Una empresa de desokupación cierra un punto negro de tráfico de drogas en la avenida de Os Mallos
La actuación privada provocó que en unas horas evacuaran el piso más de diez toxicómanos

El barrio de Os Mallos es escenario frecuente de sucesos relacionados con el mundo de la droga, como los pequeños robos en vehículos estacionados. Este fenómeno se achaca a puntos de venta de estupefacientes, a veces en inmuebles okupados. La Policía los conoce, los vigila y, a veces, interviene para cerrarlos, pero en esta ocasión ha sido una empresa especializada, Desocupa24horas, quien solucionó el problema el lunes. “Lo hemos conseguido en cuatro horas”, señala el gerente, Francisco Fernández.
La comunidad del número 75 de la avenida de Os Mallos llevaba mucho tiempo soportando las incomodidades generadas por la entrada y salida de toxicómanos a todas horas, y su comportamiento poco cívico, que incluía defecar en las zonas comunes, las continuas peleas entre ellos y los pequeños robos y amenazas.
Aunque los afectados llamaban a la Policía, esta poco podía hacer para detener a gente que no estaba cometiendo ningún delito, más allá de cacheos e identificaciones, hasta que la situación se ha resuelto de forma tan imprevista como rápida. El propio Fernández explica que la situación llevaba meses estancada: “Resulta que nuestro cliente lleva con el problema un año. En un principio el dueño tenía alquilado el domicilio a unos jóvenes. Cuando les venció el contrato dejaron de pagar y comenzaron a alquilar las habitaciones”.
Cuando les llegó la orden de desalojo del juzgado decidieron marcharse, pero no sin vender las llaves a terceros. Eran estos los que se dedicaban a vender droga. Heroína, según el gerente de Desocupa24horas.
Control de accesos
Aseguran que el desalojo se consiguió de forma tan rápida simplemente mediante la persuasión. Empleados de Fernández acudieron al lugar e informaron de que habían sido contratados por la propiedad, y les advirtieron de que la situación había cambiado: les mostraron las pruebas que habían acumulado en unas horas de trabajo y les advirtieron de que acudirían no solo a la Policía, sino también a la prensa.
Además, contaban con el permiso de la comunidad para un control de accesos. Una vez montado, nadie podría entrar. El resultado fue que decidieron marcharse sin presentar resistencia. “Había once toxicómanos allí dentro. Todos se marcharon, menos una que se quedó durmiendo en la calle”, comenta el gerente, que se felicita de lo rápido que ha sido todo el proceso.
Una vez con las llaves en la mano, llegó el momento de inspeccionar el domicilio, que mostraba la combinación de abandono, suciedad y basura que cabía esperar de un lugar okupado por drogadictos que hacían de este un punto muy activo. “En solo diez minutos, vinieron por aquí quince”, comentó el gerente.













