Venancio Chantada | “Un paciente de A Coruña tiene menos acceso al robot Da Vinci que uno de Narón”
Urólogo y jefe del servicio en el Chuac, organiza el 35º congreso anual de la sociedad gallega de esta especialidad, que se celebra este viernes en el Hospital de A Coruña

Más de 100 urólogos se citan este viernes en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) con motivo del 35º Congreso Anual de la Sociedad Gallega de Urología, el último que organiza el jefe de este servicio en el Chuac, Venancio Chantada.
¿Qué tiene de especial esta edición número 35?
Es mi último congreso como jefe de servicio del Chuac, aunque seguiré trabajando en la privada. Para mí, es importante porque va a venir mucha gente que se formó con nosotros. Es un congreso muy interesante porque este año vamos a hacer muchas mesas redondas cortitas para hablar de muchos temas puntuales. El cáncer de próstata, el cáncer de vejiga con los nuevos tratamientos de inmunoterapia, de andrología porque hay pacientes que se operan de cáncer de próstata y pierden la función eréctil y cómo recuperarla. También de cirugías con el robot.
¿Qué avances tenemos en cirugía robótica?
Hasta ahora, el robot más conocido era el Da Vinci. Pero ya hay muchas plataformas: americanas, europeas, asiáticas... De hecho, los robots chinos están empujando con muchísima fuerza. Hay uno que parece el Da Vinci, es básicamente igual en cuanto al aspecto, pero es chino. Los chinos, como con los coches, tienen la capacidad de producir un gran volumen y eso abarata los costes. Y estos robots acabarán entrando en los hospitales gallegos. Ahora hay 15 Da Vinci en toda Galicia.
¿Son suficientes?
A un hospital como A Coruña un robot no le llega. Porque tenemos que competir con mucha gente. Aquí compartimos con cirugía torácica, con ginecología, con otorrino... En cambio, Ferrol, por ejemplo, o Lugo tienen menos especialidades que compiten. Un paciente de A Coruña, Vilaboa o Arteixo tiene menos acceso al robot que uno de Narón. Porque allí, imagínate, hay 100 pacientes y el robot lo tiene solo cirugía general y urología. En cambio, en Coruña hay 500. Y, aun encima, el robot lo quieren utilizar los otorrinos, los torácicos… Acaba siendo injusto.
“Muchos enfermos con cáncer de próstata se van a morir, pero no por ese motivo. Ahora se puede cronificar, como la diabetes”
¿Cuántas cirugías robóticas se hacen al año en urología?
Todas las semanas hacemos seis cirugías de media, con lo cual operamos entre 250 y 300 pacientes al año solamente los urólogos. Y, si nos dan un segundo equipo, haríamos 700 pacientes al año. Y además hay una realidad. Al principio, es más costoso, pero un robot favorece que haya estancias más cortas, menos agresividad, menos complicaciones posoperatorias... Y aunque por procedimiento gastas más, a la larga, el paciente sale mucho mejor. Dentro de diez años, en el Chuac habrá como mínimo 10 robots. Es algo que se va a imponer.
Como pasó con otros avances.
Claro, es como cuando empezamos con la laparoscopia. Las torres en tres dimensiones, hace 10 años era algo que había que pelear. Y ahora tenemos en todos los servicios una torre 3D, porque se abarataron y se demostró la eficiencia. Y al robot le pasa lo mismo.
Uno de los temas de este congreso es la revolución en el cáncer de próstata. ¿En qué sentido?
La revolución no viene solo por la cirugía, sino por el tratamiento oncológico. Hace años, a un paciente que tenía un tumor de próstata avanzado solo teníamos la opción de bloquearle la hormona masculina, la testosterona, para que el tumor tuviese menos nutrición. Pero hoy en día hay muchísimos fármacos que hacen un tratamiento a demanda, personalizado. Sobre todo, son nuevos super antiandrógenos que están muy indicados en fases avanzadas de la enfermedad, en enfermos con metástasis, que hace años se morían con esas lesiones y hoy en día se pueden curar. Muchos enfermos con cáncer de próstata se van a morir, pero no por el cáncer de próstata. Podemos convertirlos en una enfermedad crónica, como una diabetes.
¿También ocurre con el cáncer de vejiga?
Sí. Hasta hace poco, como tratamientos médicos, teníamos dos tipos de fármacos. Uno es la inmunoterapia con la vacuna de la tuberculosis, que se mete dentro de la vejiga después de extirpar un tumor vesical a través de la uretra. O la mitomicina, que es quimioterapia también endovesical. Era como una herbicida que mata las malas hierbas. Cuando el tumor en vez de ser poco avanzado y superficial, era muy profundo y afectaba todas las capas de la vejiga, tenemos que sacar la vejiga entera. Ahí el robot es una maravilla, porque extirpamos la vejiga entera y hacemos una nueva con un segmento de intestino. No es tan perfecta como la natural, pero conseguimos que el paciente no lleve bolsa y que orine a través de la uretra. Externamente no se va a notar que está operado. Ahí está la revolución.
En estos años al frente del servicio, ¿de qué logros está más orgulloso?
Estoy muy orgulloso de haber formado parte de un equipo muy importante. Cuando llegué al Chuac, éramos cinco urólogos y hoy somos 33. Ahora me retiro en el Chuac, aunque sigo en la privada, y justo acaba de nacer mi nieto. Doble motivo de alegría.














