
"En ninguna parte del mundo se baila más que en Galicia y en ninguna de Galicia tanto como en La Coruña, donde entre dos espectáculos, instintivamente se preferirá siempre el baile". Es la descripción que hace la guía turística 'La Coruña, ciudad de verano' de como era el ambiente en la urbe en 1926, exactamente hace 100 años. La publicación, editada por la Sociedad de Fomento de Turismo de la época permite hacerse una idea perfecta de cómo era entonces la ciudad herculina y lo que ha cambiado (o no).
Una de esas cosas que no se han modificado es el acento, el soniquete típicamente coruñés que incluso ha dado lugar a la creación de un idioma propio como el koruño. "Con el inimitable acento de aquí, las voces de las venderas de hortalizas cantan en esta mañana de gloria de un sábado que 'lles acaban os pepinos, os chícharos, as judías, os pimentos e os tomates', y cada nombre prende un color en el oído, uno sonido en el olfato y un rumor en el paladar", explica la publicación.

Ya no quedan esos mercados al aire libre y frutas y verduras esperan ahora tras los muros de los mercados, como el de la plaza de Lugo, San Agustín o Elviña.
Tampoco se ven los organillos de los que habla la guía, sustituidos ahora, en el mejor de los casos, por músicos callejeros tocando la guitarra o el violín, y, en el peor, por los altavoces a todo volumen que llevan muchos jóvenes con las canciones del momento atronando el ambiente: "Un organillo toca sin descanso sus fados y sus muiñeiras, como si no hubiera cesado desde la última verbena y dentro de la ciudad de cristal, toda ella como una gran campana, los repiques parroquiales anuncian la víspera dominical".

La guía de 1926 también ofrece una poética descripción de los atuendos típicos de los jóvenes de la época, lejos de tendencias como vaqueros, skinny fit, tote bags, slip dress, los cargos o las gorras. "Él lleva alpargatas y boina, ella zuecas y vistoso pañuelo en la cabeza, y los ojos de ambos son igualmente inquietantes porque tienen el mismo color de aguamar y su voz suena tan arrulladora casi porque hablan los dos gallego", escribe la Sociedad de Fomento del Turismo.
Otras dos de las cosas en las que poco ha cambiado A Coruña es en dos de sus grandes atractivos turísticos, la Torre de Hércules y la zona portuaria. "Todo el puerto es un jardín y todo el jardín es un parque", explica el texto en referencia a la extensión de la dársena hacia los jardines de Méndez Núñez para cerrar su descripción de una ciudad que en cien años ha ido mutando, pero en la que el espíritu permanece inalterable.












