El grupo de viviendas del Carmen es el último que guarda su carácter social
El Ayuntamiento reformará 40 de los pisos para poder entregarlos a los solicitantes que figuran en el IGVS

La vivienda social no es una demanda nueva. Por toda la geografía coruñesa se encuentran estos grupos de casas que testimonian este esfuerzo: del Carmen, Pardo Santallana, María Pita, Sagrada Familia, Juan Canalejo, Claudio Sanmartin, Marineros, Santa Cristina, Santa Bárbara... pero todos ellos hace mucho tiempo que perdieron la condición de protegidos. De las antiguas, tan solo subsiste el grupo de viviendas del Carmen como protegida y de propiedad municipal. El Ayuntamiento asegura que la Empresa Municipal de Vivienda (Emvsa) sacará una convocatoria para unas 40 de sus 271 viviendas entre el listado de demandantes.

Como se construyeron en los 60, primero será necesario reformarlas, lo que puede llevar unos meses, antes de que vuelvan a cumplir esta función. El resto de los grupos subsisten, pero como casas libres. Algunas de ellas, las más periféricas, siguen siendo humildes, mientras que otras, las unifamiliares que han sido absorbidas por el crecimiento de la ciudad, se han convertido en artículos de lujo. Un ejemplo de ello son las más antiguas de todas, las del Campo de Artillería que Juan de Ciórraga diseñó en el año 1892.

En los años veinte, una cooperativa de trabajadores construyó las casas de Campo de Marte; en los años 50, el Grupo de viviendas María Pita (y del Carmen); en los 60, el Barrio de las Flores. Las primeras fueron obras públicas, pero en los años 70 cundió la fórmula de la cooperativa, que permitió crear barrios enteros, como la I y II Fase de Elviña. Vivienda social en su sentido más amplio, la construcción promovida y financiada con ayuda de la Administración, primero a través de la Obra Sindical del Hogar y luego, del Instituto Nacional de Vivienda, que supone casi el 40% del total de la ciudad.

En aquella época se denominaban ‘casas baratas’, pero la opinión generalizada en la comunidad de arquitectos es que su calidad era buena. Quizá un promotor en Juan Flórez trabajaba con mejores calidades que en el grupo de viviendas María Pita pero no hay que perder de vista que muchos de estos grupos presentaban diseños punteros, porque el proyecto estaba firmado por arquitectos de prestigio. El paradigma, por supuesto, es el Barrio de las Flores, con la unidad vecinal en la que José Antonio Corrales ensayó nuevas formas con pasillos elevados o ascensores.

Aunque ahora sean viviendas libres, las del Barrio de las Flores, como otros muchos grupos, conservan el aire de unidad que tan difícil es de encontrar en otras partes de la ciudad. No dejaban de ser pequeñas comunidades cerradas en sí mismas y cuando se construyeron no tenían nada alrededor. Es el caso del grupo de Pardo Santalla, más conocido como Corea, que apareció mucho antes que Los Rosales. Esa sensación de comunidad quedó patente hace un par de años cuando el vecindario de las Casas de Franco (también conocido como Katanga) se sublevó contra las obras que el Ayuntamiento realizaba en la acera de la ronda de Outeiro.
Estándares exigentes
Con los actuales estándares, no hay diferencia en cuanto a calidad entre la vivienda pública y la libre, sobre todo porque, para obtener subvenciones de Europa, hay que cumplir unas exigencias de eficiencia energética muy altas, sin contar el diseño y la calidad de los espacios. Estos requisitos pueden suponer un obstáculo si la Administración carece de músculo.
En el caso de A Coruña, el Ayuntamiento está construyendo en Xuxán su primera vivienda social en mucho tiempo, como recuerda la alcaldesa, Inés Rey. La casa es fruto de un acuerdo al que se llegó con el demandante en el conflicto judicial del edificio Conde de Fenosa en 2019. Hace un año, Rey dijo que en 2028 se habrán entregado 695 viviendas sociales al tiempo que recordó que las competencias las tiene la Xunta, a la que acusa de apenas haber construido durante los últimos años.
En 1920, el texto constitutivo de la Sociedad Cooperativa de Casas Baratas señalaba “el pavoroso problema de la casa, generalizado, al parecer, en toda España, pero terriblemente insoluble en La Coruña (...) por la desproporcionada suba de los solares, por la carestía de primeras materias, por las naturales exigencias que a los obreros impone la necesidad de vivir, por la falta de altruismo acaso, o quizá por la innata apatía y carencia de acción necesaria para cometer estas empresas, en La Coruña no se eleva, desde hace muchos años, un solo edificio que para vivienda modesta pueda ser destinado”. Algunas cosas no cambian.












