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A Coruña

El peregrinaje científico que llevó a un investigador coruñés a vivir “en medio de la nada”

Luís F. Seoane afronta en Japón el que será su decimocuarto reto como académico. En Okinawa espera tener todo ese tiempo que no tenía en España para poder disfrutar de su libertad creativa

Luis Francisco Seoane, en un restaurante japonés
Luis Francisco Seoane, en un restaurante japonés
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A Coruña, Santiago de Compostela, Granada, Madrid, Barcelona, Berlín o Nueva York son solo algunas de las paradas de la extensa e interminable carrera científica de Luís Francisco Seoane Iglesias, ‘Luíño’ (A Coruña, 1985). Un Erasmus continuo provocado por la criptonita de los investigadores: la falta de financiación. No obstante, Seoane vive un buen momento. Y es que, aunque “Galicia siempre se echa de menos”, para el académico coruñés es el camino del peregrino científico que uno debe seguir.

Su última –y seguramente más rocambolesca– aventura se encuentra a más de 11.000 kilómetros de distancia de su A Coruña natal. Un lugar “en medio de la nada”, pero donde se siente todo un privilegiado. En esta ocasión, la investigación científica le llevó a la isla de Okinawa, en Japón. Un lugar “peculiar”, que pasó, en poco más de un siglo, de ser un reino independiente a formar parte de la administración japonesa y después americana, antes de volver a pertenecer a Japón, desde 1972 hasta la actualidad.

En concreto, Seoane forma parte de un programa de captación de talento del Okinawa Institute of Science and Technology (OIST), un complejo creado hace menos de quince años pero que ya es el más puntero de todo Japón y el noveno del mundo.

Recién llegado

Apenas lleva dos semanas en la isla y para el investigador “todo es rock and roll”. En Okinawa, el académico se está permitiendo el lujo de descansar los fines de semana. Algo que no era muy común en él hasta ahora. “La carrera científica no es un trabajo de 09.00 a 17.00 horas, es un acto creativo que haces todo el rato”. En total, Seoane estará seis meses en la localidad nipona. Mientras tanto, mantiene su trabajo en el Instituto de Biología Evolutiva en el CSIC de Barcelona (CSIC-UPF).

En Okinawa, al contrario que en Barcelona, cada profesor del centro tiene su propia unidad de investigación científica, es decir, no tienen departamentos específicos, como sí sucede en otros centros de investigación.

“En España solo podemos aspirar a hacer ciencia de juguete comparado con lo que se puede hacer en sitios como este”Luís Francisco Seoane, investigador coruñés

“Este es un sitio muy privilegiado que no existe en España ni existirá jamás. Cuando ves los estándares, en España solo podemos aspirar a hacer ciencia de juguete comparado con lo que se puede hacer en sitios como este. Experimentos que allí nos cuestan diez años de trabajo, aquí solo se tardan unos meses”, explica el académico herculino.

Sin embargo, no es la única diferencia que, en sus primeros días como japonés de adopción, observa: “Este sitio es muy ‘zen’, está pensando para que no hagas nada. En Barcelona también tengo ese ‘flow creativo’, pero pasan tantas cosas que no tengo tiempo de sacarlo adelante”, comenta entre risas.

Para Seoane, viajar por trabajo es costumbre. Prueba de ello son los más de catorce lugares en los que estuvo trabajando en poco más de dos décadas de trayectoria. Desde que se graduó en Física en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), ya nunca volvió a casa. Por lo menos, no por trabajo. Y, por el momento, ve muy difícil que en los próximos años suceda lo contrario. “Las únicas formas que hay en España pasan por dar clases en la universidad o por ser líder de grupo, lo que se llama investigador principal. No hay sitio para todo el mundo. Es parte de lo que lleva este peregrinaje. Yo me encontrado a posdoc en Nueva York llorando en una escalera”, incide el investigador.

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