Mercedes Monmany | “Las que sobrevivieron en Ravensbruck mantuvieron la memoria del horror”
La escritora presentó la pasada semana en A Coruña su último libro, ‘Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbruck’

Por puro azar, durante una convención en la Provenza francesa, Mercedes Monmany se encontró un libro sobre el campo de concentración de Ravensbruck. “Me puse a leerlo y me enteré de la enormidad, 130.000 mujeres que habían pasado por este campo, un campo que hacen los nazis dedicado exclusivamente a mujeres”, comenta la autora, que, una vez regresó a España, inició una investigación de estas decenas de miles de mujeres y buscó alguna conocida o “biografías interesantes” “que me inspiraran para contar sus historias”. Así reunió a diez mujeres en su nuevo libro, ‘Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbruck’ (Galaxia Gutenberg), que esta pasada semana presentó en A Coruña.
Fueron diez, pero podrían haber sido muchas más. “Me interesaba, sobre todo, que tuviera bibliografía sobre ellas, biografías hechas sobre ellas, que hubieran escrito memorias, testimonios... algo que sirviera de guía”, comenta Monmany, que destaca que de alguna de ellas apenas había información directa, por lo que hubo que echar mano de “personas que las habían conocido”, extrayendo así oro de “frases o recuerdos mínimos de personas que las habían conocido”.
Se contraponen estas figuras con las de personalidades más conocidas o sobre las que se ha escrito más, como Genevieve de Gaulle, la sobrina de Charles de Gaulle; Milena Jesenska, la pareja de Franz Kafka y una mujer “muy conocida”; la dramaturga Charlotte Delbo, “muy famosa en Francia”; o la espía británica Violette Szabo, entre otras.
“Conté la historia de la amistad, los círculos de amistad, la resistencia que mantienen allí, esta decisión inmediata que toman de alistarse en los grupos de la resistencia y luego las que sobrevivieron, que se impusieron como deber, por las que habían fallecido y para que no volviera a pasar, dar testimonio y mantener toda su vida la memoria de lo que había sido aquel horror”, narra la escritora sobre el fin de este libro, que condensa en una frase: “Son diez pequeñas biografías de vidas realmente ejemplares, de mucho coraje y de defensa de una humanidad que en aquellos momentos se había perdido".
De todas ellas, Monmany conocía previamente figuras como las de Delbo o Jesenska, pero el resto las fue descubriendo, “me llamaron la atención”. Una de ellas fue “esa monja rusa, una biografía fascinante que empieza en los tiempos de la revolución de Rusia y era poeta, conoce a los más grandes poetas, es brevemente alcaldesa de una pequeña población, se casa con un bolchevique y cuando empieza a ver la falta de libertades, la tiranía, se va a Francia y se hace monja, porque ya había sufrido toda una serie de inspiraciones espirituales, místicas, le ofrecen integrarse como religiosa en una iglesia ortodoxa de París y pone como condición que no quiere encerrarse en un convento y desde ese momento está ayudando a refugiados, salvando a niños, actos de heroísmo continuos”, relata Monmany sobre una de estas diez biografías que recoge.












