Picasso estaría feliz: la casa en la que vivió cinco años se renovó primero por dentro y ahora por fuera
La comunidad de propietarios de Payo Gómez 14 ha pagado 42.000 euros para restaurar su fachada

Picasso aseguró a su gran amigo el periodista vilalbés Antonio D. Olano que donaría a A Coruña su obra gallega si las autoridades locales colocaban en la casa de la calle Payo Gómez en la que vivió una placa recordatoria de que él había sido vecino de la misma. Olano trasladó el recado a los prebostes franquistas de aquel entonces, que hicieron oídos sordos. Barcelona, donde vivió después que en A Coruña, sí dio ese paso con Franco vivo, en 1963, y fue la que se acabó llevando una excepcional donación de su obra herculina, que hoy se cobija en el Museu Picasso de la Ciudad Condal. Han pasado décadas y las cosas han cambiado mucho: de estar vivo, el artista malagueño estaría feliz si estos días visitase la que fue su casa en la que denominó como “la ciudad más divertida del mundo”. Porque comprobaría que está casi del trinque, como cuando él la habitó. Se había renovado por dentro y ahora también por fuera.
Hace apenas unos días, los andamios que cubrían la fachada delantera de Payo Gómez 14 han sido retirados. Atrás queda una obra de adecentamiento de la fachada que ha costado cerca de 42.000 euros. El trabajo, cuyo coste asume la comunidad de propietarios, fue ejecutado por la empresa Ismo. Con las galerías restauradas y la fachada recién pintada, la casa luce espléndida en su exterior.
El Ayuntamiento herculino es mayoritario en dicha comunidad. Es propietario del primero y segundo, además de tener alquilados, desde el mandato de Carlos Negreira, el bajo y el tercero. El cuarto (un añadido sobre el proyecto original) pertenece a otro particular.

Esta mejora se suma a la realizada meses atrás por el Gobierno local, en este caso interior y limitada al primer piso del inmueble. Este fue comprado en 2015, durante los últimos días de la alcaldía de Negreira, por 190.000 euros. Ese equipo de gobierno tenía previsto reformarlo, pero la llegada de la Marea Atlántica a María Pita paralizó el proyecto. Finalmente, fue recuperado en el actual mandato.
En concreto, el pasado noviembre el Ayuntamiento inauguró este primer piso tras invertir 130.000 euros en una reforma integral, que permitió renovar carpinterías, pavimentos, tabiques y forjados, además de mejorar la accesibilidad, la seguridad y la funcionalidad del inmueble. En él hay servicios municipales y se dijo que se realizarían también residencias artísticas, al igual que en el tercer piso, el que está alquilado. En el bajo, también en alquiler, se realizan exposiciones temporales.
Finalmente, el segundo está destinado a exposición permanente: se recrea la casa en la que vivió el artista, con réplicas de sus obras en las paredes y dos grabados originales. Este piso fue adquirido durante el mandato de Francisco Vázquez e inaugurado por el entonces príncipe Felipe en 2002.
Vida y muerte
Pablo Picasso y su familia vivieron en ese segundo piso del 14 de Payo Gómez entre octubre de 1891 y abril de 1895. En concreto, lo hicieron seis personas: su padre, José Ruiz; su madre, María Picasso; sus hermanas Lola y Conchita; la criada de la casa, que trabajaba a cambio de cama y comida; y el propio Pablo. Fue un período feliz y crucial para el artista: inició sus estudios en Bellas Artes y realizó sus primeras exposiciones. En lo personal, el final fue muy doloroso: unos meses antes de su marcha, en enero de 1895, la pequeña de la casa, Conchita, de siete años, falleció víctima de la difteria.
Un inmueble de galerías construido en 1888
En el libro ‘Picasso Azul y Blanco. A Coruña: el nacimiento de un pintor’, de Elena Pardo y Rubén Ventureira, se detalla que el proyecto de Payo Gómez 14 fue firmado por Faustino Domínguez Coumes-Gay en octubre de 1888. Es también el arquitecto del edificio del Eusebio da Guarda, al que el niño andaluz asistió a clases de Segunda Enseñanza y de Bellas Artes.
La casa constaba originalmente de bajo, tres pisos y una buhardilla. La familia Ruiz Picasso se instaló en el segundo: pagaban un alquiler de 350 pesetas anuales, una cantidad bastante importante si tenemos en cuenta que el sueldo inicial de José Ruiz Blasco, padre de Picasso, como profesor en la citada escuela de Bellas Artes, era de 3.000 pesetas al año, siempre según el citado volumen.
El piso era amplio, de 114 metros cuadrados. En la fachada delantera, rematada con una característica galería, había un amplio salón comunicado con un gabinete. En la trasera, también de galería, se habilitaba un pequeño retrete. Entremedias, un comedor, una cocina y seis habitaciones. La estructura original se conserva hoy día.














