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A Coruña

Las memorias extendidas de Syra Alonso

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Syra Alonso, en 1944, en Actopan, México
Cedida Alvarellos Editorial
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La historia de Syra Alonso Brufau (1903-1970) es la del exilio, la del desarraigo, que tantas veces ha tenido un protagonista gallego. Pero la condición de escritora de esta coruñesa, esposa del asesinado pintor Francisco Miguel, garantizó siempre que pudiera contarla en primera persona, incluso 56 años después de su muerte, aunque para completarla haya hecho falta el afán investigador del mexicano Conrado J. Arranz Mínguez.

El profesor Arranz es, de hecho, el biógrafo de Alonso y ha tenido acceso a material inédito que custodiaron primero los tres hijos de esta exiliada republicana (Alberto, Juan Ramón y Sandro) y, tras el fallecimiento de todos ellos, sus descendientes. Son fotografías, documentos y manuscritos de puño y letra de la coruñesa. Con todo este material ha elaborado ‘El mar tenía un amargo sabor a lágrimas’, que son las memorias de Syra Alonso entre 1937 y 1945. Se presentará en la Feria del Libro de Madrid el 14 de junio.

De vuelta a México, vendió cuadros de su fallecido marido por motivos solidarios, para ayudar a la comunidad de Veracruz

Arranz, madrileño naturalizado mexicano, considera que Alonso ha quedado un tanto eclipsada por su marido. A fin de cuentas, Francisco Miguel es conocido como un importante pintor surrealista y poeta que participó en las vanguardias del momento y que conoció a Diego Rivera o Blanca Luz Brum.

La figura de Syra empezó a reconocerse cuando A Nosa Terra editó sus diarios en el año 2000. Este año Alvarellos publicó una versión que añadía material inédito. Ahora, esta misma editorial presentará ‘El mar tenía un amargo sabor a lágrimas’, un volumen de 528 páginas: 100 de estudios introductorios y 428 de memorias (entre estas, más de 200 inéditas). Además, 130 documentos y fotos, en su mayoría no publicados (como la imagen que ilustra este reportaje). El libro “permitirá recuperarla como una voz propia del exilio”, destaca Arranz.

Este biógrafo indica que es la única escritora del exilio republicano que vivió en una comunidad nativa. Tras la trágica muerte de su marido a manos de un pelotón de fusilamiento fascista en 1936. Alonso volvió a México, país donde había vivido años atrás con el pintor, acompañada de sus tres hijos. En un principio residió en la capital, pero no encontró el recibimiento que esperaba entre la comunidad de intelectuales y acabó viviendo en un pueblo con los indígenas nahua y totonaca.

“Llega sin Francisco Miguel y no le apoyan mucho. Le genera una decepción que le hace pensar su papel en México. Al final, convive con esta comunidad nativa y testimonia lo que en esta ocurre, aunque esto lo reservamos para el segundo volumen”, avanza. Fue allí donde desarrolló gran parte de su obra literaria. Cuando regresa a la ciudad, ya no escribe: “Ella se hace escritora allí, alejándose del núcleo urbano”.

Poetisa

Como su marido, Alonso también fue poeta, aunque Arranz matiza que en su caso, los versos fueron algo coyuntural, una forma de expresar el dolor por la muerte de su esposo. “Sobre todo, la injusticia”. Él la considera una narradora, sin encasillarla en ningún género. “Escribe memorias, también cuentos, en los que hay algo testimonial. Es una narradora memorialista”. Pero nunca llega a escribir una novela. “Si lo hubiera hecho, habría centrado más los focos. Pero es que el género memorialista se ha desprestigiado. Creo que tenemos que rescatar la legitimidad que da escribir memorias”, explica.

Tras su ejecución en Bértoa, el cuerpo de Francisco Miguel acabó en una fosa común, pero fue exhumado y, desde el 29 de septiembre, descansa en San Amaro. En cambio, su mujer falleció en el exilio, mucho años después, en una tierra extraña. Pero el investigador considera que lo hizo en paz. “Me gusta que buscara su espacio aquí. Era una persona completamente solidaria. Reunía dinero, pedía adelantos de los fondos del exilio republicano y los usaba para comprar cosas para la comunidad de Veracruz. La poca obra de Francisco Miguel que pudo traerse la vendió con este fin. Vendía uno o dos cuadrados y entregaba los fondos a la comunidad. Encuentra la paz en no tener nada”. 

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