La influencia del filme ‘Metrópolis’ en la arquitectura de A Coruña
La huella del expresionismo alemán se aprecia en las dos principales joyas de esta corriente en la ciudad: el edificio de Zara en Juan Flórez y la esquina de esta calle con Francisco Mariño

Faltan dos años para que se cumpla el centenario del estreno en A Coruña, el lunes 23 de enero de 1928 en el teatro Rosalía de Castro, de la película muda alemana ‘Metrópolis’, dirigida por Fritz Lang y producida por los estudios UFA. Tras la Primera Guerra Mundial, Alemania, sumida en una profunda depresión, recurrió al cine fantástico y de terror en el marco de una escenografía propia de las artes plásticas expresionistas. El arquitecto Hermann Warm fue el diseñador en 1920 del estudio acristalado donde se rodó ‘El gabinete del doctor Caligari’, así como de la variada escenografía deforme y distorsionada para la visión fantasmagórica del tema, sobre el sonambulismo y el dominio del hombre.
En esta corriente del arte hay que incluir el filme ‘Metrópolis’ de Fritz Lang, filmado en Berlín en 1927, con un argumento en el que se recurre nuevamente a la creación de vida humana, aunque en esta ocasión en un mundo futuro y mediante la electricidad. El especialista más destacado en el rodaje de ‘Metrópolis’ fue el arquitecto alemán Otto Hunte, creador de sus memorables espacios y arquitecturas expresionistas, obras maestras de la escenografía cinematográfica. Como director artístico, Hunte utilizó decorados pintados, construcciones de gran tamaño y maquetas de los edificios, usando el sistema Schufftan, para mezclar imágenes reales y maquetas proyectadas en espejos.
Fritz Lang, que perdió un ojo durante la Primera Guerra Mundial, conoció a otro soldado alemán del frente ruso coincidiendo en el barco durante un viaje a EEUU en 1924, el arquitecto Erich Mendelsohn, quien durante su estancia en las trincheras había realizado imaginarios edificios fantásticos de perfiles redondeados y aerodinámicos, simulaciones de un mundo y una ciudad sumidos en la velocidad, dibujos que generaron la corriente expresionista del Movimiento Moderno.
Más de 70 edificios herederos de esta corriente de los años 20 y 30 cambiaron la tradicional imagen de la urbe y sus galerías por otra más moderna
La estancia de Lang y Mendelsohn en América se vio correspondida con el estreno unos años después de ‘Metrópolis’ y la publicación simultánea del libro de Erick ‘Amerika: Bilderbuch eines Architekten’ (‘América: El libro ilustrado de un arquitecto’). El impacto visual de los rascacielos americanos inspiró en paralelo las dos visiones de la ciudad moderna, la futurista de Lang y la expresionista de Erich, con imágenes de dramáticos contrapicados de los altos edificios neoyorquinos, que tanto influyeron en la vanguardia moderna. Lang utilizó esa misma verticalidad para escenificar una distopía alienante en su filme.
El primero de la ciudad
El primer edificio de la corriente expresionista en A Coruña se construyó en 1930 en la calle San Andrés 151, por el estudio de arquitectura de Pedro Mariño, al que se había incorporado el joven Santiago Rey Pedreira, autor real del proyecto y que se había formado en el Madrid moderno bajo la inspiración de arquitectos como Luis Gutiérrez Soto, el Mendelsohn español. El edificio de San Andrés acababa con la decoración tradicional, proyectando dinámicos salientes redondeados hacia el exterior.
Sin haber estudiado la arquitectura de las vanguardias en la Universidad, Antonio Tenreiro y Pelegrín Estellés transformaron sus diseños evolucionando desde el Art Déco de los años veinte al racionalismo a partir de 1931, en edificios de sorprendente modernidad expresionista, como el inmueble aerodinámico de la plaza de Cuatro Caminos en Alcalde Marchesi, 2.

Pero las dos joyas expresionistas coruñesas pertenecen al que fue arquitecto municipal de A Coruña Antonio Vicens Molt: una de 1945, en la entrada de Juan Flórez esquina a Francisco Mariño, una autentica máquina aerodinámica que copia la solución del Cine Capitol en la Gran Vía madrileña; y el edificio Zara, en Juan Flórez 64, del año 1946, seleccionado, por su excepcional aspecto aerodinámico, entre los mejores edificios modernos españoles por el Docomomo Iberico (Fundación para la documentación y conservación del Movimiento Moderno).
Más de 70 edificios expresionistas, herederos de las fantasías alemanas de los años veinte y treinta, publicados recientemente por el Instituto José Cornide (‘A Coruña Expresionista: 1940-1965’), se construyeron unas décadas después en la ciudad, cambiando la imagen tradicional de galerías por otra más dinámica, de calles más amplias y encuentros de manzanas redondeados adaptados a la circulación de los automóviles, cuando estos eran una ilusión y no un problema.












