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A Coruña

Un refugio ante el desastre: la historia del lazareto para enfermos de Oza

El edificio, pensado para acoger a los pacientes de enfermedades como el cólera, también sirvió para alojar a los soldados que volvían de Cuba

El lazareto "sucio" en primer plano, y el "limpio" al fondo
El lazareto "sucio" en primer plano, y el "limpio" al fondo
Archivo El Ideal Gallego
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Los tiempos cambian pero las preocupaciones humanas son las mismas. La Coruña de finales del siglo XIX y principios del XX habría contado con un edificio, un lazareto en Oza, capaz de dar cobijo a pacientes de enfermedades como el hantavirus –o hace escasos seis años el covid– que desde hace semanas vuelve a copar los titulares de medio mundo. El edificio, construido para albergar a los viajeros con enfermedades contagiosas, tuvo una breve pero curiosa historia, anclado en Oza como bastión sanitario antes del actual complejo hospitalario y llegando a albergar a combatientes retornados de la guerra de Cuba.

Su historia es bien conocida por Carlos González, investigador que ha publicado diversos trabajos sobre un edificio que, explica, apenas “funcionó unos años”. “Se inauguró en 1888 y solo estuvo activo hasta 1903. Duró tan poco tiempo porque con el avance de la ciencia ese tipo de prácticas cuarentenarias se suspendieron”, explica. “Esas prácticas implicaban el aislamiento tanto de los pasajeros como de las mercancías, que provenían de algún lugar donde hubiese algún tipo de enfermedad (en aquella época la fiebre amarilla era lo más habitual), y pasaban una cuarentena aislados”, apunta. En Galicia el primero de estos lazaretos fue el de San Simón, que era el más importante, pero todos los puertos intentaban tener uno, destaca el historiador. “El lazareto de Oza desapareció a principios del siglo XX, aunque en España siguieron abiertos dos, el de San Simón y el de Mahón. Se reconvierte en el Sanatorio Marítimo de Oza, que se levantó en un inicio para atender a niños con tuberculosis osteoarticular”, comenta.

Uso habitual

El lazareto de Oza estaba dividido en dos partes: “sucio” y “limpio”. Al lazareto “sucio”, más pequeño, se llevaba a las personas que ya estaban contagiadas de enfermedades como el cólera o la fiebre amarilla, y contaba con varias dependencias de planta baja, entre ellas un pequeño hospital de convalecientes, un cementerio y un edificio destinado a la fumigación.

Mientras que el “limpio”, ubicado sobre el antiguo castillo de Oza, se dedicó a la observación de aquellos casos sospechosos de contagio. Era más amplio, y además de dependencias como habitaciones, salones para tareas administrativas o una casa de baños, contaba hasta con cobertizo y un edificio para ganado. Ambas partes estaban unidas entre sí por un puente de hierro de más de 200 metros de longitud. Dentro de lo que cabe, dice González, los pacientes hacían vida “normal” en el lazareto. “Este no era muy grande, pero en los lazaretos había de todo: cantinas, habitaciones para dormir...”.

Antes de la llegada de esta clase de edificios sanitarios, la cuarentena había que pasarla en el propio puerto, con los barcos fondeados, con lo que también se resentía el comercio: “Previamente, la cuarentena la tenían que pasar en los puertos, con los barcos sin atracar, fondeados, y controlados estrictamente por las instituciones, con lo que nadie se podía acercar a ellos pero tampoco a las mercancías. No era práctico”. Estos lazaretos resultaron tan útiles, en ese sentido, a lo largo del siglo, que A Coruña ya había intentado antes levantar uno en A Palloza, pero el proyecto no salió adelante por la cercanía que tendría el edificio a la zona residencial próxima.

El lazareto de Oza
El lazareto de Oza
Archivo El Ideal Gallego

En la época, el mayor peligro que combatió el lazareto de Oza fue el cólera. “La epidemia de cólera afectó de una manera importante a la ciudad, que se resintió mucho”, resume el experto. Si bien el lazareto nunca llegó a atender a enfermos por esta enfermedad, sí sirvió para que los barcos que procedían de lugares con cólera hiciesen su cuarentena. Aunque  también tuvo otra curiosa utilidad. “Se utilizó para refugiar a repatriados de la guerra de Cuba. Llegaron muchos soldados heridos y enfermos, porque en Cuba había mucha fiebre amarilla, y se utilizaron los lazaretos para traer a los enfermos, y algunos estaban allí aislados un tiempo. Fue un momento histórico complejo, y hubo críticas por haber perdido la guerra y mantener allí a los soldados”, manifiesta.

Pronto llegaría su final. Con la eliminación de las prácticas cuarentenarias en el edificio, sus instalaciones, por la Real Orden de 6 de agosto de 1910, se cedieron para construir el Sanatorio Marítimo de Oza, destinado a niños preturberculosos y con tuberculosis ósea. El actual recinto hospitalario cuenta con dependencias como el pabellón quirúrgico Fernández Latorre (donde está la unidad de psiquiatría y un museo), el Hospital Marítimo, el Pabellón de Colonias (reformado en los 90) y El Fortín en forma de U, el único edificio que conserva parte de lo que fue uno de los pabellones del lazareto.

Un edificio, en definitiva, parte y testigo de la historia sanitaria de la ciudad. Un refugio ante desastres sanitarios que, aunque solo por un breve periodo de tiempo, jugó su papel contra unas enfermedades contagiosas que incluso hoy, más de un siglo después, tanto siguen preocupando a los coruñeses.

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