Medio siglo de la trágica jornada en la que llovió petróleo en las calles de A Coruña
El ‘Urquiola’ rozó unas agujas del fondo marino que no aparecían en las cartas náuticas y sufrió una fuga de parte de las 107.000 toneladas de combustible que transportaba el 12 de mayo de 1976

El director del área de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de A Coruña, Carlos García Touriñán, ha comentado en más de una ocasión que la ciudad es, “por desgracia”, “experta en catástrofes” tras haber sufrido accidentes como el derrumbe del vertedero de Bens (1996), el hundimiento del ‘Mar Egeo’ (1992) y el desastre del petrolero ‘Urquiola’ (1976). De este último, ahora se cumplen 50 años.
El 12 de mayo de hace medio siglo quedó marcado para siempre en la historia coruñesa. Un petrolero procedente del Golfo Pérsico, el ‘Urquiola’, se convirtió en el protagonista de aquella jornada y de las siguientes. La imagen de dos grandes columnas que cubrieron el cielo en pocos minutos y el petróleo que cayó del cielo y ensució coches y calles quedó grabada en la memoria de muchos residentes de la ciudad.
Siniestro
El buque rozó unas agujas del fondo marino que no aparecían recogidas en las cartas náuticas y sufrió una fuga de parte de las 107.000 toneladas de combustible que transportaba con destino a la refinería de Petrolíber. Un incendio lo dejó parcialmente destruido.
La edición de El Ideal Gallego del 13 de mayo de 1976 informaba de una “catástrofe incalculable” y detallaba que el barco continuaba ardiendo en “la ría coruñesa” y que la marea negra había alcanzado “la zona del Seixo”. Sobre el accidente, este diario indicaba que el ‘Urquiola’ había quedado “destruido por tres explosiones seguidas de incendio” en el canal de entrada al puerto coruñés tras haber tocado “dos veces fondo horas antes”. Además, aseguraba que la primera de las explosiones se produjo a la una y media de la tarde. Las otras dos se registraron poco después de las dos.
La catástrofe empezó a originarse sobre las ocho de la mañana de aquel 12 de mayo, cuando el mercante enfilaba el canal de acceso al puerto. En ese momento, “sin saberse los motivos”, el casco del buque chocó contra una aguja rocosa del banco de As Yacentes (una zona rocosa de poca profundidad situada en la boca de la ría coruñesa), abriéndose brechas en el casco, según recoge la publicación ‘Cronología Coruñesa 1901-1993’.
Las autoridades marítimas decidieron enviar el barco fuera de la bahía, para lo que se desembarcó a la tripulación. A bordo solo quedaron Sánchez Lebón y el capitán, el coruñés Francisco Rodríguez Castelo, a quienes se encargó la tarea de alejar el buque de los muelles. No pudieron completar esta labor porque una fuerte explosión hizo que el barco quedase envuelto en llamas.
Los dos hombres que permanecían a bordo se lanzaron al mar y trataron de ponerse a salvo, aunque la superficie del agua estaba cubierta del fuego que consumía la carga del buque. Tras arribar agotado por el esfuerzo a la ensenada, el práctico fue auxiliado por quienes se encontraban en la zona. El capitán Rodríguez Castelo falleció aquel día.
Conmoción
Una inmensa humareda cubrió parte del cielo y también se dio un fenómeno que quedó grabado en el recuerdo de muchos vecinos: el aire arrastró partículas de crudo que se depositaron sobre coches y cristales de los edificios.
El Ideal Gallego relató que, con motivo de este siniestro, “Coruña entera” acudió a la “península de la Torre, Punta Herminia, avenida de Navarra, Los Pelamios y a la zona portuaria”.
“Millares de coches cruzaron La Coruña y se formaron atascos en pleno casco urbano”, recogía la crónica.
Sobre la causa de este desastre marítimo, el Tribunal Supremo dictó una sentencia en 1983 en la que estableció que la colisión fue ocasionada “por el anormal funcionamiento del servicio público de cartografía marina y de información sobre el mar y el litoral”. El fallo de los jueces explicitó que el capitán no tuvo ninguna responsabilidad en el siniestro porque “no existió culpa o negligencia” por parte del marino.














