Paolo Roversi abre su "escenario" y muestra sus fotos inéditas en A Coruña
EL fotógrafo italiano realizó una visita a su exposición, 'Doubts', que mañana abre sus puertas en la Fundación MOP

Un agradecido Paolo Roversi daba la bienvenida a los periodistas antes de una visita guiada por su exposición 'Doubts', que la Fundación Marta Ortega Pérez (MOP) abrirá sus puertas este sábado 20, hasta el 20 de septiembre.
Tras un vídeo introductorio, con testimonios de Wim Wenders, Saskia de Brauw, Carla Sozzani o Malgosia Bela sobre las características de la obra del creador de Rávena, éste se dirigía brevemente a los presentes para agradecer su presencia, agradecimiento que extendió a la propia Marta Ortega, por ceder el espacio para mostrar parte de sus imágenes, buena parte de ella inéditas hasta la fecha, algunas incluso "redescubrimientos" hechos en su archivo por parte de la comisaria, Clara Belleville, y de la escenógrafa de la muestra, Ania Martchenko, que dirigieron un recorrido.

Un paseo por unas instalaciones, las del Centro MOP en el muelle de Batería, que pese a ser el mismo de las anteriores exposiciones, cuenta con una distribución creada para la ocasión que lo hacen parecer completamente diferente, con un constante contraste de luces, amplitudes y texturas a través de las ocho salas que componen 'Doubts'.
Explicaban Belleville y Martchenko que, en muchas ocasiones, Roversi acostumbraba a "esconderse por los rincones de su estudio para preparar los detalles de las sesiones", una curiosidad que motivó en buena medida esta nueva distribución en compartimentos más pequeños.
Cada una de las salas están representadas por una palabra, las cuales van "marcando el rumbo" del recorrido del asistente, que puede ir así descubriendo los trabajos que más "representan" al fotógrafo de Rávena.
Es el caso de uno de los primeros espacios, 'Teatro', que dejan claro el carácter de Roversi, "que siempre se refiere a su estudio como un teatro, porque en él puede pasar cualquier cosa". De ahí se gira a la parte "onírica" de sus creaciones, las que juegan con las apariencias, "aquellas que nos hacen preguntarnos: ¿pero cómo las ha hecho?".
El paseo por 'Doubts' deviene a continuación en una sala oscura, sin más iluminación que los débiles focos que dejan ver claramente sus fotografías. Una apuesta por las "sombras", otra parte importante de su trabajo, en el que establece las simetrías entre luz y oscuridad, por la primera no existe sin la segunda.
'Dudas', la misma palabra que da nombre a la exposición en conjunto, interpela también al espectador en otra de las salas del recorrido. "Es la temática centra de la obra de Paolo", la incertidumbre, explicaba Belleville durante la visita, "la fotografía para él es más una pregunta que una respuesta", añadía antes de que Martchenko recordase que varias de las fotografías expuestas en este espacio se encontraron en su archivo: "Él estaba encantado por redescubrirlas".
Pero no todo es la demostración de la maestría técnica y del control de la iluminación de Roversi, sino que uno de los ocho espacios se dedica a un proyecto más peculiar. Se trata de fotografías de carné que él mismo realizó en un fotomatón en las calles de París, para demostrar que se puede "encontrar la belleza en cada persona". Escondido en el fotomatón, y sin que los protagonistas lo supieran previamente, Roversi pulsaba el disparador en el momento que él veía preciso para captar esa belleza cotidiana.
De vuelta a la demostración de su maestría y de su control de la luz, "Paolo piensa que la gracia es un don", la cual intentó captar jugando con la luz natural, retratando así "los momentos de gracia tan fugaces" que conseguía concebir en su escenario, en su estudio.
Precisamente, una recreación de su pequeño estudio secreto abre sus puertas en el Centro MOP, una salita recubierta de tela con un foco de luz que recrea una ventana y su correspondiente luz natural. Apenas un par de metros cuadrados en los que Roversi lograba resultados infinitamente maravillosos.
Y tras un paso por la 'belleza', la muestra se va desvaneciendo. Casi de manera literal. La última sala, presidida por un enorme foco de luz que intenta recrear un ventanal con luz solar directa, dispersa una colección de imágenes más peculiares de Roversi a lo alto y ancho de las paredes, haciendo que, con el movimiento del espectador, las imágenes den una sensación de desvanecimiento, de degradación. "Paolo intentaba detener el tiempo con estas imágenes", explicaban Belleville y Martchenko.














