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A Coruña

A Coruña, bastión irreductible del formato analógico del cine frente al ‘invasor’ digital

Dos vecinos de San Roque proyectarán en su barrio una copia en 35 milímetros de ‘ET’: ambos suponen uno de los ejemplos de la resistencia del formato más curiosos en la urbe, pero no el único

Pujalte y Grisales sostienen varios rollos de película
Pujalte y Grisales sostienen varios rollos de película
Javier Alborés
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El año es 2026. Toda la Galicia cinematográfica está dominada por el formato digital… ¿Toda? No. Una ciudad como A Coruña, poblada por irreductibles amantes de formatos analógicos como los 35 milímetros, resiste, todavía y como siempre, frente al ‘invasor’, con figuras como los aficionados Fernando Pujalte y Javier Grisales actuando como unos particulares Ásterix y Obélix de la defensa del celuloide. Aunque no son los únicos. 

A ambas figuras le deben los vecinos de Ciudad Escolar, San Roque y Labañou la iniciativa de proyectar en la plaza de la Tolerancia el clásico de Steven Spielberg ‘ET. El Extraterrestre’, como parte de las fiestas del barrio. La proyección, que iba a llevarse a cabo originalmente el pasado viernes, fue pospuesta unos días, todavía con una nueva fecha por concretar, por el mal tiempo. 

La idea nació fruto de una casualidad. Grisales vivió en su infancia una historia similar a la de Totó en ‘Cinema Paradiso’. “El cine me ha gustado desde niño, ha sido una gran afición siempre. Pero yo soy de Colombia, y allí no había mucha tradición de este tipo de cosas, además de que eran costosas, no podía tenerlas alguien joven”, explica. Pese a ello, se colaba en un cine de su barrio, donde le echaban por querer trastear con los rollos de los filmes. 

Una historia de película

Su relación con el medio creció con los años. “En la pubertad, le compré una maquinita al padre de un amigo y veía películas proyectadas en mi casa con mis vecinos”, comenta. Como en tantos casos, aparcó su pasión en la etapa adulta: “Cuando me fui a estudiar, abandoné el tema por muchos años, y no fue hasta volver a España que vi que había un gran caldo de cultivo para esto, que aquí era más sencillo”. 

Un sueldo estable y la llegada de internet le facilitaron las cosas. “En A Coruña y otras partes conocí a coleccionistas de películas y pensé en tener un proyector de 35 milímetros. Fui comprando poco a poco, y ahora tendré unos 35 títulos. Siempre tuve la idea de proyectar esto con más gente, incluso para niños enfermos de cáncer en hospitales, pero hasta ahora nunca había tenido mucho tiempo porque soy médico para la Guardia Civil y voy viajando por toda España”, cuenta. 

“Ahora que ya conseguí un trabajo estable aquí, quiero llevar al espacio infantil estas películas que tengo”, asegura. Viviendo en la ciudad desde 2017, una enorme casualidad permitió que ahora vayan a proyectar ‘ET’. “Conocí a Fernando (Pujalte) de casualidad, somos vecinos del mismo edificio y un día mi hijo vio que tenía una bolsa con carretes de películas. Le pregunté y descubrimos que teníamos esa pasión en común”, dice. 

A los pocos días, quedaron, y se hicieron colegas. “Yo compré esto pensando en mi familia y amigos pero, después de hablar con Fernando, me convenció de hacerlo para más gente. Él sabe cómo hay que hacer para conseguir los permisos (la iniciativa cuenta con permiso del Ayuntamiento y se comunicó a la SGAE), así que decidimos hacerlo”, resume.

Recuperación de material

Pujalte comparte pasión y hobby con su amigo colombiano. Conocido para muchos en A Coruña por su Lili Cleta, con la que monta un espectáculo ambulante allá por donde pasa, lleva años dedicándose a conservar material y archivos cinematográficos, sobre todo en formatos como los 16 milímetros y el Super-8. “Recupero material doméstico, imágenes tomadas por aficionados o cineastas amateur”, expone. 

“Hace tres años, me mudé a la Ciudad Escolar, y por casualidad conocí a Javier. Él tiene películas y proyectores en 35, que es el formato grande de los cines. Empezamos a colaborar y esta idea surgió porque le comenté que iba a hablar con la asociación vecinal y pensamos que estaría bien hacerlo allí en una plaza grande”, comenta. Pensaron en ‘ET’ porque “es una película conocida, de culto, y dirigida a todos los públicos”. 

“El planteamiento también es hablar del celuloide y lo analógico, los formatos perdidos. Que quienes los recuerdan los vean y toquen, porque habrá allí películas”, manifiesta. La proyección pendió de un hilo, porque se rompió uno de los proyectores y acudieron a las nuevas tecnologías para repararlo con una pieza 3D. “Hicimos pruebas en la plaza y mucha gente nos preguntó, el Ayuntamiento pondrá sillas y demás, pero no sabemos cuánta gente habrá”, expresa. 

Otros lugares

Más allá de estos dos últimos samuráis de lo analógico, lo cierto es que A Coruña, quizá por su gran vinculación con figuras pioneras del cine como José Sellier, todavía cuenta con varios espacios (también festivales como el S8) en los que ver películas en formatos como los 16 o 35 milímetros. O, al menos, con el material que lo haría posible. 

Expertos como Jaime Pena (director de la Filmoteca de Galicia) o Ignacio Benedetti, gran conservador de los formatos analógicos e impulsor del Sellier Film Festival, teorizan los siguientes: la propia Filmoteca, el Fórum Metropolitano, la Fundación Barrié, el teatro Colón, Cantones Cines y Cinesa Marineda City. Aunque en estos dos últimos casos dudan de que realmente aún los tengan o de su uso en el día a día. “Nosotros tenemos un proyector de 35 y otro de 16. Seguimos contando con ellos y proyectando porque hay ciclos (por ejemplo en los próximos meses de octubre y noviembre), sobre todo de cine experimental, en que se siguen usando”, relata Pena sobre la Filmoteca. 

Prácticamente todas las películas antes de 2010 estaban filmadas en 35 milímetros, explica: “El digital se acerca en calidad de imagen, en una pantalla normal es difícil de diferenciar”. El celuloide desapareció por un motivo principalmente económico: “El 35, con el uso se iba deteriorando, los cambios de rollo desgastaban las cintas... Eso con el digital no pasa. Es más fácil producir digital”. 

Sí se nota el cambio, opina, con los 70 milímetros. “Los 70 milímetros sí dan una calidad de imagen que el digital no puede ni acercarse a emular. Es la mejor calidad que ha habido nunca, pero dejó de producirse en masa”, dice. “Ahora lo recuperan algunos directores como Christopher Nolan o Paul Thomas Anderson. Recuerdo ver ‘The Master’ (2012) y pensar que para qué se inventó el 3D y todo eso si con ese formato se había llegado al culmen de lo que podía dar el cine”, narra. 

Divergencias de calidad

“Creo que en el Colón todavía queda un proyector de 35”, duda. En Yelmo Los Rosales también había pero, como ya cerraron, seguramente los habrán vendido. “Los de Marineda, mucho más nuevos, dudo que tengan. No sé si Breogán Park pondrá, pero me da la impresión de que esos cines tienen otro concepto y no lo harán”, opina. 

Similar recuento hace Benedetti. “En 35 milímetros ya no proyectan casi nunca ni en Cantones ni en Marineda, aunque creo que aún conservan proyectores. En el Fórum no se usa mucho pero sí hay alguno operativo. También la Fundación Barrié tiene una instalación fabulosa”, explica. 

La transición al digital, rememora, empezó en Los Rosales sobre el 2007. “En 2012, ya prácticamente todos los proyectores eran digitales, salvo alguna cosa excepcional. Zack Snyder, Tarantino o Nolan son de los pocos directores que quieren que se proyecte en 70 milímetros. Cuando estrenan, yo voy a verlas a Madrid”, aclara. 

‘La Odisea’ la vio dos veces allí, y luego aquí, en una sala digital. “Es como ver otra película distinta, hay una diferencia abismal. En una proyección en cine aprecias más matices, ves que la imagen está viva y no es una pantalla de plasma”, enfatiza. 

“El digital arrasó porque los proyectores había que mantenerlos. Los estudios se ahorran las copias, que hay que hacerlas en laboratorio, transportarlas, tenerlas en un almacén... Es toda una infraestructura que ya desapareció”, lamenta. Pero ejemplos como los de su festival o los de Pujalte y Grisales enseñan que el cine, incluso en formatos que se presumían olvidados, está más vivo que nunca. 

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