Jimena Cardona | “La mayoría de niños empiezan a ver porno con ocho años”
Socióloga y estudiante de máster en la Universidad de A Coruña, ha sido recientemente galardonada en los Premios Valedora do Pobo por su Trabajo Fin de Grado (TFG), una reflexión sobre la influencia de la pornografía en la sexualidad del alumnado universitario

Jimena Cardona (Vigo, 2003) afirma orgullosa ser una de esas personas que estudiaron Sociología porque verdaderamente les gustaba lo que la carrera universitaria proponía. De hecho, antes de matricularse en el grado ya había ahondado en la sociología de género y la rama de explotación sexual y reproductiva, donde se encuentra la pornografía, una realidad que le “quedaba muy lejos” pero que, en la actualidad, ya está “al alcance de todos”. Una realidad que expone en su Trabajo Fin de Grado (TFG), recientemente galardonado en la sexta edición de los Premios Valedora do Pobo y donde, a través de un estudio cualitativo realizado en la Universidad de A Coruña, muestra la influencia de la pornografía en la sexualidad del alumnado universitario.
¿En qué consiste el estudio?
Yo quería analizar, por una parte, qué violencias aparecen en la pornografía y qué imágenes están consumiendo los jóvenes y después ver si estas imágenes tenían implicaciones reales dentro de las prácticas sexoafectivas de los jóvenes. Primero hice una parte de observación participante virtual, donde realicé un análisis de cien vídeos y, después de analizar sociológicamente todos esos vídeos y ver más o menos qué dinámicas y prácticas aparecían, hice entrevistas a jóvenes de la UDC. Me hubiera encantado hacerlo a jóvenes de España, pero era demasiado para un TFG, entonces entrevisté a jóvenes de diferentes carreras de la Universidad.
“Ya que no podemos controlar lo que hacen los menores en su privacidad, al menos darles una buena educación sexual”
¿Qué conclusiones sacó?
A raíz de las entrevistas, mi objetivo era ver si había repercusiones reales en las prácticas sexuales en los jóvenes. No solo llegué a la conclusión de que sí, sino que las prácticas de los jóvenes están súper pornificadas; muchos tienen fantasías y gustos sexuales que tienen mucho que ver con todo lo que aparece en la pornografía. Además, las dinámicas y jerarquías de género que se dan en todos los vídeos pornográficos se representan también en las prácticas sexuales juveniles, en mayor o en menor medida.
¿La cultura está pornificada?
La cultura está muy pornificada. Según el estudio, incluso las jóvenes –porque eran solo chicas las que no veían porno– que nunca habían consumido porno, también se veían envueltas por la pornografía, primero por sus parejas sexuales, que sí que consumían porno, y después porque el propio porno ha traspasado las fronteras de la propia industria. Se ha colado en el resto de fenómenos culturales como las redes sociales, la música, las películas..., al final las chicas que nunca habían consumido porno también se han visto envueltas por esto.
¿Qué se puede hacer ante esta problemática?
A través del estudio pude ver que muchos jóvenes accedían a la pornografía por falta de educación sexual. La mayoría de entrevistados me dijeron que empezaron a consumir porno con ocho años. Incluso algunos dijeron que con seis años en el colegio ya les habían enseñado un vídeo los compañeros mayores. Ya que no podemos controlar lo que hacen los menores en su privacidad con el acceso a internet, lo que sí que está en nuestra mano es darles una buena educación sexual antes de que consuman porno, que su primer contacto con la sexualidad no sea a través de la pornografía, sino a través de una buena educación sexual. Sobre todo de calidad.
¿Qué papel tiene la tecnología?
Absolutamente clave. La inteligencia artificial es un gran problema en este aspecto, sobre todo para las niñas. Al final el cuerpo tiene límites físicos en todos los vídeos, pero con la inteligencia artificial puedes hacer cualquier cosa. Obviamente no podemos meternos en lo que hacen las personas en su privacidad, no tenemos ese control y no creo que lo tengamos nunca a nivel institucional. Enseñar a los niños educación sexual desde pequeños es el principal remedio a estas tecnologías. Si esto se hace, se podría mejorar mucho en este aspecto.











