El Ayuntamiento impulsa nuevas rotondas dentro de su política vial
Zalaeta contará con una nueva glorieta siguiendo los pasos de la avenida de Finisterre o de Ramón y Cajal

Existe una anécdota sobre la alcaldesa, Inés Rey: esta se subió al escenario durante una actuación del cómico Juan Dávila en 2024 y este le preguntó qué había hecho. Ella respondió “peatonalizar cosas” pero un espontáneo tomó el micrófono para añadir “y rotondas, que también hizo bastantes”. Dos años después, la alcaldesa sigue haciendo rotondas. Estos días la actividad se desarrolla en el cruce de la calle de Curros Enríquez, donde desembocan las calles de Zalaeta y Ramón del Cueto. Se está construyendo una glorieta para mejorar la seguridad en este punto con bastante tráfico. No es una excepción: en los últimos tiempos, a medida que se ha calmado el tráfico, el Ayuntamiento ha ido incorporando más y más glorietas en los cruces, por encima de las simples señales semafóricas.
Un ejemplo de ello es la nueva adaptación de San Cristóbal, que se modificará para eliminar los semáforos y convertirla en una verdadera rotonda. El PP asegura que se producirá una congestión al eliminarse un carril. Más allá, en la avenida del Ferrocarril, se construirá una pequeña rotonda que regule la salida del aparcamiento de la nueva intermodal, en el cruce con General Rubín.
Esta política de apostar por glorietas lleva implantándose durante años y, en algunas calles, el Ayuntamiento ha puesto más de una. Es el caso de Ramón y Cajal, tanto en su cruce con la avenida del Ejército (Casa del Mar) como en su otro extremo, donde se cruza con Salgado Torres. Estas dos obras habían sido proyectadas durante el mandato de la Marea, pero también se construyeron otras dos rotondas en la avenida de Finisterre, después de un trágico accidente que costó la vida a dos personas en la Navidad de 2020.
Volviendo la vista más atrás, es destacable la construcción de una glorieta en el cruce de la avenida de Arteixo con la ronda de Nelle, que anteriormente se salvaba por un falso túnel. El descenso en el flujo de tráfico provocado por la Tercera Ronda permitió al Ayuntamiento cegar esa infraestructura que se había abierto durante los años 80 y humanizar ese tramo.
También se han construido rotondas en lugares más periféricos, lejos del bullicio del casco urbano, como es el caso de As Rañas el año pasado. Esta zona, situada detrás de Marineda City, ha sido urbanizada recientemente para atender las quejas de los vecinos.
También se ha reformado recientemente la rotonda de la Torre de Hércules para aumentar su seguridad al mismo tiempo que se generaba más estacionamiento retirando los raíles del tranvía.
Acceso a la intermodal
En algunos casos, el Ayuntamiento ha tenido que abandonar su proyecto inicial de instalar una rotonda. Fue el caso de las obras de acceso a la nueva estación intermodal desde la avenida de Arteixo. Los planes iniciales incluían una rotonda que permitiera a los autobuses girar en la esquina del polideportivo hacia la dársena, pero finalmente se optó por un cruce semafórico.
Otro lugar donde no se ha instalado una rotonda es en el que probablemente es el cruce más complicado de la ciudad: el de la ronda de Outeiro con la avenida de Arteixo. Aunque fue renovado en 2023 para instalar el carril bici y otras mejores, conservó su forma básica, a pesar de que, normalmente, la forma circular se considera más segura (porque elimina los giros a la izquierda, los más peligrosos).
Expertos en movilidad consultados explican que la glorieta es una buena solución para simplificar el flujo del tráfico, pero solo si este no es demasiado intenso, por eso uno de los primeros factores que miden los expertos es el IMD (Intensidad Media Diaria).
En el caso de la rotonda de la Casa del Mar, el tiempo de paso en dirección salida y entrada de la ciudad se ha reducido en más de un 45% con respecto al sistema semafórico que existía anteriormente.
De lo contrario, se hace necesario el control luminoso. Un caso evidente es la glorieta del Pavo Real, uno de los puntos con más tránsito de la ciudad. Allí sería imposible eliminar los semáforos, porque en hora punta se concentran miles de coches tratando de entrar o salir de la ciudad. “Lo importante de las rotondas es que evitan que los vehículos se detengan”.
En todo caso, también es necesario regular el tráfico peatonal, así que los pasos de cebra y las señales para los transeúntes siguen siendo necesarias. “Sobre todo funcionan en vías de velocidad reducida –comentan los expertos– como ocurre en toda la ciudad, donde el límite es 30. En el interior de los barrios no suele haber tantos semáforos ni tampoco rotondas, porque no es necesario”.
Por eso el caso de Curros Enríquez llama tanto la atención: no es nada habitual construir una nueva rotonda en medio del casco urbano ya consolidado, sobre todo porque necesita mucho espacio. Sin embargo, en este caso, la medida había sido solicitada por los vecinos desde hacía mucho tiempo, como había señalado el concejal de Infraestructuras, Jesús Celemín.
“Seguimos a traballar en cada rúa, en cada cruzamento dos barrios, intentando dar unha resposta o máis rápida posible a todas as necesidades e peticións veciñais. Neste caso, levamos a cabo unha obra que suporá un alivio para moitas persoas que a diario pasan por ese punto e que agora poderán circular con máis seguridade”, destacó.













