A Coruña rebasa los 30 grados con más algas que surfistas y muchos bañistas
La medición de Aemet a las 17.00 horas registró 31 grados en el parque del Observatorio

Vaya por delante que un coruñés no necesita del calor extremo para ir a la playa. De hecho, en muchos casos, escapa de las aglomeraciones y se define por disfrutar de sus arenales en días nublados en los que dice: “Pues se está bien”. Sin embargo, en plena 'pretemporada' del verano oficial, a solamente tres días del comienzo de la temporada de playas, los arenales de la ciudad fueron el refugio que buscaron los coruñeses, los turistas, los padres y buena parte de los que tuvieran un rato libre en la zona centro.
Todos los indicios, desde primera hora, parecían encaminados a llegar a esa barrera psicológica de los 30 grados. De alguna forma, para muchos supone un éxito más de la ciudad en un mes en el que se celebra hasta el cambio de color de los semáforos. Finalmente, según la medición de Aemet, a las 16.00 horas se sobrepasaron los 30 grados (30,8, parque del Observatorio) y a las 17.00 la misma estación llegó a los 31. Cabalgó el mercurio por el termómetro más rápido que un heavy por el mástil de su guitarra. Para entonces, la playa estaba entre la 'media entrada' y los 'tres cuartos de entrada', que dirían los periodistas deportivos de finales del siglo XX. Hay que tener en cuenta que se trataba de un viernes, día laborable, y con clase en colegios e institutos (a pesar de que los exámenes ya se han terminado). De hecho, no fue hasta entrada la tarde cuando empezaron a arribar familias en un arenal de Riazor dominado hasta entonces por turistas, jubilados y parejas jóvenes. “Holy water!” (bendita agua), exclamó una persona con acento notablemente del sur de Estados Unidos. Allí 'Lorenzo' golpea seguramente más duro que aquí, aunque el alivio atlántico y el marco privilegiado seguro que ayudaron. Por cierto, que los turistas más habituados a viajar habrán emparentado mentalmente a Ipanema y Copacabana con A Coruña, ya que los arenales del centro vuelven a tener los famosos 'postos' que marcan cada acceso.
Lo de meterse al agua, sin embargo, ya fue durante buena parte del día cuestión de arrojo. La marea, demasiado calmada para el surf, arrastró cantidades ingentes de algas. El típico 'caldo de grelos' que dicen los más habituales en Bastiagueiro. Lo cierto es que la proporción entre toallas extendidas y bañistas no era demasiado correlativa. Ni tampoco la intensidad del olor a crema solar desde primera hora de la mañana, cuando las gaviotas abandonaron la arena del Orzán y Matadero para dar paso a los coruñeses, que por la tarde abarrotaron las playas y que este sábado tendrán una posible segunda sesión para más de 30.













