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A Coruña

Grobas celebra sus 30 años en las cabinas de A Coruña: "Con las 981 en el Playa vinieron los Crystal Fighters por 1.500 pavos"

El Dj coruñés lo festeja el sábado con un set de 10 horas

Grobas, junto al Palacio de la Ópera
Grobas, junto al Palacio de la Ópera
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Gestos como el del ministro Urtasun visitando recientemente a Oscar Mulero dejan entrever que el techno, y la música electrónica en general, empieza a ser considerada como lo que es: cultura. Pero cuando Grobas empezó a mezclar temas electrónicos hace 30 años, era “el del bakalao” o “el del chunda-chunda”, un estigma que aún da coletazos, en menor medida, hoy en día.

El Dj coruñés celebra sus 30 años en las cabinas y lo hace este sábado con un set especial en el Playa Club, de diez horas, en las que repasará la música que le ha ido marcando a él y a los habituales de las pistas coruñesas durante las últimas décadas. “La idea es ir poniendo temas más house, clásicos, de los 90, y luego ir subiendo la intensidad, pero tampoco llevo nada preparado, hay que ir viendo cómo está la situación”, adelanta.

En 30 años han tenido que cambiar muchas cosas en la ciudad y en usted, como Dj.

En mí, la experiencia. 30 años son muchos y ahora no pincho tanto como antes, que vivía de eso. Musicalmente, la escena ha cambiado muchísimo, antes éramos clubs pequeñitos tipo Telefunken, House Café... ahora funcionan los eventos más grandes, ahora la música electrónica está muy de moda desde la pandemia. Tuvimos tiempos de vacas flacas y llevamos peleando muchos años, pero en Coruña y en Galicia siempre ha habido una escena bastante buena.

Habla del auge de la electrónica, ¿pensaba cuando empezó que llegaría a vivir un boom así?

Estaba pasando en toda Europa, menos aquí en España. Entonces, sí, la verdad es que tocaba. No sé lo que aguantará, si es una burbuja que explotará... pero tocaba ya estar ahí presente.

En su caso, ¿cómo se adentró en este mundo en una época en la que no era tan habitual ni accesible?

Venía de pinchar otros estilos, pincho desde los 15. Tengo ya 52... (ríe). Trabajaba en una tienda, Surf and Rock, en Cordelería, e inauguramos otra tiendita pequeña al lado. Unos colegas trajeron unos platos y unos vinilos de electrónica para la inauguración. Lo dejaron allí y yo en mi tiempo libre empecé a mezclar, a interesarme, a comprar discos... Después coincidió que Ino, mi socio en House Café y Telefunken, abrió el House Café en Gómez Zamalloa y como nos conocíamos, que estudiamos en Dominicos los dos, contó conmigo. En el 96 y a partir de ahí... en el 98 fui al Sónar, el primer Dj gallego en pinchar allí. Una cosa llevó a la otra y en el 2000 abrimos Telefunken.

Ahora se escuchan ritmos más rápidos, más cercanos al hard-techno, pero, ¿qué se escuchaba en la Coruña del 96?

Techno, sobre todo. Aún quedaban los coletazos del bakalao y el house no se escuchaba, eso fue una apuesta de Ino, en el House Café, porque tenía mucha conexión con Portugal y allí ya llevaban tiempo programando house. Y funcionó muy bien la verdad, porque era una música más tranquila, con más vocales, y llegamos a más gente. La música electrónica tuvo un estigma muy grande con el tema de la ruta del bakalao, las drogas... pero creo que ahora es una música que todo el mundo conoce, la ponen en hilos musicales en tiendas... es algo más normal.

La música electrónica tuvo un estigma muy grande con el tema de la ruta del bakalao, las drogas... creo que ahora es una música que todo el mundo conoceGrobas

Habla del Sónar, de Portugal, pero tuvieron también conexión con Nueva York.

Sí, con nuestros amigos de Funky Soul Rebel. Conectamos con ellos a través de Suso, un amigo, y nos invitaron a pinchar e hicimos buenas migas. De hecho, uno de ellos, Steven, vive por aquí.

Tuvo que ser una experiencia irse a una de las cunas del género, junto a Chicago y Detroit.

Sí, sí, totalmente diferente. La peña iba con la toalla al cuello, como si fuera a hacer ejercicio (ríe). Era un ambiente muy sano, flipamos, era como un choque cultural porque no tenía nada que ver con lo que había aquí.

Y repasando estos 30 años, ¿hay algún momento especial que recuerde con cariño?

Cuando abrimos el Telefunken, en el 2000, fue una pasada. Sabíamos que íbamos a tener gente, pero fue un éxito rotundo, fue muy bonito. Luego el tema de las 981 Sessions, en el Playa. Funcionaron y empezamos con el festival con 981 y en cada espacio del Playa había un escenario. No me puedo quejar, me han ido las cosas bien por aquí. Es el dicho de nadie es profeta en su tierra, pero yo, la verdad que siempre que he hecho cosas me han funcionado, la gente se ha involucrado. En su día pensé mudarme, pero al final prefiero quedarme aquí, en mi ciudad, y aportar.

En los eventos de 981 se colaron por el medio del cartel, casi escondidos, nombres como Dixon, que ahora encabeza eventos en cualquier lugar y espacio del mundo.

Traíamos gente que ahora mismo sería imposible, Dixon, Marco Carola... Héctor Lendoiro era el director y yo programaba, hacíamos una mezcla de indie electrónico con electrónica más purista. Los Crystal Fighters vinieron, no sé, por 2.000 o 1.500 pavos (sonríe). Imagina lo que pueden cobrar ahora esta gente... Pero eso, Theo Parrish, Dixon... pasaron infinidad de ellos que ahora sería impensable.

Nadie es profeta en su tierra, pero yo siempre que he hecho cosas me han funcionado, la gente se ha involucradoGrobas

Y en estos 30 años, ¿le queda alguna espinita?

La verdad que no. Traje a casi todo lo que quería. De hecho, a Laurent Garnier lo trajimos justo una semana antes de la pandemia, a Pelícano. Era una espinita porque no es fácil de contratar y repitió hace un año.

Y en lo referente al presente, ¿toca disfrutar sin más o tiene alguna idea concreta?

Continuar con mi festival, Retrofuture, que vamos por la sexta edición. Pinchar me lo tomo con más calma. Ahora tengo La Mar Salada, que me da un poco de libertad económica y no tener que poner, que nunca lo he hecho, música que no me guste. Ahora estoy otra vez produciendo, me estoy haciendo un equipo de hardware noventero, pasando de los plugins (sonríe). He vuelto a pinchar con vinilo, porque no me encontraba cómodo, estaba como perdido. Con los vinilos me lo paso mucho mejor, disfruto pinchando. Así hasta que me canse o no pueda más.

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