La Oreja de Van Gogh deshace el embrujo de 20 años de momentos congelados en A Coruña
Más de 8.600 personas disfrutaron del regreso de la banda donostiarra al Coliseum

Hace más de dos décadas que A Coruña no escuchaba la voz de Amaia Montero en La Oreja de Van Gogh. Y es que, cuando en 2006 la donostiarra recaló en el Coliseum, los asistentes no sabían que ese iba a ser ‘El último vals’. Por lo menos, en mucho tiempo. Hace once meses, La Oreja de Van Gogh anunciaba el regreso de Amaia a una gira que tendría parada en A Coruña, una ciudad que por fin logró deshacerse del embrujo de más de 20 años de momentos congelados.
Entre esos ‘Deseos de cosas imposibles’ de cualquier coruñés amante del mejor pop español de principios de los 2000 estaba, sin duda, poder disfrutar una vez más de la voz de aquella banda que en su día definió la cultura musical de muchos. Amaia tenía ‘tantas cosas que contar en A Coruña’ que nadie se lo quería perder. Prueba de ello fue el ‘sold out’ en apenas dos horas para el Coliseum, lo que obligó a sumar una nueva parada para hoy.
La cita tan solo se demoró quince minutos. Lo suficiente para mentalizarse de lo que iba a ser. Con apenas dos acordes, los más de 8.600 asistentes que no se quisieron perder el regreso de la banda ya pudieron hacerse una idea de cómo fue aquella madrugada del 20 de enero en el tren. Y Amaia, hacerse una idea de lo mucho que la echaban de menos. Algo que era recíproco.
“Buenas noches A Coruña, tocamos en tantos lugares que algunos lo recordamos porque nos han gustado mucho y otros porque son inolvidables; vosotros estáis en los inolvidables”, entonó la donostiarra. Aunque la caldera del Coliseum ya estaba a todo gas incluso antes de empezar. Después de ‘Dulce locura’ y ‘Mariposas’, el público entero coreó el nombre de Amaia, que incluso se atrevió a sacar sus pasos prohibidos antes de enseñar por qué le llaman ‘La reina del pop’.
“Temazo tras temazo”, decían varios fans. Y eso que lo mejor todavía estaba por llegar. Cuando Amaia tomó asiento y los decibelios se fueron reduciendo, solo podía significar una cosa: aquella “canción más bonita del mundo”. ‘La Playa’ sonó como un himno ante los más fanáticos. Los abanicos se cambiaron por pañuelos y ni siquiera en las gradas había gente sentada. ‘La soledad’ y ‘El 28’ sólo fueron la antesala del tema que provocaría el paroxismo colectivo. Además de regarles con su presencia, La Oreja de Van Gogh también llegó con ‘Rosas’ para todos los coruñeses. La canción, coreada a capela por todo el público, fue la guinda perfecta.
Pero todavía no era momento de dar el adiós final. El público, exaltado tras las mil rosas de Amaia, pedía más. Y hubo tiempo para ‘Perdida’, ‘Cuídate’ y ‘Muñeca de trapo’. Pero, sobre todo, para demostrarle a Amaia que ‘Puedes contar conmigo’: “A Coruña, me muero por ti”, sentenció.

















