El historiador Suso Martínez plantea la existencia de un templo celta en el entorno de la Torre de Hércules

Cientos de años después de su construcción, la Torre de Hércules y su entorno siguen deparando sorpresas a aquellos con curiosidad, paciencia y conocimientos como para verlas. Es el caso del historiador Suso Martínez, seguramente el guía turístico de más éxito de la ciudad, que acaba de publicar un libro en el que lanza una tesis sobre una investigación que ha desarrollado durante los últimos cuatro años: la posible existencia de dos inscripciones paleohispánicas, y por tanto prerromanas, en el entorno del faro. Un “glorioso interrogante” que, de ser real, obligaría a la historiografía a repensar la vida y la herencia celtíbera en la zona antes de la llegada de Roma.
Martínez, que el año pasado publicó su primera novela (‘El rey de los jíbaros’), ha canalizado su investigación en ‘De inscripciones y contrataciones astronómicas junto a la Torre de Hércules”, que presentó este martes en la Autoridad Portuaria. Lo hizo acompañado del presidente de la entidad, Martín Fernández Prado, y del arqueólogo municipal Marco Antonio Rivas, “clave” en una investigación que se ha traducido en un volumen con fotografías científicas y explicaciones.

El fin es sostener una curiosa tesis: que existió un conjunto sacral prerromano en la zona. “Se trata de unas inscripciones a los pies del faro, al este del promontorio. Son dos inscripciones que ya se conocía que existían, muy interesantes”, explica, si bien propone una nueva lectura. En concreto, que cuentan con inscripciones en paleohispánico, una lengua hablada en el norte de la península antes de la llegada de Roma.
“La escritura es un fenómeno de la latinidad, pero antes de Roma hay constatadas en lengua céltica inscripciones en el valle del Ebro y la costa levantina”, explica. Así, comenta que hay muchos investigadores centrados en el celtibérico, una lengua paleohispánica hablada antes de que llegasen los romanos. “Nos pusimos en contacto con algunos de estos catedráticos, y, para uno de ellos, la primera inscripción, con motivos cruciformes, permitiría una lectura en paleohispánico: C S L. No podemos saber qué significa, pero es bonito promover una supuesta traducción como Calenda Sulis, ‘la salida del sol’”, explica.
Sobre la otra inscripción, con motivos de anclas, “conocemos por el tipo de letra que no es contemporánea de la otra”. “Sería muy posterior, y ofrece una lectura de la palabra ‘Reve’, el nombre de una divinidad castrexa-romana, que analizamos en el libro y tiene que ver con el extenso mar”, relata. Ambas inscripciones están a unos cincuenta metros la una de la otra, una cerca del acantilado y otra en un lugar céntrico de un espacio circular pétreo acotado que también investigaron.

Alineación solar
La historia fue a más cuando empezaron a relacionar las inscripciones con el astro rey: “En el solsticio de invierno el sol sale por el sureste y se alinean ambas inscripciones. Colocándote en la que está cerca del acantilado, el sol sale por la inscripción donde pone ‘Calenda Sulis’ y se alinea con la otra”. Pero también hay puestas de sol. Desde ‘Reve’, en las calendas maias, otra fiesta relevante del calendario celta (“lo que llamamos os maios, con las flores, el 1 de mayo”), el sol muere encima del promontorio de la Torre. De hecho, siguiendo con las comprobaciones a lo largo de cuatro años (“algunos días estaba nublado, otros era complicado…”) vieron que la inscripción de ‘Reve’ “pedía un análisis arqueológico, porque hay una formación pétrea angular que podría llevarnos muy lejos”. La razón: “Hay un santuario en Segeda, Zaragoza, donde hay un conjunto pétreo que también es una plataforma angular que te indica por dónde sale el sol en una determinada festividad”.
“No digo que tengamos lo mismo, y a veces parece que tenemos pánico a utilizar la palabra templo o santuario céltico, pero esto es lo suficientemente grande como para que se pudiera reunir allí una comunidad religiosa”, insiste. Interpretando ese outeiro angular como el lugar central, hicieron otras constataciones. Por ejemplo, que la otra gran festividad de la edad del hierro galaica, el ‘lugnasad’, que se festeja después del solsticio de verano (“más o menos cuando una fiesta tan coruñesa como el San Juan”), se pudo haber celebrado allí, debido a que desde el outeiro donde está la inscripción que pone ‘Reve,’ el sol nace de los petroglifos que tiene.
Martínez asume que la tesis es polémica: “Hay muchos debates historiográficos en Coruña, entre ellos el periodo histórico de los petroglifos de Punta Herminia y la zona de la Torre. Ha habido cierto acuerdo en situarlos como medievales, pero estaríamos planteando otra datación para ellos, porque estos pertenecerían a la Edad del Hierro, a la época castrexa del Castro de Elviña”. ¿Por qué? Porque el sol sale por encima de estos petroglifos, que “interpretamos como símbolos solares”.
La investigación fue ardua: “La realidad a veces es tozuda, y el sol no siempre se pone por donde uno quiere. Estuvimos cuatro años observando, yo no estaba seguro de todo esto”. Lo más importante, comenta, es que ambas inscripciones tienen una relación solsticial, “pero esos días que observamos veíamos que pasaba cerca pero no sé exactamente de las marcas en que debería salir”.
“Eso nos echó para atrás, tuvimos que recabar opiniones hasta que un astrónomo me dijo algo que es de perogrullo, pero en lo que no había caído: el sol no sale exactamente hoy por donde salía hace dos mil años. La diferencia es mínima, por la curvatura del planeta, que siempre hace el mismo movimiento pero a lo largo de los milenios ha cambiado un poco”, manifiesta. A través de simuladores que te dejan ver dónde saldría el sol tal día situándose desde donde están las piedras, y eligiendo una fecha icónica de la Edad del Hierro (“cuando mataron a Viriato, 133 antes de Cristo”), todo encajó. “El sol salía por donde tenía que salir, y decidimos publicar esto”, celebra.
“El faro es un edificio romano, pero planteamos que este espacio sacral prerromano nos daría una posible explicación a por qué se hizo este faro allí”, dice. Expone así que una de las grandes curiosidades del emplazamiento del faro para historiadores como Antonio Rodríguez Colmenero es por qué lo pusieron allí, en un lugar tan poco protegido del mar y el viento, cuando lo lógico sería que estuviese donde estuvo por ejemplo el castillo de San Amaro, una zona más interior.

Origen del faro
“Una explicación es que es un lugar para ser visto desde alta mar, pero también que los romanos ‘romanizaron’ ese espacio solar sagrado”, asegura. Es decir, que ‘vandalizaron’ o se apropiaron de un espacio preexistente. “En la inscripción fundacional de la Torre, además, pone que está dedicada a Marte, con lo que realmente es un templo, un santuario”, insiste.
Aunque novedosa en su conclusión principal, Martínez sostiene que su tesis se apoya en trabajos históricos previos. “Colmenero hizo un estudio hace unos años un tanto polémico porque sugería que había un recinto sacral antes de Roma, aportando la fotografía de una inscripción. Él daba a entender que sería algo similar a un ‘graffiti’ de un legionario romano, con una L y una X. Es decir, un soldado de la Legio X que estaría ahí aburrido y lo hizo, que después de la conquista en torno al 20 antes de Cristo llega al santuario y lo vandaliza”, cuenta.
“Colmenero dice que ya se levanta la Torre en ese momento, aunque hay quien piensa que es de la época Flavia, entre el 60 y el 90 después de Cristo”, expone. De probarse que hubo un templo en la zona antes de Roma, aportaría leña a “esta narrativa de los últimos acontecimientos arqueológicos en la ciudad, que obligan a los historiadores a estudiar más e indica que en esta zona hubo dinamismo antes de Roma”. Y no solo en el castro de Elviña, sino en la península. “El puerto no sería ni mucho menos el de Ostia, pero sí uno dinámico, amplio”, asegura. “También se identifica que hay un hiato, que una vez que llega Roma se para la actividad hasta la época gloriosa de la Coruña romana, en la época Flavia”.
El historiador, en cambio, sitúa los petroglifos en la Edad del Hierro utilizando estudios comparados de autores como Marco García Quintela, quien estableció una serie de características que tiene que tener un lugar para ser considerado de esa época: “Una es que los petroglifos tengan forma de cruz o laberínticos. La tipología de los que tenemos aquí por tanto son encuadrables en la Edad del Hierro”. Otro elemento es la presencia de una piedra, cerca de ‘Reve’, que tiene podomorfos, o sea, petroglifos con planta de pie. “Los sitios en los que hay podomorfos los vincula Quintela con soberanía, lugares donde se nombraría un rey o un alcalde cuando tocaba. Es poético si sabemos que los irlandeses dicen que la piedra del destino sobre la que coronan a su rey sale de A Coruña”.
Si bien se sustenta sobre teorías, ‘De inscripciones y alineaciones solares en la Torre de Hércules’ “es científico, tratamos de ser lo más rigurosos posibles”. De confirmarse “la apabullante hipótesis de que sea paleohispánico y no latín, serían las letras más antiguas del noroeste ibérico, porque aquí la escritura empieza con Roma”. La más antigua cercana está en Portugal, en lo que se denomina como lengua lusitana. “A nivel historiográfico es polémico: recabé la información de varios profesores, algunos me dicen que esto admite la lectura que yo propongo, pero nadie lo asegura. La gran mayoría dicen que no, que son inscripciones romanas y escritas en latín”, insiste. “Lo que hago es plantear muchos y gloriosos interrogantes, que piden unas excavaciones arqueológicas que nunca hubo en la zona para seguir investigando”, concluye.
















