0.0: el marcador que la Policía quiere en Riazor
Es la primera vez en la historia de A Coruña que se adopta esta medida, según reconocen las autoridades

La Policía Nacional volvió a actuar hoy en Riazor durante un encuentro de fútbol. En esta ocasión, hizo algo inédito: practicó varios controles de alcoholemia en los accesos de Riazor. Sobre todo, en la puerta número 9, que es conocida por ser la más utilizada por los miembros de los Riazor Blues para acceder al estadio. A consecuencia de ello, todos los aficionados que dieron positivo fueron expulsados del recinto y se quedaron sin disfrutar del partido (y de la victoria) en el que el Deportivo se enfrentaba con el Andorra.
El procedimiento fue el siguiente: después del cacheo de rigor pasado el torno, la Policía Nacional seleccionaba a aquellos aficionados que le parecía que se encontraban bajo los efectos del alcohol, y los llevaba a otro punto, donde los esperaba la Policía Local, que les hizo soplar en los alcoholímetros.
30.000 euros es la cantidad máxima de las multas que podrían recibir varios Riazor Blues por el material hallado en su local
Resulta que la Ley del Deporte (Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte) es mucho más dura que la Ley de Seguridad Vial, porque basta con dar positivo por un miligramo de alcohol en el aire para que la Policía Nacional actuara. Así, algunos de los infractores no pudieron entrar en el estadio y les abrieron un expediente por dar apenas 0,03 mg/l, 0,08 mg/l, y 0,1 mg/l al soplar en el alcoholímetro. “La ley no especifica ningún nivel en sangre –explican desde la Policía Local–. Con que te tomes una cerveza puede ser suficiente”.
Conviene no olvidar que se trata de la primera vez que una medida así se pone en práctica en Riazor, aunque desde la Policía Nacional recuerdan que se emitió un comunicado días antes del partido en el que se advertía de que iban a adoptar esta medida. El estadio de Riazor tiene así el dudoso honor de ser el escenario de uno de los primeros casos en el que se han practicado controles de alcoholemia a los aficionados, aunque hicieron lo mismo en un partido en Las Palmas, meses atrás.
Bombos confiscados
No es la única medida inédita que adoptaron las autoridades en el partido de hoy. Según varios testigos presenciales, confiscaron por lo menos dos bombos a la afición (uno de ellos a los Riazor Blues), con lo que el ambiente en las gradas se resintió. Con los años, el acompañamiento musical de estos instrumentos de percusión se ha convertido en un requisito imprescindible para acompañar las ovaciones y elevar la moral desde las gradas, así que más de un aficionado se ha quejado de que la actuación de la Policía ha ensombrecido una jornada que debería haber sido festiva. Fuentes policiales responden que, según la ley, solo puede haber un bombo por hinchada, y que su portador tiene que estar debidamente identificado por las autoridades.
Por si fuera poco, los antidisturbios tuvieron que realizar lo que los testigos denominan “cargas” y los propios agentes “maniobras de contención” cuando los aficionados retiraron las vallas e invadieron la calzada ante la llegada del Deportivo. Terminología aparte, los agentes de la UIP sacaron a pasear las porras para mantener a raya a la multitud. Hubo lanzamiento de bengalas.
Todos estos sucesos han generado cierto malestar en la afición en general y en los Riazor Blues en particular, que consideran que están siendo objeto de un atención desmedida por parte de las autoridades después de que el día 1 de este mes, la Policía Nacional y Local llevaran a cabo una redada en el bajo en donde el grupo ultra se reúne habitualmente. Allí encontraron varias armas, como palos o cuchillos, así como drogas y alcohol, además de bengalas. Todo ello ha sido objeto de sanciones (se entiende que el alcohol lo vendían sin licencia, y que las bengalas no estaban debidamente almacenadas, al tratarse de material pirotécnico).
Por su parte, las autoridades recuerdan que los hinchas han empleado bengalas de forma peligrosa en los últimos encuentros, como cuando arrojaron una al autobús en el que viajaba el equipo rival antes del encuentro con el Zaragoza, o cuando estuvieron a punto de incendiar un coche estacionado en la jornada contra el Málaga.













