La Policía aumenta su presencia en locales okupados como forma de presión para forzar su abandono
En las últimas semanas el 092 ha conseguido que se evacúen varios bajos de forma extrajudicial

Que la presencia policial es disuasoria, es un hecho bien conocido. Los vecinos y comerciantes lo saben bien, y por eso siempre piden más patrullas en sus calles. Pero la Policía Local está exprimiendo esta táctica al máximo, aprovechando el hecho de que tiene más efectivos que la Nacional y que, además, paga horas extra. Esa es la baza que ha jugado para conseguir que se desalojen varios bajos en el Agra do Orzán, por ejemplo: la del vecino incómodo.
Normalmente, conseguir que se desaloje una casa o un local okupado ilegalmente es un quebradero de cabeza. Si no se coge al sujeto in fraganti (como ocurrió, por cierto, en un bajo junto al 120 de la ronda de Nelle el mes pasado) se entiende que ya es el hogar del okupa, y que tiene la misma protección que un residente legítimo. Es el dueño, entonces, el que tiene que comenzar un largo proceso legal que va de recurso en recurso hasta conseguir desalojar al sujeto, y que a veces se prolonga más de un año. En el caso de las propiedades abandonadas, que son las que sufren mayormente la okupación, el dueño muy a menudo se desentiende. Entonces comienza un calvario para los vecinos: peleas, gritos y tráfico de drogas.
Pero la Policía Local ha conseguido desalojar varios bajos simplemente hablando con ellos y advirtiéndoles de que vigilarán la zona estrechamente. Con una patrulla de la Policía Local aparcada en la puerta es mucho más difícil realizar actividades sospechosas.
Así consiguieron disuadir a individuos problemáticos en casos como el de Ramón Cabanillas, por ejemplo, donde se vendía droga. Una vez se mudan del lugar abandonado, llega el momento de tapiarlo cuanto antes, para evitar que el problema se repita.












