Alberto Vázquez | “Es muy satisfactorio poder trabajar y hacer películas desde Coruña con mucha gente que vive aquí”
Como muchos otros artistas, reside en Monte Alto, aunque en su caso es su casa desde niño. Sin salir del barrio, se ha convertido en una estrella de la animación y en el coruñés con más Goyas.

Alberto Vázquez (A Coruña, 1980) colecciona premios Goya como otros coleccionan cromos. Sus trabajos en el cine de animación le han valido ya cinco y todos ganados sin salir de su barrio natal, Monte Alto, a donde regresó tras vivir varios años en el Mediterráneo. “Este era un clima que me molestaba bastante y ahora ya no tanto, me he ido adaptando –explica–; aquí el invierno puede ser un poco largo y la gente de fuera se vuelve loca pero en verano podemos salir de casa y hay una cosa que yo valoro mucho: poder tener naturaleza dentro de la ciudad”.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de A Coruña?
El campo de fútbol de la Torre. Ahora han arreglado todos los caminos, pero antes era un descampado gigante con adormideras. Y también la playa de San Amaro, que venía ya muy pequeño con mi abuela.
Entiendo que por eso ha elegido este lugar para hacer la foto...
Sí, antes era muy diferente: no había gradas, era todo rocas... Recuerdo andar jugando, cogiendo peces, lorchos o lo que sea. Es el recuerdo que tengo del barrio, que es donde me crié.
Y donde sigue viviendo hoy.
Sí, estuve fuera muchos años, en Barcelona y Valencia, pero al final he vuelto. Desde hace catorce años vivo y trabajo aquí y hago películas aquí, en Coruña. No quiero irme a Madrid, ni a Barcelona, ni a París, ni a Luxemburgo, que es donde se suelen hacer las películas.
Iba a preguntarle si cree que hubiera tenido más éxito viviendo fuera, pero con cinco Goyas en la cartera, no le ha ido tan mal.
En Galicia tenemos nuestra propia cultura, idioma, una televisión, ayudas al cine –no muchas, pero algo hay– y, a lo mejor si estás en Extremadura lo tienes peor. Barcelona te da otras cosas, pero ya viví unos años ahí.
¿Qué le aporta vivir aquí que no le aportaba vivir allí?
La calidad de vida. Barcelona estuvo bien, pero ahí sales a la calle y ya te sangran, a pagar por todo. Y tener mar por todos lados, que para mí es fundamental porque hago surf; la apertura que tiene... Quiero decir, vas por el Paseo Marítimo, y solo ves el horizonte. Eso refresca mucho a nivel visual, la ciudad respira.
“La inteligencia artificial nos deja a todos a la espera de qué va a pasar con esta industria y cómo nos va a afectar. Es buen momento para parar y reflexionar”
¿Qué tiene Monte Alto que están aquí todos los artistas?
Bueno, yo es que soy de aquí. De hecho, vivo en la casa de cuando era pequeño. Lo que tiene es que estás muy cerca del centro y, al mismo tiempo, es un barrio, tienes mar y un entorno de naturaleza, varias playas, toda la zona de la Torre para pasear, el Paseo Marítimo y la calle de la Torre, donde hay mucho comercio...
Pero, ¿por qué tantos artistas?
Yo creo que es una zona donde a mucha gente, no solo a los artistas, le gustaría vivir porque está bien situada, nada más.
Volvamos a su historia. ¿A dónde fue al colegio?
A Salesianos.
¿Qué recuerda de esa época?
Recuerdo querer acabar cuanto antes el instituto y con eso de tener que ir a clase. No me gusta estudiar especialmente. Tampoco repetí ni suspendía mucho, pero no era un gran estudiante.
¿Y qué decía entonces que quería ser de mayor?
No tenía nada claro, lo típico que dicen los niños, tipo veterinario, pero realmente tardé mucho en saber a qué me iba a dedicar. No era un niño que dibujase, ni que lo hiciese especialmente bien...
¿Y qué pasó?
Cuando ya tenía 16 o 17, tenía la asignatura de Historia del Arte. Y esa sí que me gustaba. Dudaba si estudiar Historia del Arte o Bellas Artes. Al final, hice un año de Artes y Oficios aquí, en la Pablo Picasso, para probar y sí que me gustó. Luego ya entré en Bellas Artes, estuve en Pontevedra y acabé en Valencia.
Los campos de la Torre o la playa de San Amaro están entre sus primeros recuerdos de la ciudad: “San Amaro antes era muy diferente: no había gradas, era todo rocas... Recuerdo andar jugando, cogiendo peces, lorchos o lo que sea. Es el recuerdo que tengo del barrio, que es donde me crié”.
¿Y en qué momento llega la conexión con el cine?
En Bellas Artes me enfoqué mucho en la ilustración de cómic, porque lo que me gustaba era poder contar historias. Y el cómic es papel y tinta, un medio muy económico para contar una historia. Hice muchos cómics, trabajé de ilustrador, hice un montón de libros y hace 15 o 16 años, hubo un productor que leyó un trabajo mío y dijo: “Oye, con esto podíamos hacer una película”. El cómic era ‘Psiconauta’, que dibujé cuando tenía 23 años. Primero hicimos un corto, después otro y luego la primera película. Esa llamó a otra, luego a otra y fue un poco casualidad. Ahí empecé y llevo 15 o 16 años con esto.
Y con gran éxito.
Sí, bueno... Habría que definir qué es éxito, ¿no?
Que casi cada proyecto que ha hecho tenga un premio...
Eso está muy bien y es muy satisfactorio, pero lo interesante es que he podido hacer siempre lo que he querido. Las pelis que hago no son comerciales, pero luego tienen su público y han salido en muchos cines en Estados Unidos, en Francia, en Japón... Es muy satisfactorio poder hacer esto trabajando desde Coruña –la primera película la hicimos en Pocomaco–, con mucha gente que vive también en Coruña, muchos ilustradores, dibujantes y amigos...
Después del último Goya, explicó que estaba un poco saturado. ¿Sigue con esa intención de descansar o está ya buscando un lío nuevo en el que meterse?
No, no, la cosa sigue adelante en no hacer más películas. Llevo bastantes meses sin trabajar en ningún proyecto, solo cosas muy puntuales, como el cartel para San Juan, ahora tengo que hacer otro cartel para el Hematofesti, en Vigo, en honor al Hematocrítico... Hago cosas, pero proyectos de películas de cinco años me lo tengo que pensar. La introducción de la inteligencia artificial nos deja a todos un poco a la espera de qué va a pasar con esta industria y cómo nos va a afectar. Es un buen momento para parar y reflexionar.
Cuando habla de su ciudad, ¿de qué cosas presume?
Un buen producto para comer, una buena calidad de vida, acceso a la naturaleza y luego tenemos nuestras cosillas culturales, ¿no? Podría ser una ciudad mucho más cultural pero hay tres festivales de animación; solo hay tres en Galicia y los tres están aquí. O el S8, o el Resis o la Filmoteca, que tiene una programación brutal.
¿Cómo ve la evolución de la ciudad en los últimos años?
La ciudad ha evolucionado en muchas cosas: mucha obra, mucha zona peatonal, el carril bici... Y luego tiene la cara mala de la europeización. Cada vez llega más turismo, con todo lo que eso conlleva, un poco de gentrificación. Cada vez está más complicada la vivienda, aunque se han hecho cosas interesantes, como la zona tensionada. Recuerdo cuando hicimos la primera película, que venían mis amigos de Barcelona y Valencia y flipaban porque tenían un piso por 350 euros. Pero bueno, es muy difícil de controlar eso también.
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a dónde le gustaría ir?
Al año 2000. La ciudad era barata, había un internet que todavía era amable: podías mirar tu mail, y descargar alguna cosa pero aún no había redes sociales. Y para mí era una época muy buena, igual porque coincide con mis 21 años (sonríe).
Preguntas cascarilleiras
¿Churros de Bonilla o churros del Timón?
¿Tengo que elegir uno de los dos? Es que no me gustan mucho los churros... Voy a decir El Timón, aunque no los he probado porque en Bonilla, cuando era pequeño, celebramos un cumpleaños y cogí un empacho. Y desde esa le tengo manía al chocolate y a los churros (risas).
¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñez?
Monte San Pedro, porque es más naturaleza, es más amplio. Méndez Núñez está bien, pero son los típicos jardines de mírame y no me toques.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
En la calle de la Estrella hay algunos restaurantes donde suelo ir: Lois, O Cunqueiro, El de Tomás, A Mundiña... Había uno que hacía esquina de toda la vida, que se llama Anduriña, que ya no existe. Todos esos sitios están guay, se come bien. En la calle de la Barrera también se come bien, pero es más de tapas.
¿Bebe agua de Emalcsa, o agua embotellada?
De Emalcsa. No tengo nada en contra del agua embotellada, tuve que beberla muchos años en Barcelona y en Valencia, que no se podía beber el agua del grifo. Pero es más de plástico que generamos y aquí realmente no es necesario.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Yo voy a decir Matadero. Le tengo más cariño, es más recogida, el agua está como más verdosa... Me parece más chula.
¿Se mueve a pie por la ciudad o va motorizado?
Intento ir a pie o utilizo BiciCoruña. Me parece que ha sido un gran avance lo de las bicis y las eléctricas, más, la verdad. Tengo coche, pero lo utilizo dos días al mes para salir fuera de Coruña.
¿Es tradicional como los helados de la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
Yo prefiero los de la Colón, aunque los otros están muy bien también.
¿Y cuál es su sabor?
Muy clásico, fresa y pistacho, por ejemplo.
¿Es más de una verbena o de un concierto?
De concierto. El tipo de música que a mí me gusta tampoco es que sea el más popular, pero hay un sitio que se llama Acéfala, donde está el mercado de Monte Alto, donde hacen conciertos para 30 o 40 personas y ahí he visto grandísimos conciertos, como el de un grupo asiático que se llama Kuntari, otro de Francia que se llama Parasite Jazz... Me parece uno de los pocos reductos verdaderamente culturales que hay en Coruña.
¿Carnaval o San Juan?
San Juan, me parece la fiesta por excelencia de Coruña. El carnaval también tiene mucha identidad, pero es más genérico de España. En cambio, San Juan creo que es en Alicante y Coruña los dos sitios donde más se vive. Y aquí es una locura.
¿Dice más chorbo o dice más neno?
No digo ninguna de las dos cosas. Ni de chaval lo decía. No, no, ahí no me encontrarás (risas).

















