¿Pueden los meses de verano compensar el déficit de vitamina D del resto del año?
Tener los niveles bajos de esta prohormona es algo habitual, pero existen mitos sobre su suplementación y consecuencias inadvertidas, que pueden estar relacionadas incluso con la salud mental

Es raro que un coruñés no tenga la vitamina D baja, como ocurre en otras zonas de Galicia. Pero este verano, donde el buen tiempo ha predominado y las altas temperaturas llevaron a mucha gente a las playas, surgen dudas que, bien sean nuevas o antiguas, vuelven a poner de manifiesto lo poco que conocemos sobre esta “vitamina”, que puede derivar en enfermedades, dolores e incluso problemas relacionados con la salud mental.
“Le llamamos vitamina, pero en realidad es una prohormona”, explica el reumatólogo del Chuac Javier Seoane. Para entenderlo de forma sencilla, una prohormona es una molécula que precede a una hormona y sirve como su base o eslabón intermedio. En el caso de la vitamina D, la piel la produce tras la exposición a la luz solar y luego el hígado y el riñón la convierten en su forma activa.
Tomar el sol o la simple exposición a su radiación es clave, por lo que es habitual pensar que los meses de verano pueden compensar la producción de este nutriente. ¿Realmente pueden hacerlo? El reumatólogo Javier Seoane es tajante en ese sentido: “Las reservas no las tenemos para todo el año”.
Según explica este especialista, es cierto que en el período estival es “más frecuente tener unos niveles adecuados de vitamina D”, ya que la sintetizamos a través de sol. “Mucha gente que tiene que tomar suplementación durante el invierno, puede que no la necesite en verano al haber tomado el sol, pero esto no significa que ya tenga los niveles adecuados para todo el año”, explica el médico del Chuac.
Con el tema de tomar el sol hay que tener cuidado porque, contrario a lo que pueda parecer, una piel morena no produce más vitamina D, sino todo lo contrario. “Cuanto más bronceados estamos, menos eficiente va a ser nuestra piel para producirla. No nos sirve de nada achicharrarnos porque esa vitamina D que hemos sintetizado, si le sigue dando radiación solar, va a degradarse. Con lo cual, nunca va a llegar a ser vitamina D activa”, explica la farmaceútica en A Coruña Blanca González, dueña de una botica en Orillamar.
De hecho, Seoane destaca que, según los estudios de la Academia Española de Dermatología y Veneorología (AEDV), entre “siete y diez minutos al día son suficientes” para conseguir la cantidad que requiere nuestro organismo de esta prohormona. Este tiempo varía en invierno, cuando se alarga hasta los 25 minutos en las horas centrales del día.
Riesgos y recomendaciones
Pese a que es un tema recurrente debido a la cantidad de personas que tienen baja la vitamina D, lo cierto es que a menudo se desconocen sus consecuencias. La más sonada es la osteoporosis, ya que este nutriente está “muy relacionado con el metabolismo del calcio y con los huesos”.
“Lógicamente dentro del estudio de pacientes con osteoporosis tenemos la obligación de obtener unos niveles adecuados, porque tiene mucha relación con la absorción del calcio, pero no se suele recomendar de rutina solicitar una suplementación”, indica el reumatólogo.
Esta no es la única consecuencia: “También tiene mucha relación con los dolores –musculares y óseos–”. Asimismo, puede tener influencia en las defensas bajas e, incluso, en el estado de ánimo. “La población no es consciente de los riesgos de tener la vitamina D baja”, advierte Seoane.















