La obesidad gana peso en A Coruña mientras comer saludable es cada vez más caro
Las estimaciones apuntan a que más de 130.000 personas tienen exceso de peso en la ciudad, con tendencia al alza

Más de 421.000 gallegos tenían obesidad en 2025, una cifra que se calcula que se disparará hasta los 489.000 en solo cinco años. La ciudad de A Coruña no es ajena a esta tendencia, donde se estima que más de 130.000 personas tienen exceso de peso. Sin embargo, esta es solo “la punta del icerberg”, pues pese a su elevada frecuencia, esta enfermedad se enfrenta también al obstáculo del “infradiagnóstico” en medio de una problemática aún mayor: muchas personas no se pueden permitir comer saludable.
“A obesidade non está recoñecida como enfermidade pese a que é unha morbilidade crónica que acompaña á persoa toda a súa vida. Se se abordase como unha enfermidade, poderían resolverse moitos problemas”, advierte Sagrario Pérez, subdirectora xeral de Estilos de Vida Saudable de la Consellería de Sanidade, quien participó en la elaboración del último informe regional sobre el impacto social del sobrepeso en Galicia, presentado en A Coruña y elaborado por la Fundación Weber para la empresa médica Lilly.
Según estos datos, 1,2 millones de personas tenían sobrepeso el año pasado en Galicia, pero en 2030 se calcula que serán 1,4 millones. “Compre destacar que son datos de enquisas de autopercepción. Somos conscientes de que estamos só a ver a punta do icerberg e, por iso, solicitamos que haxa unha declaración como enfermidade, para poder ter datos reais”, incide Pérez.
Laguna de datos
Esta falta de información se complica por edades. Mientras que en la población infantil se controla mucho mejor, debido a que acuden a revisiones periódicas donde se controla el peso, en los adultos hay una “laguna de datos” que se recupera un poco a partir de los 65, cuando vuelven a formar parte de las campañas de vacunación regulares.
Los datos que sí se conocen muestran una tendencia al alza del sobrepeso en los niños, mientras la obesidad se mantiene “estancada”. Aunque la endocrinóloga del HM Modelo Iria Rodríguez alerta de que ambas condiciones infantiles “son uno de los problemas de salud pública más preocupantes a nivel sanitario”. Un niño con obesidad tiene muchas probabilidades de llegar a la edad adulta con la misma condición, cronificando un problema que “aumenta enormemente el riesgo de enfermedades metabólicas desde edades ya tempranas”, como la hipertensión o la diabetes.
José Manuel García, vicepresidente de la Federación Gallega de Diabetes (Fegadi) también apunta en esa dirección: “Los niños son un fiel reflejo de la sociedad adulta y tenemos que concienciarnos de la importancia de hacer dietas saludables y actividad física. Nos preocupa que aparezcan patologías propias de los adultos como la diabetes tipo 2 ya en menores”.
En casa y en el colegio
El Plan de Obesidade Zero de la Xunta marca la hoja de ruta a seguir en Galicia. Para la población infantil trabajan en conjunto las consellerías de Sanidade y Educación para mejorar los menús escolares –eliminando, por ejemplo, los fritos y los productos con altos niveles de azúcares, grasas trans y sal, en pro de opciones saludables como fruta, frutos secos naturales y agua–, aunque Pérez alerta de que el trabajo continúa en casa.
“Temos que concienciar aos pais de que de nada sirve que nos centros educativos a comida máis importante do día, a do mediodía, sexa nesta liña se logo non se complementa cun menú equilibrado na casa”, subraya.
El elevado precio de la salud
Pero muchas familias no pueden afrontar el precio de estos productos en su día a día. “Unos cruasanes rellenos de chocolate de 360 gramos valen 1,67 euros y un kilo de manzanas 3,50. Y los preparados cárnicos ya no son 100% carne, en algunos casos solo llevan un 70% y a mayores aditivos, grasas y azúcares que sacian menos, aportan calorías vacías y hacen más difícil el control del sobrepeso y la obesidad”, ejemplifica García, aunque apunta que “no se trata de demonizar ningún producto, sino de que su consumo sea puntual”.
Los ultraprocesados resultan, por tanto, más baratos que los productos frescos y eso, unido a la pérdida de poder adquisitivo forman la “tormenta perfecta” para este tipo de patologías. “Una persona que no llega a fin de mes difícilmente puede cuestionarse comprar productos frescos a diario”, recalca el vicepresidente de Fegadi.
El tiempo no ayuda
A estos factores se une también la “pérdida de valores como la comida gallega, hecha en casa y con productos de temporada”, pero no es lo único que, en casos como A Coruña, afecta. También lo hace la meteorología, que no juega a nuestro favor: “Los inviernos con lluvia hacen que no sea tan apetecible hacer actividades físicas en el exterior. Eso unido a que se cocina menos y que los ultraprocesados son más asequibles hace que se pierda la dieta atlántica, tan beneficiosa y equilibrada”.
“Ás veces facemos unha mensaxe simplista pero, se miras ao redor, daste conta de que o raro é non ter sobrepeso. Porque todo te invita a ser sedentario”, incide Pérez, un problema que para Iria Rodríguez, que calcula que más de 130.000 personas tienen exceso de peso en A Coruña, se acentúa en los niños: “Cada vez hay menos parque y más tiempo con pantallas y actividades sedentarias”. Por ello, es importante actuar desde el minuto cero: “Los niños son esponjas, si se les forma desde pequeños evitaremos muchos problemas”, alerta García.
Un ahorro para el sistema
Con la prevención no solo se evitaría que estas cifras continúen creciendo, también ahorraría el sistema sanitario. Según el estudio presentado en A Coruña, Galicia podría ahorrar 1.400 millones de euros en 2030 si la población redujese entre un 5 y un 10% su peso. Y es que el precio de la obesidad alcanza ya los 7,8 millones anuales y rozará los diez millones en 2030, ya que esta enfermedad se asocia con más de 200 complicaciones, desde cardiovasculares como ictus a metabólicas, como la diabetes, e incluso mentales u otras patologías como la osteoartritis.
“Las personas con obesidad necesitan ayuda ahora, no en cinco años”, recalcan desde Fegadi mientras en la Xunta aseguran que no es que estemos a tiempo de revertir la situación, es que “non nos queda outra”.
















