Valentina se destapa en Riazor
Una ráfaga de viento destapó la estatua con la que el Ayuntamiento rinde homenaje a los jubilados se bañan en Riazor todo el año
Todos estaban impacientes por descubrir la nueva estatua que, desde ayer, adorna Riazor, pero nadie tanto como el nordés, que se atrevió a interrumpir el discurso de la alcaldesa, Inés Rey, para retirar con una ráfaga la lona que cubría a ‘Valentina’, una figura en bronce que representa a una mujer a punto de zambullirse, y que homenajea a los Golfiños de Riazor, ese grupo de jubilados que, ya sea en invierno o en verano, se bañan en el Atlántico. Desde luego, merecen un trofeo, aunque sea de bronce.
Lo primero que hizo la alcaldesa en su discurso fue nombrarlos, uno por uno: “Marisol, Kathy, Mariluz, Manolo, Alfredo, Ivonett, María la asturiana, María la andaluza, Esther, Marga, Mercedes, Ana, José I y José II, Toni, Francisco, Josefa, Lourdes, Mila, Ana, Conchi, Antonio, Carmen y Puri”. Muchos nombres, pero ninguna Valentina, porque la figura está destinada a representarles a todos.
Cuando el viento hizo de las suyas, Rey estaba asegurando que aquella nueva pieza de patrimonio público era algo más que una escultura: se trataba de un reconocimiento a la constancia, a la amistad y al amor por el mar. El autor de la escultura, Miguel Couto, que estaba presente, comentó que se le había ocurrido la idea de la estatua un día desapacible, cuando había visto a los Golfiños en el mar. “Me di cuenta de que no era normal, y me pregunté qué movía a aquellas personas mayores a meterse en el agua a esas temperaturas”.
La conclusión que sacó Couto fue que “los Golfiños nos enseñan a amar la vida con un gesto muy sencillo y cotidiano pero extraordinario”. También es un homenaje a la gente mayor. “Son como un puerto seguro, cuidan de los hijos y después de los nietos”, explicó. Decidió, tras varias pruebas, que ‘Valentina’ adoptara una postura de estiramiento y de celebración. “Es un estiramiento imperfecto, pero es perfecto en su pasión y su intención”, continuó, dirigiéndose a los mayores que le escuchaban. El escultor ha firmado ya 45 monumentos, de los que cuatro se encuentran en la ciudad: el perro de la plaza de Lugo, la sardina de la plaza de España, la pieza de Tabacalera y desde ayer ‘Valentina’.
Sin embargo, esta quizá se trate de su obra más polémica, porque no fue del agrado de todos los homenajeados. El más veterano de los golfiños, un nonagenario que se sostenía con un bastón, comentaba que le habría venido bien a la estatua un delfín a sus pies. “Esperábamos un golfiño”, explicaba una señora. “O una persona con cara de golfiño”, comentaba otra. Como consuelo, el atento escultor les regaló nada menos que una pequeña réplica, también en bronce, para todos los que figuraban en la lista. En la placa del monumento se lee: “En homenaxe ás persoas que, con valentía e alegría, se adentran no mar cada día do ano. En recoñecemento ao su espírito incansable”. O, como dicen ellos: “En invierno y en verano, los golfiños se dan un baño”.
LAS ESCULTURAS DEL PASEO MARÍTIMO
‘Valentina’ no es, ni mucho menos, la primera de las esculturas que adornan el litoral coruñés. Sin contar el parque escultórico de la Torre de Hércules, el Paseo Marítimo alberga docenas de esculturas de importantes artistas que enriquecen el recorrido. Algunas se han convertido en atracciones turísticas por derecho propio e hitos importantes donde se reúnen los coruñeses, como la Fuente de los Surfistas, el monumento a los Héroes del Orzán o la Sirena del Matadero. Pero son muy pocos los que podrían enumerarlas todas.





