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A Coruña

La llamada de socorro de uno de los bares con más historia de A Coruña

O’Lionardo busca un traspaso antes del 24 de julio para evitar que se acabe una historia de casi 90 años, en la que futbolistas, referentes artísticos e intelectuales se enamoraron de su encanto

Uno de los clientes habituales toma un vino en el interior de O’lionardo, ayer
Uno de los clientes habituales toma un vino en el interior de O’lionardo, este miércoles
Javier Alborés
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Del mismo modo que los ingleses tienen los pubs y los alemanes las cervecerías en forma de abadía, puede hablarse de un tipo de bares a la coruñesa. Y sin duda uno de sus mejores exponentes es O’Lionardo. Abierto el 23 de mayo de 1939, se encuentra en un momento delicado camino de los 90 años de historia. Su responsable, Rosa Rivero, se jubila el 24 de julio. Y esa es la fecha que se ha marcado para encontrar un traspaso que permita mantener a vivo todo un patrimonio de la hostelería local. “No sé si me da más pena jubilarme o dejar el bar, pero si no aparece nadie antes de esa fecha empezaré a vaciarlo todo, porque todo lo que ves es mío o lo montó mi marido”, dice.

Su marido era el desaparecido Gonzalo, el encargado de reflotar O’Lionardo en 2002 con una importante reforma. Hasta entonces, había sido vaciado, traspasado y casi perdido. También del que posteriormente se convirtió en el rostro conocido del bar depende la proliferación de banderas, bufandas y recuerdos del Athletic Club. De hecho, entre los leones, el Dépor y las banderas republicanas se constituye el ADN de la última gerencia. “Somos un bar de izquierdas, republicano, deportivista y del Athletic, como marido”, sentencia Rosa, a la que un cliente replica: “No te lleves nada cuando te vayas, que según los de izquierdas lo vuestro es de todos”. Es curioso cómo, para ser un ‘bar de rojos’, como afirma otro de los habituales, abrió sus puertas solamente un mes después de la victoria del bando Nacional. “Durante 15 años he venido aquí todos los días, solamente por ver a Gonzalo”, sentencia otro de los clientes de la casa.

Espacio-tiempo

Porque O’Lionardo es uno de esos espacios en los que el tiempo parece detenido, prácticamente un escenario de cine o una foto de museo con la que ilustrar a nuestros nietos sobre cómo eran los bares desde la época de nuestros abuelos. Está para funcionar desde el primer minuto del traspaso, pero también para quedarse mirando cada esquina y sorprenderse con los detalles. Del ‘libro de estilo’ de los bares de siempre están las caricaturas o bromas sobre jugadores pretéritos del Dépor, frases como el “aquí abrimos cuando llegamos, cerramos cuando nos vamos y si vienes y no estamos es que no coincidimos”. Se notan también la influencia marinera, con lámparas de navegación, cuadros de embarcaciones y el en su día de moda expositor con los tipos de nudos. También están la recreación del Gernika, banderas y banderines de fútbol o sátiras de barra de bar.

Pero entre la historia del O'Lionardo y su decoración existe un porqué. La afición por el Athletic Club viene de la época de su fundador, Juan Chas Vázquez ‘O Lionardo’. Forofo de los leones, durante muchos años fue habitual que los jugadores del Dépor y los del club vizcaíno coincidiesen en el número 22 de Fernández Latorre. Afirmó en su día El Ideal que “entre percebes y cigalas se pactaban los resultados”. Su papel de embajador del Athletic fue tan grande que el propio club mandó una corona de flores a su entierro. Un evento tan concurrido que las crónicas de la época lo compararon con el de Alfonso Molina o el de Pedro Barrié de la Maza.

También fue un espacio cultural, en el que eran asiduos Urbano Lugrís, Camilo José Cela o Villar Chao. Hoy sigue siendo un bar de vinos para coruñeses de toda la vida que renuncian a perder la identidad en favor de la modernidad. También para quienes cada vez encuentran más problemas para encontrar, valga la redundancia, espacios de autenticidad.

Mantener viva esa historia tiene un precio: 40.000 euros en concepto de traspaso y 850 de alquiler. “Yo lo llevaba con marido, y ahora se me hace mucho. Lo ideal, sería que trabajasen dos personas”, finaliza Rosa antes de entrar en su cocina, sobre la que ella denomina ‘Avenida de la República’. 

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