La bióloga coruñesa que lleva 50 años estudiando la Amazonía y no piensa en retirarse
María Teresa Fernández Piedade acaba de recibir, con 74 años, el mayor premio que Brasil otorga a sus científicos y, pese a haber cumplido su “mayor sueño” asegura que no tiene pensado parar

María Teresa Fernández Piedade (A Coruña, 1952) lleva cincuenta años en Brasil cumpliendo su sueño de estudiar la Amazonía como bióloga, pero sus orígenes se remontan a la ciudad de A Coruña, cuyo mar influyó definitivamente en su vocación. Tras recibir la máxima distinción científica y tecnológica de Brasil, el Premio Almirante Álvaro Alberto, repasa su trayectoria.
¿De qué zona de A Coruña es?
Del barrio de la Torre.
¿Eso influyó en su carrera?
Quien nace en A Coruña tiene alguna relación con el agua. Más bien el mar. Además, mis padres tenían un comercio que vendía cosas para pesca. Eso siempre fue una cosa muy fuerte en mi historia y, cuando decidí ser bióloga, quise trabajar con agua y con los organismos. Terminé haciendo la carrera en una universidad un poquito más al interior, no cerca del mar, y empecé a trabajar en lagunas. Pero el mayor sueño de todos los biólogos del mundo, o de casi todos, es venir para la Amazonía. Por perrenchas yo lo conseguí. Eso fue 50 años atrás.
¿En qué año llegó a Brasil?
Fuimos mi marido y yo. Mi marido ya es retirado, es un año más viejo que yo y es químico. En 1976 hicimos el primer viaje y en 77 nos cambiamos definitivamente. Naturalmente, después hicimos la maestría, doctorado y posdoctorado fuera de Brasil. Pero nuestro rincón fue la región amazónica, que es donde tenemos nuestra casa.
“El mayor sueño de todos los biólogos del mundo, o de casi todos, es venir para la región amazónica y yo lo conseguí”
¿Cómo fueron los inicios?
Empecé trabajando con los humedales en interacciones como, por ejemplo, las frutas que caen de los árboles y que los peces las comen. Cómo eso es importante para los peces y para las plantas porque les dispersan frutos. Y cómo esa dinámica se mueve en un complejo tan grande como de la cuenca amazónica.
¿Y cómo ha cambiado su investigación desde entonces?
En maestría empecé estudiando cómo una palma que crece en humedales era consumida por peces. Pero, al fin y al cabo, eran 16 especies y me vi completamente agobiada. Imagínate, porque yo tenía que mirar los estómagos de 16.... Después fui intentando ver si esos patrones se repetían para otras especies. Y tenemos solo en los humedales más ricos aquí de la región más de 1.000 especies de árboles. Es un trabajo muy complejo porque tú no puedes trabajar con mil al mismo tiempo, si quieres profundizar. Entonces intentamos descubrir todas las especies que hay, cuáles son las más críticas o más importantes en los sistemas.
Si tuviera que destacar su mayor logro, ¿cuál sería?
Es difícil... Pero voy a decir una cosa que para mí es muy importante. Lo que más me gusta es que logré crear un grupo de trabajo. Actualmente somos más o menos 50 personas trabajando, pero al inicio éramos tres o cuatro. Y eso parece mucho, pero para esta región es muy poco.
¿Y logros científicos?
Descubrimos algunas cosas muy interesantes. El efecto del fuego, por ejemplo, cuando queman la vegetación en humedales. Que nadie se imaginaba que eso era un problema, pero actualmente lo es, con el cambio del clima también. Ahora estamos trabajando bastante con las poblaciones tradicionales porque los indígenas de aquí ya manejaban la floresta de una manera muy interesante. Hoy en día ya sabemos que muchos lugares eran habitados y modificados sin destrozarlos, dicho de una manera poco técnica.
¿Sigue trabajando con 74 años?
Sí, y no quiero parar. Con 75 me retiraré porque es la ley aquí, pero puedo seguir como agregada supervisando estudiantes.
¿Echa de menos A Coruña?
Sí, fuimos en mayo del año pasado para visitar a la familia y para poder comer las comidas galleguiñas. Echo de menos todas las comidas (ríe). Y la cultura y la manera de ser gallega me gusta mucho. Es muy cariñosa.
¿Tiene pensado volver y retirarse aquí?
Pensamos en alquilar un sitio y quedar un tiempo. Posiblemente vamos a hacerlo en algún momento, pero aún tenemos aquí a la nieta y al hijo. Entonces estamos pensando. Ese es el dilema de mi vida.












