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A Coruña

Tres años y medio de prisión para el lotero de A Coruña que quiso ser millonario

Los magistrados condenan a Manuel Reija por un delito de estafa agravada y absuelven a su hermano Miguel

Juicio de la Primitiva millonaria en A Coruña: Miguel y Manuel Reija se enfrentan a penas de prisión por estafa y blanqueo de capitales
Manuel Reija, el lotero condenado
Javier Alborés
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A pesar de que confesó tener “la conciencia muy tranquila”, el 2 de julio de 2012, el lotero de San Agustín, Manuel Reija, “ideó una estrategia de engaño” que le ha llevado a ser condenado a tres años y medio de prisión por un delito de estafa agravada. Catorce años han pasado desde que diese inicio uno de los casos más misteriosos que se recuerdan en la ciudad. Este jueves se hizo pública la esperada sentencia del juicio de la Primitiva millonaria de A Coruña, que se celebró el pasado mes de abril en la Audiencia Provincial. En el banquillo lo acompañó durante todo el proceso su hermano, Miguel Reija, que ha quedado absuelto de los cargos que se le imputaban, el de encubrimiento y blanqueo de capitales.

La sección segunda condenó a tres años y medio de prisión –frente a los seis que reclamaban Fiscalía y acusaciones particulares– al lotero por “quedarse con un boleto premiado con 4,7 millones de euros”. El tribunal considera a Manuel Reija autor de un delito de estafa agravada, con la concurrencia de atenuante de dilaciones indebidas, y lo inhabilita para el ejercicio de cualquier profesión relacionada con la actividad de Loterías y Apuestas del Estado durante el tiempo de condena. La sentencia resalta que el lotero “actuó con ánimo de lucro, creando una falsa certeza en la víctima sobre la inexistencia del premio, lo que le permitió quedarse con el boleto y correspondiente premio”. De esta forma, la prueba practicada “establece la existencia de ese engaño inicial o posterior, que es requisito para la existencia del delito de estafa”.

Los magistrados ven acreditado que, al recibir el boleto de 4,7 millones de euros, el acusado le dijo al cliente que no estaba premiado, “produciendo una falsa certeza en el mismo, y bajo la confianza de un trabajador de loterías que se lo indica tras la comprobación en la máquina”.

En la resolución afirman que Reija, tras la comprobación de varios boletos, “se dio cuenta de la existencia de premios y de uno, en concreto, de elevada cuantía, procediendo a la operativa de no indicarle al jugador que tenían premio”. De esta forma, “se hizo con los boletos de este participante, pero, a la vista de la cuantía del mismo y de su estado de nerviosismo, no fue capaz de separar los premiados de los no premiados, de ahí a su posterior comprobación, y una a mayores para confirmar el premio”.

La condena por un delito de estafa, en lugar de apropiación indebida, es porque “contempla de modo más adecuado la conducta que se examina, ya que incluye el engaño”. En el fallo se especifica que “en la estafa el dolo consiste en el empleo de maquinaciones insidiosas para sorprender a buena fe y la credulidad del sujeto pasivo, mientras que en la apropiación indebida no es engaño, sino el abuso de confianza que aquel depositó en el autor del delito”.

Los jueces recalcan que el condenado “urdió una estrategia de engaño, creando artificiosamente el argumento según el cual el boleto no estaba premiado, llevando a través del engaño, con evidente ánimo de lucro, a la creencia de que no existía premio, ocasionando con eso un perjuicio económico para la víctima, quien debió ser premiada con los 4,7 millones de euros”. En concepto de responsabilidad civil, el condenado deberá abonar, conjunta y solidariamente con la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado (Selae), el dinero del premio.

La Audiencia especifica que, otorgada la titularidad del boleto, no puede entregárselo para su cobro a la viuda e hija del dueño, José Luis Alonso, pues debe ir a la masa hereditaria de su propietario, por lo que se procederá “en virtud de sus disposiciones testamentarias”.

"Hipótesis de confabulación"

En cuanto al otro acusado, su hermano Miguel Reija y delegado provincial de Loterías, la sala determina que no existe prueba suficiente para condenarlo por encubrimiento o blanqueo de capitales, por lo que lo absuelve. “La argumentación ideada por las acusaciones se basa en una ideación de maquinación entre los dos hermanos para cobrar el boleto partiendo de la hipótesis de que existía una confabulación previa entre ambos, hipótesis que esta sala no comparte”, subraya la Audiencia en el fallo.

Este añade, además, “que las pruebas indiciarias se sustentan documentalmente en que desde el primer momento, esa misma noche, pone en conocimiento de terceros, compañeros delegados, la existencia de la problemática y, al día siguiente, se lo comunica a la Selae y, a la semana siguiente, entrega el boleto en la Selae, con el cual pierde todo el control sobre el mismo”.

Los magistrados inciden en que “no se acredita la existencia de un conocimiento de hecho ilícito de su hermano”, así como en que “no existen actuaciones tendientes a dificultar la trazabilidad del dinero o la ocultación de los mismos”. También destacan que “se dio publicidad, dentro de lo que se podía, para salvaguardar una futura reclamación, a la existencia del boleto”. La sentencia, no obstante, no es firme, ya que es susceptible de ser recurrida ante el Tribunal Supremo.

Los hechos

La investigación policial concluyó, tras tres años de pesquisas, que Alonso era el legítimo propietario del boleto. Y nunca lo reclamó. La clave fue el Imserso: casi la totalidad de las apuestas las sellaba en su barrio, pero también el ganador había jugado en diferentes localidades españolas dos combinaciones de números, escritas manualmente. Así, estudiando los viajes del Imserso que habían salido de A Coruña en aquel periodo, llegaron a la persona que, desgraciadamente, había fallecido. Su mujer y su hija fueron interrogadas y, en dicha entrevista, la Policía verificó su versión.

La fiscal, Olga Serrano, manifestó durante todo el juicio que no había duda alguna de lo que ocurrió el 2 de julio de 2012, y para ello se refirió a una de las pruebas que más complicaban la defensa del lotero: el propio registro de la terminal de su administración. Esta revela que dos de los boletos que se comprobaron en la máquina junto a la millonaria Primitiva se volvieron a jugar a continuación. Y esto, a su vez, dentro de 21 movimientos en los que se realizan trece comprobaciones y ocho apuestas en menos de dos minutos. Para Serrano esto demuestra que el cliente estaba delante del lotero cuando saltó el ticket del premio. Y que Manuel Reija lo ocultó y hasta le pagó unos premios pequeños para distraerlo. 

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