La cantina de un instituto de A Coruña que se parece al mítico bar Parrús
Alfredo Mourelle, responsable de la cafetería del IES Monelos, ha diseñado en tres décadas todo un altar blanquiazul, al estilo del antiguo local de los Riazor Blues

Si su hijo estudia en el IES Monelos y llega a casa con un doctorado en historia del Dépor la explicación es muy sencilla: ha pasado unos cuantos recreos en la cafetería del centro. Podría decirse que allí se esconde uno de los más trabajados, minuciosos e hipnotizantes templos blanquiazules, con una cantina que recuerda más al mítico Parrús que a las prefabricadas casetas de los colegios de antaño. Y claro, con la que se viene a partir de hoy, el altar luce más brillante que nunca.
Detrás de todo está Alfredo Mourelle, un deportivista de categoría, pero a prueba de categorías. Hasta hace no mucho recelaba de eso de celebrar ascensos pero, visto lo visto, en realidad se trata de volver al sitio del que nunca se debería haber salido. “Los ascensos no deberían celebrarse, pero ahora sobre todo soy opmista. Nervioso, pero optimista”, dice. Lo curioso del asunto es que Alfredo trabaja codo con codo con su conserje, un celtista confesa al que infructuosamente ha tratad de llevar “por el buen camino”. “La convivencia es buena”, matiza.
Tal y como reza el mural principal, la cafetería del IES Monelos es “Alfredo's bar”. Allí conviven con semejante nivel de adoración el SuperDépor o la Curva Máxica, germen de la animación en General. Para los menos acostumbrados a ganar, Marathón Inferior. “No soy un Riazor Blue, pero sí simpatizo mucho con la gente de Old Faces”, confiesa.

Mourelle, que lleva desde 1997 al frente del establecimiento, ha visto crecer a profesionales de todo tipo, pero a ningún futbolista. “Como mucho, a algún periodista”, reconoce. Sin olvidar que se trata de un bar escolar, hay que frotarse los ojos para confirmar que los precios corresponden a 2026. Nada supera el euro, y los bocatas rondan los 80 céntimos. Su plato estrella es el Pochinky, un bocadillo con tortilla, croquetas y bacon. “Lo bautizó un chaval que jugaba a videojuegos, y ahora lo conoce todo el mundo”, explica.

La pregunta del millón está clara: Si el Dépor es equipo de Primera el último día de mayo, ¿quién abrirá el bar el lunes 1 de junio? La respuesta es igual de evidente: “Vendremos de reenganche”.














