da Igrexa, según indican los agentes “con más de tres décadas de actividad ligada a la venta de estupefacientes”. “Es un secreto a voces que existen vínculos entre los gestores de ambos emplazamientos”, añaden.
El sindicato policial Jupol afirma que “hay un déficit de agentes terrible” para solucionarlo
Miguel Diz, secretario regional del sindicato policial Jupol, entiende la preocupación de los vecinos. “Lo que nos comentan en todos los casos es que hay un repunte en los toxicómanos, y eso crea una alarma social; nosotros poco o nada más podemos hacer que seguir patrullando”, reconoce. Sin embargo, ¿qué consejos da a la ciudadanía, que muchas veces decide tomarse la justicia por su mano? “Cuando vean una situación de este estilo lo primero es llamarnos. Nosotros interactuamos con el toxicómano para que abandone el lugar. Poco más podemos hacer; se puede intervenir lo que tienen, pero no siempre conviene, porque puede crear más agresividad y hurtos”, explica.
Sobre el número de agentes, indica: “Hay un déficit terrible, porque en 2014 podrían salir seis o siete coches patrulla, y ahora es prácticamente la mitad. Es verdad que acaba de aprobarse una reforma de catálogo para que puedan entrar 28 agentes más, y si realmente se cubren todos los puestos podríamos llegar a una seguridad ciudadana como la de antes”.
Por otra parte, indica que estos casos son la principal lacra: “Una altísima parte de los hurtos y robos con violencia son provocados por toxicómanos”. El perfil es normalmente un varón español, de más de 30 años, con un largo historial de ‘enganche’ a las drogas.
Agra de Bragua
A medio camino entre O Ventorrillo y Agra do Orzán, el número 11 de la calle Agra de Bragua es prácticamente un edificio okupa. De la totalidad lo salva el sufrimiento de unos pocos que resisten en su casa y que ven cómo el ir y venir de toxicómanos supera al de allegados, amigos o familiares cercanos. De hecho, estos últimos ya ni se atreven a pisar la calle, según indican los estoicos propietarios. “Sabíamos que es un edificio prácticamente okupado al cien por cien y estamos en contacto diario con la Policía, pero no hemos querido alertar en exceso para no dejar esa sensación en el barrio. Los vecinos más cercanos sí están muy preocupados por lo que ven todos los días, incluida la presencia policial”, explican desde la asociación vecinal de O Ventorrillo, a la que curiosamente la Policía sospecha que podrían haber robado esos okupas y drogodependientes.
Puede hablarse de un entorno conflictivo, ya que la Policía Nacional intervino el número 39 de esa calle en 2025, al igual que otro de Monasterio de Bergondo, muy próximo, en 2024. Según las investigaciones, detrás de este narcopiso de Agra de Bragua podrían estar los okupas desalojados el pasado mes de abril del estudio de tatuajes okupado en Alcalde Lens. Entonces, fue bautizado como “el mayor fumadero de crack de A Coruña”.

Avenida de Finisterre
Pero no siempre la amenaza está en un inmueble. A veces duerme en un bajo abandonado, a pie de calle o a las puertas de un negocio que debe abrir a primera hora de la mañana. Y esa es la cruz que desde hace unas semanas padecen los comerciantes y vecinos entre el 10 y el 50 de la avenida de Finisterre.
Antes discutían y reñían con vagabundos con intoxicaciones etílicas. Hoy, aquellos podrían parecer ciudadanos ejemplares y han sido desplazados por toxicómanos agresivos. Ningún empresario se atreve a dar públicamente la cara, pero desde el anonimato aseveran de manera conjunta: “A los que dormían en la calle los echaron los que se pinchan, y hay que tener cuidado, porque se enfrentan con los vecinos e incluso amenazan. Hemos llamado al Ayuntamiento por culpa de los olores, y nos dicen que no pueden hacer nada si los propietarios no actúan. Y hay comunidades que no hacen nada”. Temen, además, que muchos de sus habituales prefieran buscar la tranquilidad en algún cercano negocio de la competencia.
Desde la Policía Nacional han constatado que no va a ser fácil echarlos. “Se pinchan heroína y ponen cadenas y alarmas a sus colchones”, reconocen los agentes, que ya han sido requeridos en más de una ocasión por los afectados.

La ruta de la droga
Este mapa de los narcopisos dibuja una ruta bien conocida por los investigadores. El punto de encuentro es Cuatro Caminos y por la tarde-noche empiezan a dispersarse. Unos se dirigen hacia Os Mallos, donde tienen Ramón Cabanillas 13, Sagrada Familia 11 (desarticulado) y alguno más en la calle Vizcaya. Otros se dirigen a Elviña, mientras que la tercera vía va en dirección Agra de Bragua, con influencia en Agra do Orzán, O Ventorrillo y As Conchiñas. “Los de Monte Alto no se desplazan tanto”, comentan desde la Policía. “Son auténticas caminatas, andan muchos kilómetros y se pasan el día andando para hurtar y comprar”, finalizan.
Se trata de un sistema enquistado, difícil de resolver y que ha provocado que muchas veces los vecinos decidan tomarse la justicia por su cuenta, como en el caso de la calle Washington, Sagrada Familia o en el Club Financiero. Sin embargo, la Policía pide que se siga manteniendo la confianza en su trabajo.
Cifran en 200 el número de adictos en las calles de A Coruña
Son los mayores protagonistas de los delitos, según fuentes policiales los autores de alrededor del 80 por ciento de ellos, y cada vez es más notable su presencia. Estiman los encargados de patrullar las calles cada día que, actualmente, hay “unos 200” drogadictos en A Coruña. “A veces vienen de toda España y hay quien incluso les paga el billete para venir. Se juntan los de otras provincias con los de aquí, aunque si bien alrededor del 80% son coruñeses. Por otra parte, si el atraco les da suficiente dinero, se van a Ferrol, donde piensan que la droga es mejor”, afirman.
















