Un espejismo de la urbe y sus éxitos deportivos se queman en Riazor para abrazar el verano
La falla de este año representó lugares como María Pita o la Torre y conmemoró a los equipos de la ciudad

A Coruña ardió anoche hasta sus cimientos para abrazar, con el calor del fuego, un verano que sin duda sus habitantes están ya deseosos por vivir. No se quemó la ciudad entera, claro, pero sí un espejismo en forma de una falla de San Juan que, en este 2026, ha representado tanto elementos icónicos de la urbe como de los múltiples éxitos alcanzados por sus equipos deportivos. Las galerías de La Marina, el Millenium, el palacio municipal de María Pita o la Torre de Hércules formaron, junto a una pieza central que recordaba que A Coruña será uno de los lugares más privilegiados para vivir el eclipse total del 12 de agosto –y a varios pequeños cohetes con los colores de los ascendidos Básquet Coruña, Maristas, Victoria, Dépor y Liceo, un pastiche que ardió ante la atenta mirada de miles de coruñeses. La alcaldesa llevaba una camiseta del Liceo, como muestra de apoyo tras perder la liba al caer derrotado en los penaltis ante el Igualada, casi enfrente mismo de la falla
Poco después, el tradicional espectáculo pirotécnico. Eso sí, más reducido de lo habitual. Los fuegos artificiales se limitaron ayer a una traca de apenas dos minutos. La decisión supuso un cambio respecto a otras ediciones y deja a la Batalla Naval como la gran cita pirotécnica del verano coruñés. Quienes deseen disfrutar de una amplia sesión de fuegos artificiales tendrán que esperar a este evento, que volverá a iluminar la bahía con uno de los espectáculos más esperados.
Desde el Ayuntamiento defienden que la esencia de la celebración debe mantenerse en sus tradiciones. “San Juan es hogueras en la playa y en la calle. Y así debería seguir. No es un festival”, señalan fuentes municipales. La reducción fue recibida con satisfacción por muchos propietarios de mascotas y colectivos de protección animal. El ruido de los fuegos artificiales suele provocar episodios de estrés, miedo y desorientación en animales, por lo que limitar la pirotecnia contribuyó a reducir el impacto de la celebración sobre ellos. Para numerosas familias, esta medida permitió vivir la noche con mayor tranquilidad. Que no menor euforia: y es que San Juan, como todos los años, fue toda una bacanal de fuego y alegría para dar la bienvenida como merece al verano.















