Los otros nombres que lució el ‘Urquiola’: ‘Argos’, ‘Urduliz’ y ‘Castillo de Quermensó’
Tras ser rescatados su maquinaria y parte del casco, se llevaron a Ferrol, donde se reutilizaron en un nuevo carguero

Seguro que lo último que pensó el capitán del ‘Urquiola’, Francisco Rodríguez Castelo, antes de arrojarse al mar, fue que todo estaba perdido y que lo único que cabía era intentar salvar la vida. A fin de cuentas, el práctico y él habían permanecido en el puente de mando durante horas, haciendo todo lo posible para salvar el petrolero. El capitán Rodríguez se ahogó, pero el ‘Urquiola’ sí que se salvó. Por lo menos, en parte, porque se pudo recuperar parte del casco y la maquinaria, y esta se utilizó en la construcción de un nuevo barco, un carguero de grano bautizado como ‘Argos’.
El nacimiento del ‘Urquiola’ hay que buscarlo en los astilleros de Sestao, en 1973, de manera que estaba prácticamente nuevo cuando ocurrió el desastre. Una de las particularidades de este naufragio es que tanto el barco como la tripulación eran españoles. Incluso el capitán era de la zona. Expertos de Salvamento Marítimo aseguran que “conocía el puerto de memoria”, porque hacía viajes desde A Coruña al norte de Europa para surtir a la refinería. Pero en una de estas, al entrar por el canal norte, se quedó clavado en esa aguja rocosa que no figuraba en las cartas náuticas, pero que los lugareños conocían bien. Al perder crudo, que es más ligero que el agua, se hundió aún más. Prácticamente se desangró allí mismo, como una enorme bestia arponeada.
Un gran remolcador de una compañía neerlandesa que tenía base en Ferrol trató de salvar el barco en apuros, pero en ese momento, se incendió. El fuego quemó cerca del 60% del petróleo embarcado. Esto redujo el impacto medioambiental. El resto, al tratarse de crudo ligero, flotó y pudo recuperarse. Un 10% del material, que permanecía en tanques que no habían resultado dañados, se bombeó a un petrolero más pequeño.
Tras recuperarse el petróleo, se procedió a desguazar el ‘Urquiola’, recuperándose las partes más valiosas: la popa y la maquinaria, que se encontraba en buenas condiciones, fueron llevadas a los astilleros de Ferrol, dode pasaron mucho tiempo almacenadas. Siete años después, en 1983, estas piezas formaban parte del bulk carrier (carguero) ‘Argos Bazan’. En 1988 fue rebautizado como el ‘Urduliz’ tras ser adquirido por Naviera Vizcaína, y se dedicó al transporte de carbón desde Norfoolk (EEUU) a Gijón. En 1989, lució en el casco el nombre de ‘Castillo de Quermensó’ al pasar a manos de la empresa nacional Elcano, pero su función no varió: siguió cruzando el Atlántico transportando cambio. En 2022, el antiguo ‘Urquiola’ sufrió su segunda y definitiva muerte: fue desguazado en un astillero de Bangladesh.
El escollo contra el que se despanzurró el ‘Urquiola’, en cambio, fue dinamitado años después. De esta manera, la aguja rocosa dejó de ser una amenaza para la navegación.
Una oportunidad perdida
Quizá lo más lamentable es que, a pesar del desastre ocurrido, las autoridades no tomaron nota, quizá porque el daño fue limitado, comparado con lo que habría de venir varios años después: el ‘Mar Egeo’, un petrolero de bandera griega, embarrancó entre la Torre de Hércules y Punta Herminia durante una noche en la que el mal tiempo impedía la visión y la lluvia intensa afectaba al radar. A las diez de la mañana estalló y se desparramaron 50.000 toneladas de crudo, que bañaron las costas coruñesas.
En el 92, las antiguas comandancias militares de la Marina pasaron a ser civiles, y Salvamento marítimo pasó a ser entidad pública empresarial y empezó a funcionar como tal al año siguiente. Pero si el ‘Mar Egeo’ fue el punto de inflexión para las autoridades, el ‘Urquiola’ permanece en la memoria colectiva de los coruñeses como el primer naufragio de un petrolero en la ciudad, una que está acostumbrada a ver pasar por su costa un intenso tráfico marítimo.













