Una coruñesa con mucha fe consiguió llevar a 55 personas a ver al papa a Madrid
Susana Lozano organizó ella sola una expedición para seguir a León XIV el sábado y el domingo

Además de montañas, la fe de una coruñesa es capaz de movilizar autobuses y a más de medio centenar de personas. Y si no que se lo pregunten a Susana Lozano, una funcionaria que se enteró de que el papa acudiría a Madrid y se dio cuenta de que no existían viajes organizados, más allá de los parroquiales. Y decidió ponerse manos a la obra y solucionarlo. “Soluciones, no problemas”, que diría algún jefe. “Vi que en Vigo se organizaba un viaje, pero en A Coruña no había nada. Fui por mi cuenta e hice mi propio cartel; al final, si hubiera fletado dos buses, dos buses que habría llenado”, dice.
El trabajo de intendencia para ver a León XIV comenzó hace poco más de dos meses, y resultó de lo más eficiente. “Encontré un hotel en las afueras con 20 habitaciones dobles disponibles, y a los que faltaban hasta 55 les fuimos encontrando acomodo entre conocidos”, explica. El paquete entero era: salida el sábado a las ocho de la mañana, vigilia, misa de domingo y llegada a la ciudad pasadas las diez de la noche del domingo. El precio, 135 euros con autobús y hotel.
Evidentemente, la teoría funcionó a la perfección, pero luego se trataba de disfrutar la experiencia y hacer que mereciera la pena entre más de un millón y medio de personas. Y hasta en eso salieron las cosas a pedir de boca. “En la vigilia de la Castellana tuvimos mucha suerte, porque había un niño pequeño y justo el papa se paró ahí y pudimos verlo de cerca. Fue una alegría muy grande, además del ambiente que se vivió, con gente muy joven”, explica Susana. “El domingo por la mañana fuimos a misa y ya resultó más complicado. Tuvimos que seguirla a través de una pantalla, pero solo con el ambiente y la buena vibra fue suficiente”, agrega.
Hasta el Barbanza
Y así fue como unas 55 personas, la mayoría de ellas desconocidas hasta el sábado por la mañana, emprendieron viaje con un objetivo común: ver al papa en Madrid. Fue todo gracias a una coruñesa que no sacó un euro de todo ese esfuerzo, pero seguramente sí nuevos compañeros de viaje en todos los sentidos.
Llegaron de A Pobra do Caramiñal, Arteixo, Cambre o Santiago, lugares hasta donde llegó la fe de una coruñesa que ejerció como una perfecta agente de viajes y, además, como una buena cristiana.













