El mayor proyecto coruñés de regeneración cumple 25 años
El derrumbe del vertedero de Bens en 1996 provocó un cambio radical bajo la administración de Francisco Vázquez

Han pasado 25 años pero sigue siendo el principal proyecto de regeneración de la ciudad. Tal día como hoy, el entonces alcalde, Francisco Vázquez, lo inauguró por todo lo alto como “el más hermoso de los parques”. Atrás quedaban cinco años de trabajo intenso para regenerar lo que había sido el vertedero de la ciudad durante muchos años. Fue necesario reubicar más de un millón de metros cúbicos de basura y mover 750.000 metros cúbicos de tierra para crear este parque, el más grande de A Coruña, con 605.000 metros cuadrados.
La por entonces concejala de Medio Ambiente, Carmen Marón, recuerda el ambicioso proyecto, uno de los más importantes de su carrera, y que se encaró como una respuesta de la ciudad al drama del derrumbe del vertedero de Bens, del que este año se cumplirán 30 años. El 10 de septiembre de 1996, se desplomaron al mar 100.000 toneladas de basura, que se llevaron por delante a un vecino que estaba limpiando su coche. El cadáver de Joaquín Sorantes nunca fue hallado, pero el desastre para la ciudad fue tal que obligó a un cambio total en la política de tratamiento de residuos. Una parte fue la actual planta de reciclaje de Nostián. La otra, el parque.
Un cuarto de siglo después, el metano que genera la basura enterrada continúa generando electricidad
“Seguimos escrupulosamente todas las normativas europeas de la época. El drama había sido tan enrome que había que limpiarlo y regenerarlo, y se apostó al máximo por la calidad. Fue un antes y un después”, explica Marón, al mismo tiempo que recuerda el largo camino.
El desarrollo
Las obras se prolongaron durante cinco años y requirieron una inversión de 3.000 millones de pesetas de las de antes (o 31 millones de euros de los de ahora, si se tiene en cuenta la galopante inflación), pero los coruñeses ganaron el parque que cubría casi el 2% del municipio, de 37,8 kilómetros cuadrados.

Pero no todo es accesible al público, ni siquiera hoy en día, donde hay una zona vallada de cerca de 200.000 metros cuadrados, mirando al mar. Ese es el verdadero vertedero donde 25 años después, la basura enterrada sigue generando metano. La empresa Dragados construyó una instalación compleja para ocuparse no solo del lixiviado (el líquido contaminado que gotea del desperdicio) sino también del gas, que dejó de ser un peligro medioambiental para convertirse en combustible de una planta de cogeneración.
Se construyeron 14.325 metros de tuberías para encargarse del lixiviado y ostras 4.480 metros para captar el gas. Todavía sigue generando energía, aunque muy poca: en el último año registrado, 2024, producía 907.901 kilowatios por hora, mientras que en su pico en 2004, producía 12,7 millones, aunque nunca se trató tanto de generar energía, como de dar una salida ecológica al metano.
“Fue la obra de regeneración más importante durante mucho tiempo, y fue visitado por mucha gente”, comenta Marón. En cuanto a la parte del parque que todavía está rodeada por una alambrada, “sabíamos que tardaría mucho en poder usarse”.

Zona prohibida
Desde el Grupo Hábitat, Santiago Vázquez, su vicepresidente, considera que se trata de una zona muy interesante ecológicamente. “De hecho, nosotros pedimos permiso para entrar pero no nos lo han dado”, comenta. Él considera que una pradera abierta al mar puede convertirse en un refugio para la biodiversidad, sobre todo si se deja una zona sin desbrozar donde pueda crecer la maleza. Así podrían anidar especies como el cernícalo o la lechuza, reptiles o especies polinizadoras.
605.000 metros cuadrados abarca el parque de Bens, de los que cera de 200.000 cubren el antiguo vertedero que se derrumbó en 1996
Desde otra asociación ecologista, Galicia Ambiental, señalan que el proyecto “no está exento de algún error importante” como la falta de control de especies invasoras que se han prodigado, como la hierba de la pampa, en grandes áreas alrededor del parque de Bens y O Portiño. “Importaron tierras contaminadas con semilla al propio parque, y hoy en día está rodeado de centenares de plantas que son un reservorio de semillas que luego vuelven a otros lugares de la península”, se lamentan desde Galicia Ambiental.
Desde su inauguración, el parque de Bens, que ya contaba con miradores, esculturas y cascadas fue embelleciéndose con sucesivas aportaciones, como una de las áreas caninas más importantes de la ciudad, en la que cada fin de semana los dueños de los perros se reúnen o la instalación de la embarcación de rescate ‘Blanca Quiroga’ que se dispuso allí un año después de la inauguración del parque, en 2022, tras casi 30 años de servicio.
Vázquez concibió el parque de Bens como el principio de un cinturón verde que abrazaría toda la península herculina, un Parque Atlántico, como lo llamó él, que cubriría el 9% de la ciudad, una especie de Casa de Campo a la coruñesa. Esto nunca ocurrió, aunque desde entonces, se han abierto nuevos espacios verdes, y hay otros proyectados. Pero el parque de Bens permanece como la más ambiciosa obra de una ciudad que supo regenerarse a sí misma
















