El pequeño paraíso del Mundial en el que el Dépor ejerce de gran embajador
Una familia coruñesa lleva casi dos años viviendo en Curazao, el país que conquistó el corazón de los aficionados, y los no tan futboleros, durante sus tres encuentros en la Copa del Mundo

Más allá de lo que dejan el pasto y la bola, que dirían los argentinos, el Mundial tiene un componente social que lo sitúa como el evento más importante del planeta, tanto en cuanto a seguimiento como a repercusión. Sin embargo, son las pequeñas historias lo que lo hacen grande, y son las aparentemente menores conquistas de los más modestos las que se recuerdan y emocionan. Y en capítulo hay dos grandes triunfadores: Cabo Verde y Curazao, quienes ya hicieron historia solo con llegar, pero que además paralizaron sus países primero y los llenaron de felicidad y orgullo después con sus hazañas.
Si Cabo Verde goza de un pequeño grupo de aficionados en A Coruña, y uno mucho más grande en Burela, a la hora de ‘bucear’ entre los incondicionales de Curazao también se escucha acento coruñés. Concretamente el de Raquel Martínez y Adrián Costa, además de sus hijos Daniela y Max. En honor a la verdad hay que decir que el de la mamá de la familia es acento cambrés, aunque al otro lado del charco los matices se pierden un poco más. “Aquí la calidad de vida es increíble, y ahora mismo creo que no nos vemos viviendo en otro lado, pero sí que echamos de menos a la familia, los amigos y, sobre todo, la comida”, indica Raquel.
El viaje
No es que Raquel y Adrián tiraran un dado sobre un mapamundi y cayera en Curazao. La historia es propia del comienzo de una de esas series rodadas en islas paradisíacas. “A Adrián le surgió una oportunidad de trabajo en agosto de 2024, entonces de un mes para otro cambiamos de vida de forma radical”, confiesa ella. El trabajo en cuestión es en Kustwatch, en los guardacostas de Curazao, en un helicóptero de salvamento.
De hecho, a su niña de 3 años se le unió hace 8 meses un hermanito cien por cien caribeño de nacimiento y que tendrá el curioso papiamento como una de sus lenguas. Pero la historia da todavía más envidia cuando se les pregunta por el día a día. “La suerte es que aquí los 365 días del año hace buen tiempo, para aprovechar para ir a la playa o a la piscina”, recuerda Raquel.
Como el Dépor
En la segunda jornada del Mundial, se convirtió en viral la imagen de los monarcas neerlandeses Guillermo y Máxima, celebrando en el vestuario de Curazao el punto logrado frente a Ecuador. Para el país más pequeño en llegar jamás a una cita mundialista era una jornada para la historia. “Para la gente, se trata de situar a Curazao en el mapa, y que no siempre vaya relacionado con los Países Bajos, sino como algo propio; literalmente se vivió cada partido y cada jugada como la celebración del ascenso del Dépor, algo tan intenso que el propio día y el siguiente se paralizó la isla. Todo se contagia, y nosotros mismos lo celebramos como si fuéramos de aquí”, explica la cambresa.
Es una de las muchas ocasiones en las que Raquel y su familia han recurrido al Dépor para hacerse entender o explicarse. Tienen claro que es el gran embajador de A Coruña, y también su patrimonio social más extendido. “No mucha gente conoce A Coruña, pero sí que para explicar de dónde somos recurrimos al Dépor, y ahí mucha gente ya se da cuenta”, reconoce. “El día del ascenso contra el Valladolid fuimos a dar un paseo y, lo primero que vimos, fue un señor con la camiseta del Dépor de la temporada 2024-2025”, agrega.
Hubo otra ocasión más en las que Curazao y A Coruña estuvieron más cerca que nunca. “A principios de mayo hubo un festival de barcos escuela, al que vino el Juan Sebastián Elcano. Se podía visitar, y Adrián fue a preguntar a uno de los tripulantes si alguien le podía dar una Estrella Galicia, que aquí no hay”, recuerda. Y es que, por mucho Caribe y mucho clima paradisíaco, hay cosas que no se pueden olvidar.
Seguro que la banda sonora en este caso podría ser ‘Demasiado Curazao’, en homenaje a la canción de Willy Deville, un clásico que cantaron muchos de los aficionados caribeños desplazados hasta Estados Unidos durante un Mundial que se estudiará durante muchos años en los libros de historia del país, y también entre los llamados ‘panenkitas’ (o frikis de la historia del fútbol) del futuro.












