Caminamos sobre su tumba: hallan un sepulcro romano frente a la iglesia de Santiago
El cementerio de esa época se encontraba en la actual calle Real

A veces cuesta tener presente el pasado, incluso cuando se camina por la Ciudad Vieja, y asumir que los coruñeses llevan caminando por las mismas calles desde hace siglos, e incluso desde bastante más de un milenio. Entonces un obrero de Fenosa pica el suelo para realizar algo tan trivial como instalar una conducción y la historia vuelve a la vida y sale de su tumba. En este caso, un tumba de la época romana de Brigantium.
Ocurrió el mes pasado, en la calle de O Parrote, a escasos metros de la iglesia de Santiago, y las obras están paralizadas desde entonces. Fuentes arqueológicas apuntan a su origen romano, aunque tendrá que confirmarse con diversas pruebas, Lo que sí se sabe es que la tumba solo se conserva en parte, un fragmento, debido a que las canalizaciones antiguas destruyeron el resto. En principio se especuló con que
En un principio, se pensó que podía proceder del antiguo cementerio parroquial de la iglesia de Santiago. La antigua costumbre incluía enterrar a los parroquianos dentro del propio templo. Los de mayor importancia se enterraban lo más cerca posible del altar, por ser el lugar más sagrado, mientras que la gente común era enterrada en el atrio. Como aquel lugar quedaba fuera del espacio principal del templo, muchas veces se levantaba allí un cruceiro para reforzar su sacralidad, de ahí que en muchos templos antiguos, como el de la Colegiata o la propia iglesia de Santiago, aparece un cruceiro en el exterior.
Sin embargo, los romanos no tenían esa costumbre, sino que enterraban a sus muertos fuera de los muros de la ciudad y muchos eran incinerados. Brigantium, como se llamaba A Coruña en la época romana, ocupaba todo el casco histórico desde la calle Maestranza al norte y al este, San Agustín. Hacia el oeste, el límite variaría en función de la fase: en el Alto Imperio (27 a.c-284 d.c), alcanzó hasta la mitad de la calle Real, donde estaba la necrópolis, si bien en el Bajo Imperio (284 d.c-476 d.c.) este límite se retrajo al cruce con Riego de Agua, donde empezaba el cementerio, y donde han aparecido varias tumbas a lo largo de los años.
Mortalidad infantil
Pero solo los adultos se inhumaban en el cementerio extramuros. Los niños, no. Hay que decir que en la época romana, como en toda la historia hasta la invención de la medicina moderna, la mortalidad infantil era extremadamente alta (la mitad moría antes de cumplir los diez años), de manera que el fallecimiento de un ‘puer’ (niño en latín) no era un hecho tan traumático como hoy en día.
El destino de los infantes era la inhumación en algún rincón de la casa familiar y se cubrían con ánforas o tejas. En principio, se creyó por ello que la de la calle del Parrote se trataba de una tumba de un niño. Sin embargo, fuentes del Ayuntamiento confirmaron este miércoles que no se trata de un enterramiento infantil.
De momento, lo que queda del sepulcro está cubierto por una placa y un retrete portátil de obra, y el arqueólogo que trabaja en la obra redactó un informe que ha sido enviado al Ayuntamiento. Patrimonio de la Xunta se pronunciará a continuación.













