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A Coruña

Fernando Romay: “La Coruña es una ciudad bonita de ver, porque es preciosa, pero es más bonita de vivir”

Su destino tenía que haber sido trabajar en el Muro, como su familia, pero una carambola le llevó con 14 años a Madrid y a convertirse poco después en toda una estrella del baloncesto

Fernando Romay, durante la entrevista en La Solana
Fernando Romay, durante la entrevista en La Solana
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Fernando Romay (A Coruña, 1959) es uno de esos coruñeses universales que no necesitan presentación. En el tiempo que dura la entrevista, hay que parar varias veces porque una le pide una foto, otro le trae saludos de algún conocido pero todos muestran el cariño que sus paisanos tienen al baloncestista que tan felices les hizo en 1984 –cuando España tampoco iba por ahí ganando títulos–, con la medalla de plata de los Juegos de Los Ángeles. Se crio en lo que hoy es Alcalde Marchesi, mientras “ponía patacones en la vía del tren” y disfrutaba de “una vida en la calle, feliz y agradable”. Tras mucho tiempo fuera, ha conseguido retornar a una ciudad que siempre vio “preciosa”.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña? 

Mi casa. Era la travesía de Primavera, ahora es Alcalde Marchesi. Bueno, ahora es la recepción del hotel que hay en el centro de Cuatro Caminos. Recuerdo jugar con los chavales en la calle, la estación de mercancías... Una época muy feliz. 

¿A dónde fue al colegio? 

Empecé en Dominicos. Luego hubo una época en la que estuve muy malito, en casa. Y después fui a un par de academias, una cerca de casa, Cisneros, y luego al Colegio del Ángel, frente a la plaza de de Lugo. 

¿Y qué recuerdos tiene de aquella época? ¿Era buen estudiante o se metía en líos? 

No, no, me metía en líos. Además, cada vez que hablaba en clase, a mí me pillaban fijo... Era un poco talabarte en este sentido, pero era feliz. Entonces se podía entrar en el muelle y recuerdo ir andando al colegio. Recuerdo también lo que vivíamos en la calle pero, además, en la calle por toda la ciudad. Iba al cine Alfonso Molina, al Hércules, al cine Ciudad... Vivíamos por todas partes y la verdad es que muy bien y muy feliz. 

¿Y qué quería ser de mayor por entonces? 

No lo tenía muy claro, no tenía una vocación. Desde luego, nunca me imaginé que iba a ser deportista, que iba a ser baloncestista. Todo llegó un poco por casualidad. Fue coger un poco el rábano por las hojas y aprovechar la oportunidad. Mi familia era del Muro, que era el gran núcleo de trabajo de aquella Coruña de entonces, así que yo estaba abocado a acabar ahí de alguna manera. 

¿Pensaba que ese iba a ser su futuro? 

Sí, algo por ahí. Intentar acabar los estudios lo más alto posible y luego ya veríamos. 

Surge la oportunidad y se va con 14 años. ¿Cómo fue esa salida? 

Pues tan llena de ilusión como traumática. Yo era un chaval, además, muy pegado a la familia y costó salir. Sobre todo, ir a una ciudad como aquella porque Madrid estaba mucho más lejos de lo que está ahora. En distancia, porque eran ocho horas de tren, y como ciudad, porque era pasar de un pueblo grande a una macrociudad. Y, después, por la época. Fue un choque con una realidad completamente distinta. Llegué a Madrid en el 74; en 1975 pasó lo que pasó y luego vino la gran época convulsa de todos los cambios sociales. Y los viví porque, además, estaba en una pensión en la ciudad universitaria. 

Imagino que no habría una fiesta que se perdiera... 

No, no era tanto de fiestas, porque al estar metido dentro de un ambiente deportivo, te cortaba mucho, como movimientos sociales reivindicativos. Aquí estaba ajeno de todo. En primer lugar, porque era un niño y porque estaba muy metido en el núcleo familiar, era un poco cocón pero, de repente, llegabas allí y estabas inmerso en todo, en todos los cambios que había. 

¿Presume de su condición de coruñés cuando está fuera? 

Sí, claro. A mí lo que me encantaba era aquello que decían de “el jugador coruñés”. Hubo momentos en mi carrera que me agradaron muchísimo, como jugar un par de finales de Copa del Rey aquí, incluso ganar, y venir a jugar con la selección. Esto me encantaba. 

“Me encantaba aquello de ‘el jugador coruñés’ y momentos como jugar un par de finales de la Copa del Rey aquí, incluso ganar, y venir a jugar con la selección”

¿Y qué les decía a sus compañeros que no se podían perder? 

La verdad es que me cuesta decir una cosa, porque La Coruña, para mí, es una ciudad muy bonita de ver, porque es preciosa, pero es más bonita de vivir. Tiene un yo qué sé bastante importante. He traído compañeros a pasar unos días aquí y todos están deseando volver. Yo ahora estoy haciendo, por fin, una especie de operación retorno. 

¿Operación retorno? 

Lo he conseguido por una cosa importante. Yo me casé con una una chica de Madrid pero ha sido venir mi hijo aquí y empezar a gustarle Coruña muy, muy mucho. O sea, lo que no conseguí yo, lo consiguió mi hijo, ¿qué le vamos a hacer? (sonríe). Estamos viviendo ahora más aquí, porque el verano en Coruña... No ya solo por el clima, sino el ritmo y que es una ciudad que, contra todo pronóstico, sobre todo climatológico, vive en la calle y tiene muchísimas cosas que que me encantan. Me retrotrae a aquella época tan feliz. 

“Me casé con una chica de Madrid pero ha sido venir mi hijo para aquí y empezar a gustarle Coruña muy, muy mucho. Lo que no conseguí yo, lo ha conseguido mi hijo”

¿Por qué ha elegido La Solana para hacer la foto? 

Hombre, porque hago deporte aquí. Yo estoy condenado a estar sujeto a un gimnasio. No lo he elegido por ser un punto emblemático, sino más bien por comodidad. Y también porque me parece un centro increíble para hacer deporte, aunque hay otros muchos. Por ejemplo, el centro que tiene Manolo Planas allí por la Cubela. 

¿Qué otros rincones le gustan de su ciudad? 

Todos, todos. Un paseo por la Ciudad Vieja en La Coruña es increíble. Un mediodía en la calle de los Vinos no se lo puede perder nadie. El monte de Santa Margarita, metido en el medio de la ciudad, me parece una cosa loca. 

Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento de A Coruña te gustaría ir? 

Hombre, a ver. Al futuro, seguro que no. Indudablemente, iría al pasado, porque estaría con mis padres. No soy nostálgico, solamente me gustaría ir al pasado para saber qué fue de mucha gente: compañeros de colegio, que a veces me los encuentro en la playa, pero hay gente que recuerdo y que no sé qué es de ellos... Había un profesor, el Yayo, que me gustaría saber de él. Era el típico, ¿cómo te diría yo? Un hippy de la época, que nos hacía escuchar a los Beatles, a los Rolling... El profesor enrollado. Enrolladísimo. Y la verdad es que me gustaría saber cómo está ahora porque también era de una edad incierta. Porque era profesor, pero a lo mejor podía tener solamente diez o doce años más que nosotros. Y, sobre todo, me gustaría saber que está bien. 

Fernando Romay, durante la entrevista en La Solana
Fernando Romay haciendo ejercicio en La Solana
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