Juan de Dios Martín | “Ya tocaba de niño pero con 14 años me llegó el rock and roll y ya no me pude bajar”
El productor musical es un coruñés nacido en Madrid y criado en la plaza del Libro. Volvió a Madrid y se mudó a Los Ángeles, en donde llegó a optar a cuatro premios Grammy, antes de regresar

Juan de Dios Martín (Madrid, 1976) es un coruñés que, por azares del destino, nació en Madrid. Pero se confiesa “de la plaza del Libro”, donde pasó su infancia, aunque luego subiera a la Zapateira. Siempre tuvo muchas inquietudes, luego le diagnosticaron TDH y ya todo cobró sentido. Como músico, tocó con prácticamente todos los grupos que había en A Coruña desde los noventa. Luego se dedicó a la producción, primero desde Madrid y luego desde Los Ángeles, y llegó a estar nominado a cuatro Grammy. Ahora ha vuelto a casa, en donde intenta ayudar a quienes, como le pasó a él en su juventud, empiezan en el mundo de la música.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña?
Vine con seis años, por el trabajo de mi padre, que lo mandaban a un lado y al otro, y le tocó aquí. El día que llegamos o el siguiente, fuimos a comer a un sitio al lado de donde vivíamos, por la plaza del Libro, y me acuerdo del pan.
¿Del pan?
Sí, sí, me sorprendió. Era como intenso, muy rico... Fue como crear un monstruo (risas).
¿A dónde fue al colegio?
A los Escolapios.
¿Y qué tal estudiante era?
Lo llevaba bien, pero no era un gran estudiante. Iba sacando las cosas, pero vamos, porque tenía habilidad.
En aquella época, ¿qué quería ser de mayor?
La verdad es que nunca había tenido muy claro casi nada. Cuando, hace unos años, me dijeron que tenía TDH, pues ya lo entendí todo.
Pero imagino que la música era algo que ya le tiraba de niño...
Tocaba con cuatro o cinco años. Mi tío se había comprado un órgano y me encantaba ir a su casa. Luego vino la informática, luego la guitarra, luego vino el radioaficionado y, de repente, con 14 años, llegó el rock and roll y ya no me pude bajar.
“Vine con seis años, por el trabajo de mi padre; el día que llegamos o el siguiente fuimos a comer a un sitio por la plaza del Libro y recuerdo que me sorprendió el pan”
Pero no contaba con dedicarse a la música...
No, la verdad es que no. La música era tocar en casa y hacer proyectos con el Spectrum, hasta que descubrí, a través de mi vecino Santi Cañás –que tiene un año más que yo y empezaba a tocar por ahí– que se podía salir y tocar con otra gente.
¿En cuántos grupos ha tocado?
Grupos míos, en realidad, solo tuve una incursión, Cambio de Planes, que empezamos haciendo versiones de Los Secretos y luego hicimos temas propios, pero he tocado con todo el mundo. Como lo mío era el teclado, me apuntaba a un bombardeo. Tenía muchísima curiosidad por un montón de cosas y, al final, colaboraba con todos: bandas locales, Galicia, Madrid... Tendría que hacer una lista, porque no me voy a acordar de todos.
¿Y en qué momento se marcha a Madrid?
Me fui con esto de Cambio de Planes. Me salió ese verano una gira con Cristina Pato, que estaba también tu hermano con la guitarra [Marcos Vázquez], me lié la manta a la cabeza y me fui. Y luego tenía unas canciones y dije: “Pues voy a grabarlas”. Por tenerlas para mis colegas, pero me empecé a venir arriba y al final acabé grabando el disco entero y yendo a Abbey Road a masterizarlo. Más que nada, porque así tenía una excusa para que me dejaran entrar (risas). Empecé a hacer cosas con José María Rosillo y, cuando él se mudó de estudio, yo me quedé con el local y empecé a hacer cosas para otra gente. Eso fue como en 2006 y hay un momento en el que empecé a dedicarme más a lo de la producción y, de repente, como que cristalizó todo. Me fui retirando de los escenarios y al final me acabé dedicando a esto.
“Me apuntaba a un bombardeo y colaboraba con todos: bandas locales, Galicia, Madrid... Tendría que hacer una lista, porque no me voy a acordar de todos”
¿Cómo se produce el salto que daría después a Los Ángeles?
Estuve en Madrid once años y luego en Los Ángeles casi siete. Hice un disco de Barón Rojo y me lo mezcló Eddie Kramer, que es el ingeniero de Jimmi Hendrix, una de estás leyendas. Fui a Los Ángeles, empecé a entablar relación con gente de allí y, al final, pues me quedé, haciendo sobre todo cosas de música latina. Pasé el primer año de pandemia allí y, al final de 2020, vine a visitar a mis padres. Era una complicación volver por las restricciones y decidí quedarme en Coruña.
¿Qué tal la vuelta a casa?
Estoy haciendo un montón de cosas con chavales y artistas emergentes. Me quité un poco de la vida pública y de las redes sociales pero aquí en Coruña se vive fenomenal: estoy haciendo lo que me gusta, con aceleradoras de proyectos musicales con la Fundación Paideia. Estoy trabajando con gente con la que tengo confianza y me gusta esa cosa de poder ayudar a los que vienen, de pasar el testigo de alguna manera.
Recuerdo que de adolescente tenía fotos con todos los músicos que pisaban la ciudad. Dice que se ha quitado de las redes sociales pero ¿qué hubiera pasado si las hubiera habido entonces?
No tengo ni idea. Yo tenía 17 o 18 años y, cada vez que lo pienso, digo: “Es que yo toqué en el Noroeste con 16 años”. Lo de las fotos era para acercarte y tener contacto con esa estrella que tú admirabas. Luego en Los Ángeles me los encontraba y era como: “Ah, hola, vale”. Recuerdo estar en un garito en Los Ángeles. Fui a ver a Brian Auger y le conté que le había visto en Coruña en el 93, en el concierto de los Mil Años. Y el tío se acordaba y le empezó a contar a su amigo Keith Emerson sobre Coruña: “Es un sitio ahí en España y tal”. Una de estas cosas surrealistas. Cuando iba con Los Limones, recuerdo que nos decían: “¡Que vienen los gallegos!”. Tienes que salir de aquí para ver las cosas desde fuera y apreciarlas. Cuando vienen amigos de fuera, flipan con Coruña.
El Playa Club es un lugar emblemático para Juan de Dios Martín, que celebró aquí su mayoría de edad y fue donde empezaba a tocar: “En aquella época, acabábamos siempre aquí con toda la pandilla y en el camerino era el sitio donde ibas coincidiendo con tus ídolos; al final, todo confluye ahí”.
Si le pregunto cuál es su barrio, ¿qué diría?
La plaza del Libro, que es donde crecí. Después nos mudamos a la Zapateira, pero los años interesantes fueron ahí.
¿Por qué ha elegido este lugar para hacer la foto?
Lo del Playa es porque empecé ahí con amigos, algún concierto antes de que lo remodelaran... Llegué a celebrar mi 18 cumpleaños aquí con un concierto y en aquella época acabábamos siempre aquí con toda la pandilla. Y el camerino, que era uno de esos sitios en los que ibas coincidiendo con tus ídolos... Al final, todo confluye ahí.
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué momento iría?
Yo creo que iría hacia el futuro. Para ver qué me voy a perder. Tengo más curiosidad por lo que viene que por lo que ha venido porque ahora, con 50 años, pasas por los sitios de siempre, pero claro, ya no es el sitio de siempre, es otra cosa.
Preguntas cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
Del Timón. La verdad es que he ido a los dos, pero no sé, voy a decir El Timón.
¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñez?
Monte de San Pedro. Por la paz y la tranquilidad que hay allí. Es un poco más liberador. De hecho, los amigos que vienen los acabo llevando allí. Es el sitio desde donde se ve todo y, al mismo tiempo, permite tener esa sensación, cuando no hay mucha gente, de estar a tu bola contigo mismo.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
Es una buena pregunta... Ahora mismo es que no sabría decir. Estuve como 18 años fuera y llevo aquí casi seis pero tampoco llevo una gran vida social.
¿Bebe agua de Emalcsa o embotellada?
Agua del grifo. Al menos, a mí no me ha hecho daño... O, no sé, igual a lo mejor soy así por el agua, ¿sabes? (risas).
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Pues no voy a ninguna de las dos pero si tengo que elegir, diría el Orzán.
¿Suele moverse por la ciudad a pie o motorizado?
Me muevo poco. Como estoy ahora en la Zapateira, pues tengo que bajar en coche sí o sí. Lo que sí intento es dejarlo tirado donde puedo y claro, acostumbrado a las distancias de Los Ángeles, aquí puedes andar y ver gente.
¿Es de helados tradicionales como los de la Colón o sabores más nuevos como Bico de Xeado?
De la Colón. Y luego la otra era... La Italiana. Yo estoy con esto de probar cosas nuevas, que es algo que me llama más la atención. Pero vamos, es más por curiosidad. O sea que, si montan otra, voy a probar a ver qué es eso. No estoy atado a la que esté abierta.
¿Cuál es su sabor?
De vainilla, de chocolate... un clásico.
¿Es más de verbenas o de conciertos?
Soy de conciertos porque he estado de un lado y del otro y en las verbenas, pues no he estado tantas veces. Además, como me dedico a ello, probablemente no tenga el mismo significado que pueda tener para cualquier otra persona. Sobre todo, lo de los conciertos, verbenas y fiestas creo que tiene más que ver con la gente con la que vayas; no es tanto el concierto en sí, sino con quién compartirlo.
¿Carnaval o San Juan?
Creo que soy más de San Juan. Y no porque sea mi santo, porque tampoco soy una persona muy creyente. Me parece algo como más natural, si cabe. Sobre todo, por el día de ir a la playa, las terceras del Orzán y tal...
¿Dice más chorbo o dice más neno?
Cuando me sale la ‘coruñesidad’ suele ser una cosa de estar fuera por ahí... Tengo jornadas gloriosas históricas con Xoel. Yo le ponía a gente en Los Ángeles los vídeos de Perdomo y yo me reía muchísimo con el koruño pero me encantaba ver la cara de la gente, que no entendía nada, claro.


















