Pati Blanco | “Estuve durante ocho años en el Deportivo; si me pinchas, mi sangre es blanquiazul”
Su vida ha transcurrido entre la calle Huertas, la Rúa Nueva y Santa Catalina, una zona a la que vuelve siempre que puede desde Vigo, donde vive ahora, para recargar pilas en su ciudad natal

José Manuel ‘Pati’ Blanco Aldariz (A Coruña, 1957) es un coruñés nacido en el Modelo, habitante “del centro” y un enamorado del club de su ciudad: “Estuve ocho años en el Deportivo; si me pinchas, mi sangre es branquiazul y eso es innegociable”. Como periodista, trabajó en radio, periódicos y gabinetes de comunicación pero también ha tenido tiempo para los negocios, la gastronomía y la poesía, una pasión que le ha llevado ya a escribir tres libros y a empezar con el cuarto.
¿De dónde viene lo de Pati?
Viene desde el colegio. Mis padres tenían un negocio de hostelería que se llamaba La Patata y yo empezaba también en el hockey sobre patines. Entre patata y patinar, me quedó lo de Pati. Un profesor fue el que me puso el apodo.
¿Qué es lo primero que recuerda si piensa en A Coruña?
Mi etapa colegial. Empecé a los cuatro años a metros de mi casa. Vivíamos en la calle Huertas e iba a los Maristas, a Teresa Herrera. En los recreos iba a casa y volvía. Jugábamos en la calle en la plaza de Pontevedra, Riazor y toda la zona donde hoy está Pelícano. Luego ya nos fuimos a vivir a Santa Catalina.
¿Qué tal estudiante era?
No podía decir que era brillante, pero sí notable y estaba muy integrado en la vida colegial. Mi mundo era el colegio, allí pasé 12 años, de los cuatro a los 16. Estaba muy integrado también por mi vínculo con el deporte, en concreto con el voleibol, y llegué a fundar el club Queimada.
¿Y qué decía entonces que quería ser de mayor?
Escritor y periodista. Si busco un referente, fue en el colegio, cuando gané el concurso de redacción de Coca-Cola. Recuerdo que me había entregado el premio en el Palacio de los Deportes Micky, el cantante.
En su casa no tenía referentes...
No, yo soy hijo de migrantes de Lugo a Coruña. Mi tío mayor, cabeza de familia, por decirlo de alguna manera, se viene, monta un negocio de hostelería y el siguiente que viene es mi padre.
Su primera casa era en Huertas pero, ¿de qué barrio es?
Hombre, del centro: Huertas, plaza de Pontevedra, Teresa Herrera, Santa Catalina... Mi primera casa como independiente cuando me casé era en Rúa Nueva. Siempre me moví por el centro.
Pero ahora vive en Vigo...
Por matrimonio. Soy reincidente (sonríe) y llevo diez años viviendo en Vigo. Mi vida se repartió por toda Galicia: mis raíces lucenses, mi arraigo en Coruña y mi trabajo ya al frente de la dirección de marketing y comunicación de El Corte Inglés, me hizo repartir mi tiempo entre Coruña, Santiago y Vigo.
¿Qué estudió finalmente?
Derecho en Santiago.
¿Y tenía pensado ejercer? En la vida. Pero en aquella época solo se podía estudiar Periodismo en Madrid, Barcelona y La Laguna. Mis padres, como hijo único, no me querían tan lejos y me mandaron a Santiago como mis amigos. Gracias a que estaba volcado en el mundo del voleibol, tuve la oportunidad de colaborar en medios de comunicación en temas deportivos. Empecé en Radio 80 y luego en Radio Cadena, con Moncho Viña, para cubrir el Clesa Ferrol. Y por la semana estaba con José Luis de Tena. En paralelo empecé a colaborar en El Ideal Gallego.
¿Y qué tal resultó?
Mi experiencia allí fue brutal, desde el punto de vista profesional y, sobre todo, humano, porque aprendí muchísimo de unos compañeros fantásticos. Yo siempre levantaba el dedo y eso me hizo tener posibilidades en Local con Ezequiel Pérez Montes. Recuerdo una entrevista que le hice a Fraga... Se comentaba que podía ser candidato a la Alcaldía de Madrid, se lo pregunté y me montó una bronca increíble.
¿Y qué pasó después?
Yo me ofrecía para todo: un reportaje, un suceso... Eso me brindó que la gente pensara en mí. Dos compañeros, Andrés Ríos y Juan Guillín, habían llevado durante uno o dos veranos el gabinete de comunicación de la Semana Verde de Galicia, me llamaron para ayudarles y al final me quedé durante todo el año. Después me fui al gabinete de Sanidade, en el primer gobierno gallego. Recuerdo que teníamos que bajar las notas de prensa los jueves al Consello y en una de esas me encontré con la reunión para hacer la moción de censura a Albor. Ahí me llaman del PP de Coruña porque Lendoiro se iba a presentar y quería un periodista independiente.
Así comenzó su trabajo con él...
Esa experiencia me hizo crear una relación personal y un vínculo fuerte. Yo coordinaba las dos áreas de Cultura y Deportes en la Diputación.
¿Qué ocurre?
Surge la crisis del Deportivo, que en un año toca fondo con tres presidentes y se crea una corriente en Coruña de que el único que puede salvar al equipo es Augusto. Eso fue un episodio trascendental: trabajábamos hasta la noche en la Diputación y luego hasta las cuatro o cinco de la mañana en el Deportivo. En paralelo, se produce la segunda moción de censura más importante en la historia de la política gallega, cuando los que apoyaban al gobierno del PP se pasan a apoyar al PSOE. Coincide con el desembarco de Fraga en Galicia y, cuando ganó, me incorporé con Eduardo Lamas a Deportes, pero compatibilizaba mi trabajo profesional en la Xunta con mi trabajo lúdico en el Deportivo. Luego tuve la posibilidad de incorporarme a El Corte Inglés. Era un reto fichar por una empresa de esta envergadura. Al final, estuve 26 años. Esa fue la etapa más estable... Y la más importante desde el punto de vista personal y profesional. Me fichan para Coruña, pero al poco se inaugura Santiago y me ofrecen el puesto de director regional, con lo cual empiezo a tener también que atender Vigo y, en los tres últimos años, llevaba también Asturias.
¿Y ahora a qué se dedica?
Me jubilé, pero solo de El Corte Inglés. Participo en un proyecto hostelero en Baiona con dos faros. Uno de 1800, que reconstruimos, y el faro grande, que hemos reconvertido en un hotel boutique. Y tengo una consultora con mis hijos de temas de comunicación, hostelería, gastronomía... La gastronomía forma parte de mi ADN, no puedo olvidar que soy hijo de hosteleros; nací detrás de una barra y lo llevo en la sangre. A Galicia la vertebras a través de la gastronomía y eso intento defenderlo desde mi papel como miembro de la Academia Galega de Gastronomía, cuya sede está aquí, que es uno de los motivos por que vengo a mi ciudad.
¿Viene muy a menudo?
Vengo todas las semanas. Porque está mi hijo y también porque necesito alimentarme de estos vientos entre el Orzán y el puerto, que es mi zona de vida, y por donde me he movido casi siempre.
¿Qué echa de menos cuando no está en A Coruña? Las caras conocidas, el cariño de la gente, la acogida y los símbolos. Soy muy de símbolos, tengo tradiciones: aparco siempre en la plaza de Lugo, me voy a tomar el café y la tortilla a O Cabo, los callos al Culuca...
Preguntas Cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
A Bonilla iba con mis padres todos los domingos, era una tradición, los cumpleaños, primeras comuniones... Y luego, al trabajar en El Corte Inglés, iba por el Timón, pero siempre fui más de Bonilla.
¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñez?
Méndez Núñez, sin duda. Jugábamos allí, escalábamos el monumento a Curros, trabajé en la Diputación, en Radio Nacional... Íbamos a las tómbolas y todas las atracciones; en verano no salía de allí.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
La Estrella. Sí, aunque en la Barrera estaba el primer negocio de mis tíos.
¿Bebe agua de Emalcsa o agua embotellada?
No, bebo agua embotellada. Sobre todo, por recomendaciones de nutricionista, que me dice que tome agua con gas, y me encanta Magma.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Poesía en el Orzán, disfrute en Riazor. Mis primeros textos de poesía –que es otra de mis facetas–, de amor y desamor, los escribí de adolescente frente al Orzán.
¿Cómo se mueve por la ciudad, a pie o motorizado?
Una de las cosas que noto, al ir y venir a Coruña, es que se camina más y me encanta. Yo soy una persona que camino, me meto algunos domingos 20 kilómetros. Me gusta caminar en Coruña, me gusta caminarla mucho. En los últimos años viviendo aquí, mi trayecto maravilloso era desde Santa Catalina hasta la Torre y volver.
¿Es de helados tradicionales como los de la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
De los de toda la vida. Una de las cosas que ya no se hacen como antes son los polos. Un amigo de mi peña gastronómica siempre está reivindicándolos. Como la costilleta, que me decía mi madre, que ya no se dice.
¿Y cuál es su sabor?
El de chocolate.
¿Prefiere una verbena o un concierto? Un concierto. Una de las cosas que hice cuando dejé El Corte Inglés, como productor musical, fue fichar a Robbie Williams para Oporto con otro amigo. Fue la leche. Y ver a Bruce en Barcelona y en Santiago, también.
Si tuviera que elegir, ¿es más de Carnaval o de San Juan?
San Juan. Por la luz, el calor... Pero bueno, el Carnaval gastronómicamente... Por la gastronomía iría al Carnaval, sin duda. Una de mis atribuciones de gastronomía es que soy experto en cocidos.
¿Cómo va de koruño? ¿Dice más chorbo o dice más neno?
No uso el koruño, pero me encanta escucharlo. Me gustan los rasgos que te definen y te hacen diferente. Porque creo que si todas las culturas, todas las sociedades fuéramos capaces de exprimirnos como se exprime el coruñés, nos entenderíamos mejor.

















