Adiós para siempre a uno de los bares más queridos de A Coruña
Monte Alto pierde una de sus paradas fundamentales y el lugar de encuentro de muchas generaciones

Mientras A Coruña se tiñe de blanquiazul, el local que muchos veteranos y 'profesionales' de la noche relacionan con esos colores ha puesto el punto final a su trayectoria. De una forma mucho más tranquila que cualquiera de sus memorables noches de troula, O Polvorín se ha apagado y es ya solamente un chute de nostalgia para quienes durante décadas disfrutaron de su singular encanto. No ha tenido tiempo de decir adiós, ni tampoco de una fiesta a la que seguro se hubieran apuntado quienes tienen en esa esquina de la calle Vereda Polvorín 33 una parte de sus mejores recuerdos. La razón podría resumirse con eso "es el mercado, amigo". La gerencia saliente prefiere ponerle ciertos matices. "El motivo no es otro que el hecho de que no se nos renovase el contrato de alquiler", sentencian los que pueden presumir de haber gestionado los últimos siete años de vida de un espacio casi patrimonial.
Local ecléctico y transversal, desde mucho antes de que ambos fueran utilizados tan alegremente para dar valor a un bar, la despedida de O Polvorín lo es también de una forma de entender Monte Alto que hizo que el 15002 atrajese a un target impensable hace años. De hecho, valga como definición el relato que Susana Fernández, alias Mis Lutier, realizaba en su blog de viajes hace ya 11 años: "Pequeño y con estilo propio, esta casa azul y blanca, de colores tan coruñeses, es uno de los locales más populares de Monte Alto. Actuaciones en directo, sesiones de Dj, vinilos, vermú, callos, copas o incluso de venta de ropa y complementos. Y, lo mejor, ese trato familiar y tan de barrio que tanto gusta". Ese reclamo y esa búsqueda de la autenticidad fabricada que tanto atrae a los cazadores de tendencias lo provocaba sin artificios ese bar todoterreno en el que encontrar todos los planes.
Para los más supersticiosos, quizás puede entenderse en clave premonitoria el incendio que a punto estuvo de arrasar su terraza en octubre del pasado año. La Policía Nacional lo calificó de "intencionado", y posiblemente causado por un cóctel molotov de alguien que debía tener alguna cuenta pendiente. Fue prácticamente el adiós para un bar que algunos vecinos califican de "generacional", y al que otros muchos habituales situaban ya lejos de su mejor época. Ya no queda ni rastro y cada vez será menos reconocible, con el desmontaje de su fachada. Sin embargo, a todos ellos les faltará ese último baile que merecen las leyendas.













