Mary Carmen Calviño | “Lo que más me impresionó de la ciudad era ir a misa a Jesuitas; era un desfile de modelos”
Vecina de A Gaiteira, después de haber vivido una temporada en Os Mallos, asegura que le encanta la comodidad y la familiaridad que encuentra en el barrio: “Aquí nos conocemos todos”

Mary Carmen Calviño (Pontevedra, 1938) es una de esas caras conocidas de la ciudad por su vinculación con todo tipo de agrupaciones y sociedades (Hogueras, Casino, Asociación de Artistas) y por su faceta como pintora, que extendía también a sus clases. “Como profesora –explica– mi intención no era crear picassos ni dalís, lo que quería es que aquellos chicos disfrutasen y que al pararse ante una pintura sepan distinguir lo bueno de lo malo”.
¿Cómo es que alguien nacido en Pontevedra acaba aquí?
Nací allí por la profesión de mi madre. Y vine aquí por lo mismo. Mi madre era maestra y trabajaba en Ares. Así que mis padres compraron un piso cerquita de donde vivo yo ahora, en General Sanjurjo. Teníamos una chica que nos atendía y ella marchaba los lunes por la mañana y regresaba el viernes por la tarde.
¿Y por qué se quedaban aquí?
Para que estudiáramos, claro, porque si no tendríamos que ir a Ferrol o yo no sé.
¿Cuántos años tenía?
Ya tenía el bachillerato. Tendría como 17 o 18.
¿Y qué es lo primero que recuerda a su llegada?
Yo tengo un recuerdo fantástico. Yo me negué a ir a la universidad, para disgusto de mis padres, y preparé secretariado en el American Institute, en San Andrés. Y allí me encontré con unas chicas que habían nacido en La Coruña. Pues al día siguiente ya estábamos tomando café juntas y he de decir que no eché nada de menos en el traslado. Me lo pasé muy bien.
¿Y qué fue lo que más le impresionó de la ciudad?
La cordialidad de la gente, cómo a los dos días ya nos conocíamos todos; los paseos por el Cantón... Y lo que más me impresionó fue ir a misa a los Jesuitas. No veas cómo iba la gente de arreglada a misa de una. Era un desfile de modelos. Las chicas iban arregaladísimas. El ambiente de La Coruña me gustó siempre mucho.
Dice que no quiso ir a la universidad. ¿Por qué?
Mis padres querían, fue una decepción para ellos, pero yo fui feliz. Hice secretariado y me empleé en unas oficinas con don Juan Suárez, que tenía un comercio al lado del Avenida, de marroquinería, paraguas y demás. Allí trabajé con él de secretaria cuatro o cinco años, hasta que me casé.
Entiendo que se casaría con un coruñés...
Pues no (risas). Me casé con un muchacho que había nacido, espérate... La madre gallega, el padre madrileño y mi marido nació en Melide. Estaba mi suegro de jefe de Correos allí. Y yo me casé, claro, con un funcionario de Correos, por eso para mí los jardines tienen para mí mucho significado.
¿Por qué ha elegido este sitio para hacer la foto?
Aquí crie a mis hijos. Tengo tres, dos chicas y un chico. Veníamos y aquí jugaban, se caían... Hice mucho ganchillo sentada al borde de esa fuente [señala el estanque], porque mi marido salía de Correos a las ocho y ya nos íbamos para casa.
¿Cuáles son sus barrios? ¿Dónde ha vivido en A Coruña?
Cuando vine, vivimos en General Sanjurjo. Al casarme, me fui diez años a los Mallos y luego regresé a mi antiguo barrio. Y ahí estoy desde el año 72.
¿Y si le pregunto de qué barrio es, qué responde?
Yo soy de la Gaiteira.
¿Qué le gusta de esa zona?
Ay, es que es tan familiar, tan tranquilo, tan cómodo... Esa calle ahora peatonal. Nos conocemos todos.
Bueno, usted es conocida gracias a todas las agrupaciones donde ha colaborado: Hogueras, Asociación de Artistas, Casino... Estaba en muchos ‘saraos’.
Yo soy muy amiga de los saraos (risas). Soy una persona muy activa. Lo primero fuerte que hice fue cuando estuve en la vicepresidencia de la Asociación de Hogueras. Sin buscarlo; estábamos con unos amigos comiendo en el Casino y me dijeron: ¿Por qué no reactivamos aquello tan bonito que había cuando éramos jóvenes, que se hacía en el Rosalía, los juegos florales? El problema es que no teníamos un local para reunirnos así que hablé con el presidente del Casino, que también estaba allí, y ahí empecé con una cosa y la otra.
“Lo que siempre me ha gustado es la gente. El carácter del coruñés es muy alegre, muy afable, te integra... No te pregunta de dónde vienes; al menos, a mí nunca me lo preguntaron”
Y con las clases de pintura...
Sí, yo monté mi taller y ahí estuve más de treinta años. Tenía alumnos que eran casi de mi edad y algunos incluso mayores. Fue una época muy rica para mí.
¿De dónde nace su vocación de pintar?
Mi mejores notas eran en Historia del Arte y Literatura. “En lo que no te cuesta trabajo”, me decía mi madre. Siempre me gustó el arte pero tuve en mi casa años y años una pared limpia porque quería pintura pero económicamente no podía ser. Un día, estábamos mi marido y yo viendo la televisión y había un programa que hablaba sobre el alcoholismo en las mujeres con el síndrome del nido vacío. Yo estaba haciendo ganchillo y así me salió: “Pues mira que si cuando los niños crezcan, a mí me da por beber, buena la hacemos”. Y él me dijo: “Pues para que eso no te pase, busca hacer lo que verdaderamente te gustó siempre”. Me fui con una amiga a una clase de pintura que daba una señora y allí empecé. Para mí, aquello era facilísimo, así que me fui con Montserrat Juárez, que era profesora de la Escuela de Artes. Hice muchos cursos y luego ya me puse por mi cuenta.
Después de la entrevista, se va al Sporting Club Casino. ¿Qué hace ahora allí?
Ahora no hago nada. Fui la vocal de cultura. Bueno, sigo siendo porque no hay renovación. Las cosas cambiaron de tal manera que las sociedades tienen que reinventarse. Y en la Asociación de Artistas ya les dije: “Todo lo que sea de ordenador, yo lo hago desde mi casa”.
¿Se maneja con el ordenador?
Tengo un experto, que es mi nieto, que me ayuda y me dice: “Y no sabes más porque no pones atención”.
¿Sigue pintando?
Ahora ya no. Tengo un cuadro que lo tengo que terminar no sé cuándo. Yo le digo: Aquí está el inconcluso de Calviño.
¿Cómo ve la evolución de A Coruña en estos años?
Cuando yo vine, era una ciudad pequeña. Esto ha sido una evolución tremenda Pero lo que siempre me ha gustado es la gente. El carácter del coruñés es muy alegre, muy afable, te integra... No te pregunta de dónde vienes. Al menos, a mí no se me preguntó nunca quién eres ni de dónde vienes.
¿De qué presume cuando habla de su ciudad?
Yo no presumo, solo le digo a mis amigos que vengan a visitarla. Nada más. Y me dan la razón, efectivamente. La Coruña es acogedora, te prende y es abierta por el mar, por eso aquí entra, entró y entrará gente de todos los colores. Eso es un carácter abierto.
Si tuviera una máquina del tiempo, a qué momento iría?
La verdad es que no iría a ninguno en concreto porque todas fueron tan bonitas... Yo me lo pasé tan bien en La Coruña.
Preguntas Cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
Pues... ninguno. El Timón, venga, que me queda más cerca de casa.
¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñéz?
Jardines de Méndez Núñez. En mi época no existía San Pedro, era militar. Yo tengo un recuerdo... Veníamos, creo que de Carballo, y mi marido se equivocó, se metió por una carretera y acabamos ahí. Un militar salió de una garita y nos hizo dar la vuelta.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
¡Ay, la Estrella! ¡Cuántos paseos en la juventud de mi época dimos. Cantones, calle Real, la Estrella... era el recorrido de los domingos por la mañana. Bueno, y por la tarde, porque estaban las calles llenas de gente.
¿Bebe agua de Emalcsa o agua embotellada?
Agua del grifo.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
No, Riazor. Tenía un sitio, siempre el mismo, y allí estaba con los niños. Luego venía mi marido y ya sabía que estábamos allí. Además, que lo pasaban muy bien los críos allí. Es más tranquila y así, en el centro de la ciudad, que es la suerte que tenemos, las tenemos en el mismo cogollo.
¿Cómo se mueve por la ciudad?
Ahora en taxi. Pero la anduve mucho. La Coruña hay que pasearla. Di muchos paseos por aquí por el puerto pero ahora con un taxi me voy a los sitios directamente.
¿Es de helados tradicionales como los de la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
Yo era más bien de la Italiana. Tenía unos helados riquísimos. Yo los llevaba últimamente como en una especie de tarrinas de litro para todos.
¿Y cuál es su sabor?
El de limón. Porque mira, no me gusta el dulce. Y entonces el limón, dentro del dulce, tiene ese amargor ácido.
¿Prefiere una verbena o un concierto?
Un concierto. Ahora, que no sea muy tarde.
¿Alguno que fuera especial?
Con mis dos niñas mayores, en uno que daba la banda municipal en el teatro Rosalía. Era un homenaje a Vivaldi y quedaron las niñas flipadas con el concierto.
¿Qué le gusta más, Carnaval o San Juan?
Pues me gusta mucho el San Juan pero también el Carnaval. Ahora ya no hay problema ninguno, pero cuando yo era joven no se podía disfrazar la gente y para nosotros era una atracción ir a la plaza de España. Y yo llegaba a casa y decía, pero ¿por qué tienen que prohibírselo?
¿Qué tal lleva el koruño? ¿Dice más chorbo o dice más neno?
Pero el neno no es koruño, lo decimos los gallegos con mucha frecuencia. Ay, mira, neno, ¿qué estás haciendo? Yo lo digo a veces.














