La densidad de árboles dentro de A Coruña se triplicó en tres años
El Ayuntamiento anunció un plan director de arbolado a finales del año pasado que aún no ha presentado

La alcaldesa, Inés Rey, se enfrenta a menudo a duras críticas cuando los coruñeses descubren a operarios talando árboles en cualquier calle de la ciudad, y se ve forzada a dar explicaciones. A los vecinos no les gusta perder a estos gigantes, por mucho que a algunos les molesten las ramas que se introducen por sus ventanas o les tapan el sol, o las hojas sobre las que resbalan. La alcaldesa siempre ha insistido en que planta dos árboles por cada uno que tala, y lo cierto es que los datos municipales parecen darle la razón: en solo tres años (de 2021 a 2024), la densidad de árboles ha pasado de 0,2 por metro de calle a 0,6.
Desde 2020 hasta finales de 2025, el Gobierno local plantó más de 4.600 árboles. Es decir, que casi el 20% del total del arbolado de la ciudad se instaló en este quinquenio. Esto se debe en parte a las peatonalizaciones y humanizaciones, que han venido acompañadas de la plantación de árboles, pero también a la regeneración de zonas verdes y la urbanización de nuevas zonas de la ciudad porque, cada vez que crece (como es el caso reciente de Fuente de San Amaro) se generan nuevos espacios en los que se plantan árboles. Más atrás, en el Paseo Marítimo a la altura de As Ánimas, se ajardinaron 7.000 metros cuadrados, y se plantaron abedules y estoraques, unas obras que concluyeron a principios de 2025.
Aunque se han talado ejemplares viejos que habían llegado al final de su vida útil, otros les sustituyen
Pero no se trata solo de cantidad, sino de calidad. Muchas de las molestias que generan los árboles, señalan los expertos, se debe a que no se seleccionan las especies adecuadas para la calle. “Se escogen algunas que crecen demasiado, y que rompen las aceras o bloquean las ventanas”, señalan. Además, la ciudad es un entorno hostil para los árboles, que ven su esperanza de vida reducida entre tanto cemento. Un ejemplo claro son los chopos de la plaza de Ourense. Los álamos blancos, como también se les llama, crecen rápidamente, por lo que antaño eran usados en entornos urbanos, pero no resisten bien la contaminación. A finales de 2024, se tuvieron que talar varios de ellos.
Pero eso es una tendencia del pasado. “Ahora esas cosas están cambiando, se piensa mucho más en qué árboles se deben plantar. También se buscan más especies locales, en vez de otras que no tienen valor real”, apunta el ingeniero forestal Carlos Franco. Algunos son muy emblemáticas, como las palmeras de Méndez Núñez, pero de escaso interés desde un punto de vista de patrimonio ecológico, según explican los expertos.
De hecho, la concejala de Medio Ambiente, Noemí Díaz, anunció a finales del año pasado un plan director de arbolado. Se trata de disponer de una guía para decidir qué plantar en las calles y plazas, las que mejor se adapten a las condiciones meteorológicas y que sean más resistentes a las especies invasoras. Por ejemplo, cuando se tuvieron que talar varios olmos centenarios en el jardín de San Carlos, Medio Ambiente los sustituyó por una variedad rusa, inmune a la grafiosis que había atacado la olmeda.
En este sentido, el Ayuntamiento ha tomado decisiones innovadoras, como la nueva zona verde que inauguró en la rotonda de Os Castros, un jardín xerófilo. Es decir, seco, como si reprodujera un pequeño trozo de desierto, porque se encontraba justo sobre el túnel de Os Castros y un árbol no podía echar raíces allí. Ese es, por cierto, uno de los principales problemas con el que se encuentran los técnicos: el espacio para las raíces.
Para este año está prevista la plantación de 2.000 nuevos árboles: 1.000 corresponden al plan de arbolado general, 800 se ubicaran en la nueva urbanización de San Pedro de Visma y 200 se incluyen dentro del contrato de mantenimiento de zonas verdes.
Naturalmente, se trata de ejemplares jóvenes. En casos especiales, cuando se trata de un árbol singular y se está llevando a cabo una obra, incluso se replanta, aunque se trata de una obra cara y compleja. Un ejemplo es el metrosidero de los Cantones, que fue necesario reubicar por la instalación de un parking y se trasladó con la ayuda de una grúa unos metros más allá. La operación fue realizada demasiado apresuradamente para el gusto de los expertos, que señalan que esto disminuía las posibilidades de supervivencia del árbol, pero el caso es que el metrosidero sigue resistiendo.
Al otro lado de la calle, en los jardines de Méndez Núñez, un tocón recuerda la existencia de una haya centenaria que hubo que talar por motivos de seguridad. Ahora dicho tocón es todo un ecosistema que enriquece el subsuelo.
| cifras |
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| 4.600 plantaciones realizó la Concejalía de Medio Ambiente entre 2020 y 2025, y se espera plantar 2.000 más este ejercicio, según se anunció en noviembre |
| 1 millón de euros es el presupuesto del mantenimiento de árboles que maneja el Ayuntamiento, dentro de los 7,6 millones de euros para zonas verdes |
| 12,36 metros cuadrados de zonas verdes por persona tiene A Coruña, según los datos estadísticos del año pasado, con una tendencia descendente |
Mantenimiento
Por supuesto, tanto árbol necesita mantenimiento. “Es un ser vivo, y le afecta todo: a veces tiene pudriciones, hongos, tiene una esperanza de vida... A la gente no le gusta, pero un árbol también tiene una vida útil”, apunta Franco. Desde el Ayuntamiento están realizando un esfuerzo extra para tratar de alargarla.
La semana pasada se anunció una nueva campaña para tratar de mantener la plaga del picudo lejos de las palmeras más emblemáticas del centro de la ciudad, como Méndez Núñez. En otros casos, con otras especies, se siembran insectos depredadores para que devoren las plagas. Es por eso que en los presupuestos municipales figura una partida de 7,6 millones de euros al año, de los cuales un millón se destina a cuidar los árboles a los que los coruñeses les gusta arrimarse.















