Cientos de personas celebran en A Coruña una ‘liturgia’ para acompañar a Leo Messi a otra de sus citas con la historia

Cientos de camaradas argentinos se reunieron esta tarde en A Coruña para celebrar su fútbol y más en concreto a su más querido astro, Lionel Messi, que poco antes del término de la primera parte del duelo ante Austria pudo superar la marca de Miroslav Klose para convertirse en el máximo goleador histórico de los mundiales. Un estallido de júbilo y vítores por la eterna pulga atómica, motor de la albiceleste, resonó así en La Mila, restaurante de la avenida de Oza, en cuanto marcó su primer gol hoy el jugador del Miami FC, haciendo enloquecer a un local que congregó a los hijos del Río de la Plata para disfrutar de una jornada en la que, además de fútbol, hubo churrascada –o ‘asadito’–, premios y mucho más.
Precisamente la jornada coincide con una bella efeméride para los seguidores de la albiceleste: el día del futbolista argentino. Tal día como hoy hace cuarenta años, y para desgracia de los ingleses, Diego Armando Maradona llevaba a cabo una de las actuaciones individuales más memorables del balompié, anotando dos goles no menos icónicos: la ‘mano de dios’ –que Sorrentino no dudaría en llevar a película– y su famosa cabalgada desde campo propio regateando a media escuadra británica hasta empujar el balón al fondo de las mallas. Un gol tan grande como para definir todo un siglo, y que solo su sucesor, un tal Messi, pudo replicar años después contra el Getafe, en otra escena que muchos de los argentinos congregados en el barrio de A Gaiteira seguro que recuerdan con cariño.

El dueño de La Mila, Maxi Lucero, no daba abasto ante la marabunta de personas. “No se puede estar”, comenta, feliz no obstante como el resto de sus compatriotas por el resultado del partido. En varias ocasiones tuvo que abandonar el local para ir a buscar más fernet porque agotó las existencias. Además de la carne, cuando terminó el partido se repartieron tazas y banderas de Argentina entre los consumidores.
Doce horas de celebración
La celebración será en muchos casos de más de doce horas de duración. Comenzó como reza el ADN argentino: con un buen asado popular, de esos en los que cada ciudadano dice prepararlo mejor que el otro. Y lo cierto es que si el día iba de lo divino, lo allí servido era manjar de los dioses.
Entre las 13.00 y las 19.00 horas eran sabores de la tierra. A partir de entonces, y ya con unas 400 personas en La Mila (más de 150 siguiéndolo a duras penas a pie de calle), fue una cuestión de fe en el mesías del fútbol. Leo fue terrenal cuando, al poco de empezar, erró el penalti que le citaba con la historia. Poco después, al ver cómo le sacaban otra bajo palos, el ambiente se hizo si cabe más intenso, como queriendo transmitir fuerza a los muchachos.
Pasadas las 19.30 horas, aquello explotó: el mundo volvió a ver a Leo golear, por cuarta y hasta quinta vez en esta Copa del Mundo, y por decimoctava en su carrera mundialista. Aunque, a este paso, seguramente acabe con más. “Con Leo Messi toda la vuelta vamos a dar” se unió a la canción de La Mosca de 2022 o a los clásicos de toda la vida de la albiceleste. Hubo lágrimas, sí. Y también muchos gritando “Gracias" a la televisión. “Lo quisieron matar en su día y ahora los está callando”, decía Hernán, uno de los allí congregados, pareciendo hablar con el cielo. Leo es patrimonio de la humanidad, pero para un argentino es mucho más.














