El número de ruinas en la ciudad se redujo a una cuarta parte en cinco años
La presión constante del Gobierno local sobre los propietarios de estos inmuebles ha dado sus frutos

Uno de los principales problemas urbanísticos es el de los edificios ruinosos. No solo porque suponen un desperdicio en un momento en el que la falta de oferta ha generado una crisis de vivienda, sino porque estas estructuras abandonadas generan toda clase de problemas: desde derrumbes a nidos de alimañas. Las quejas de los vecinos son tan frecuentes que parecería que el problema se agrava. Sin embargo, según fuentes municipales, el problema de las ruinas se ha reducido a una cuarta parte en cinco años. A día de hoy, se contabilizan cerca de 250 inmuebles en diferente estado de abandono frente al millar que había.
La Concejalía de Urbanismo emite cientos de procedimientos al año, lo que supone una importante carga de trabajo tanto a nivel administrativo como técnico y jurídico. En este caso, las mismas fuentes municipales recuerdan que existen fuertes límites legales que protegen la propiedad privada. Urbanismo, que dirige el arquitecto Francisco Díaz Gallego, puede imponer multas pero no actuar de oficio para sanear los inmuebles. En algunos casos, el peligro de derrumbe es real, como se comprobó el viernes de la semana pasada al desplomarse el 34 de San Nicolás, lo que obligó a cortar la calle. Hace dos años, en junio de 2024, ocurrió un caso semejante en el cruce de las calles Tui con Atocha Alta, en Monte Alto, donde el techo se vino abajo.
En algunos casos, el problema ha llegado a tal extremo que ha sido necesario ordenar la demolición. Eso es lo que ocurrió en el caso de Monte Alto y en la calle Puerto Rico hace dos meses, donde se derribó el 25, una verdadera ruina que durante años había generado molestias e inseguridad en esa parte de Os Mallos: desde okupas hasta vendedores del mercadillo ilegal que suele acompañar al oficial de Os Mallos, que lo habían llenado de basura que luego sirvió de combustible en un incendio.
Para derribarlo de oficio, la Concejalía de Urbanismo tuvo que pasar por un largo proceso legal. Resultó imposible localizar al dueño así que, tras un anuncio en el Boletín Oficial del Estado (BOE), se pudo dar el paso final. Pero se trata de una excepción: según los datos del Instituto Galego de Estadística (IGE) las obras de demolición total se realizaron solo en dos ocasiones en 2024, último año del que se ofrecen cifras aunque el máximo fue en 2021, con solo cinco.
A subasta
Lo que el Ayuntamiento pretende es que esos edificios se rehabiliten o se rehagan para convertirse en viviendas, aunque para ello tenga que amenazar con la expropiación y la subasta del inmueble. En eso consiste el plan de Ruinas que presentó Urbanismo hace unos años, y en el que ha venido trabajando desde entonces.
El plan se anunció en enero de 2023, con el número tres de la calle Damas como el primer edificio escogido para iniciar este trámite. Se les da a los dueños la opción de rehabilitarlo o venderlo a alguien para que lo haga. Pero no fue hasta enero de este año cuando se anunció su venta a cuatro particulares por 141.000 euros.
Damas solo era el primero de ocho que procedían ya de la época de Francisco Vázquez, lo que da fe de lo largo que puede ser un proceso de este tipo, pero el Ayuntamiento considera que el plan marcha y la alcaldesa, Inés Rey, anunció en febrero que ya está preparando una nueva lista de ‘subastables’. En todo caso, la reducción del número de edificios en ruinas o en vías de serlo a solo 250 en toda la ciudad da fe de que las medidas de Urbanismo dan fruto.
El caso del Orzán, como un ejemplo de reactivación
No hay que desmerecer la iniciativa privada a la hora de rehabilitar el centro, sobre todo la zona del Orzán, que durante mucho tiempo ha sido la que ha concentrado los edificios. La manzana situada entre las calles Alta, Orzán y Cordelería contiene ocho inmuebles y seis de ellos se encuentran en diferentes fases de rehabilitación. De hecho, uno de estos edificios, totalmente rehabilitado, aún tiene a la venta varios pisos por precios que alcanzan hasta los 400.000 euros, lo que da fe de lo caro que se ha vuelto vivir en el centro de la ciudad. Pero también la Estrecha de San Andrés, una pequeña calle que alberga varios solares, con restos de edificios, también está siendo sometida a rehabilitación y recientemente se concluyeron las viviendas sociales de Marqués de Pontejos.














