Vuelven las tumbonas de Riazor: “Lo importante es que las personas se sientan bien”
El servicio, operativo desde el 10 de junio, se mantendrá hasta entrado septiembre para disfrute de los ciudadanos

Nuevo año, misma vida en las playas de A Coruña. El arenal de Riazor abraza un verano más un servicio que lleva teniendo desde hace más de un lustro, el de las tumbonas y sombrillas, que muchas personas, especialmente las más mayores, agradecen por su comodidad y por el refugio que suponen frente al sol. Un negocio que regenta Carlos Valdivia, ciudadano cubano para quien el trabajo, ante todo, es un servicio al prójimo: “Para nosotros lo importante es que las personas se sientan bien”.
Este será el sexto verano que la playa de Riazor disfrute de este servicio, que corre a cargo de una empresa del área metropolitana. Para Valdivia será así su segundo año al frente del negocio de las hamacas, tras hacer lo propio en 2025. El servicio, explica, se organiza en dos turnos: “Por la mañana está disponible de 10.00 a 15.00 horas con un coste de cinco euros por tumbona. Por la tarde se ofrece de 15.00 a 20.00 horas por el mismo precio. Pero si se alquila todo el día el precio es de ocho euros”. Asimismo, ofrecen poner una sombrilla por tres euros. En total cuentan con 40 tumbonas y 50 parasoles.
Empezaron con el servicio el día 10 de junio, y tienen permiso hasta el 15 de septiembre. Aunque no saben si estarán hasta ese día porque depende del tiempo o de la clientela que tengan. Estarán todos los días, con descanso en los que llueva, pero no si está nublado: “Si está nublado yo tiendo alguna camilla igual y saco varias sombrillas porque siempre queda la esperanza de que abra el día y, además, incluso aunque no haga día perfecto de playa la gente viene igual”, comenta.
El negocio va viento en popa y a toda vela: “Uno tiene que apelar a la modestia y pensar que no influye tanto, pero me han demostrado cuando volví este año que esto gusta. Cantidad de personas me han dicho que qué bien que volvamos, que si ‘Carlos qué bueno verte’...”. Una parte social que él valora: “Lo mejor es hablar con la clientela, hacer que las personas se sientan bien, que estén contentos por cómo los tratas. Aquí viene toda clase de personas, y yo valoro que todas estén a gusto. Algún maleducado hay, pero es la excepción”, manifiesta.
Turismo
Los clientes más habituales son los mayores y los turistas. “Cuando vienen los cruceros hay muchos, y además ya pasa que hay algunos que vienen porque otros años ya estuvieron y conocen la playa”, dice. “Tengo llegado a las 10.00 de la mañana y que haya algún turista esperando, porque la mayoría tiene horarios muy distintos al nuestro”, insiste.
Lo peor del trabajo, además de resistir el sol, es el movimiento que tiene en los días más agitados: “Hay días que tengo puestas las 50 sombrillas, y lleva trabajo enterrarlas en la arena. Además lo suyo es estar pendiente, porque cualquier viento puede tirarlas y las vuelvo a colocar yo para que el cliente no tenga que estar levantándose”. Los días tranquilos, en contra de lo que pueda parecer, no disfruta de la playa y el buen tiempo: “No es un disfrute, al final es un trabajo. Para mí el mayor disfrute es que las personas estén cómodas”.













