Fernando González Laxe | “La de político es la profesión más bonita que hay; cinco casos no pueden tapar todo el trabajo”
Vecino de la zona de la plaza de Vigo, estudió en la Academia Galicia, “el mejor colegio que había”. Mientras otros jugaban al fútbol, lo suyo era el atletismo, lo que le valió incluso para una beca

Fernando González Laxe (A Coruña, 1952) es vecino de la zona de la plaza de Vigo desde siempre: “Vivía en Pardo Bazán 6 y, cuando me casé, pasé a Pardo Bazán 3, crucé la calle –explica– por eso conozco y me conocen todos los del barrio”. Algunos también le conocen porque fue presidente de la Xunta entre 1987 y 1990. Hoy, como profesor emérito, sigue de cerca investigaciones relacionadas con algunos de sus temas preferidos: puertos y pesca y la imagen de marca de Galicia algo que, asegura, “aún está por definir”.
¿Cuál es la primera imagen que tiene de A Coruña?
Donde nací, en la plaza de Vigo. La plaza, el cine Equitativa, el bar Bazán, el Marte, los árboles... Ahí jugábamos al fútbol los chicos y al brilé las chicas.
¿A dónde fue al colegio?
A la Academia Galicia, el mejor colegio que había. A mí me dio clase de Literatura Miguel González Garcés; de Historia del Arte, Francisco José Alcántara, que fue premio Nadal; de Filosofía, don Luis Seoane; de latín, Carlos Seoane, que era el director; de Matemáticas, Máximo Sierra... profesores muy buenos que nos inculcaron una educación muy abierta y muy seglar.
¿A qué jugaban en el recreo?
Al fútbol y al balón volea, que se llamaba antes. Pero el colegio al deporte no le dedicaba nada. El patio era el patio de luces, salíamos cuando las personas colgaban la ropa y, cuando jugábamos contra otro colegio, llevábamos la camiseta interior. A mí lo que me gustaba era el atletismo.
Creo que era bastante bueno...
Yo fui bueno...
¿Cuál era su distancia?
800 metros. Se me daba bien al punto de que tuve una beca. La Universidad de Santiago me pagó los estudios tres años para dedicarme al atletismo: estancia, comida, matrícula y suplemento nutritivo. Yo era el 20 de España en aquella época, estaba bien.
¿Sigue haciendo deporte?
No. Hoy veo por televisión el deporte (risas).
¿Y qué quería ser de mayor?
Quería dirigir una empresa. E hice todo lo contrario... Dirigí un país.
Bueno, no está mal...
No está mal, pero el objetivo era el mundo de la empresa. Por eso hice Económicas. Pero empecé a ver que la teoría económica es una cosa abstracta que no tiene nada que ver con la economía real y, a partir de ahí, me fui encaminando por el estudio de la economía política más que de la política económica. Y acabé estudiando los temas marítimos.
Y entra en contacto con el mundo político. ¿Cómo llega ahí?
Por mi profesor. En aquel momento, era la dictadura de Franco y él me dice que militaba en un partido político y que, si yo congeniaba con sus ideas, me invitaba a participar.
¿Y quién era aquel profesor?
Xosé Manuel Beiras.
Me suena un poco...
Un hombre encantador. Muy buen profesor y una magnífica persona.
Y entonces le empieza a picar el gusanillo de la política...
Sí, vas viendo la caída de la dictadura, que vamos a entrar en una democracia y lo que cualquier persona joven dice: “Buf, si yo pudiera estar ahí colaborando con aquellos que van a adoptar las decisiones, sería estupendo”. Empecé ayudando a los que tomaban las decisiones y, al final, tomaba yo las decisiones.
Usted fue presidente de la Xunta cuando era muy joven...
Era el presidente más joven de España en aquel momento. No tenía ni 35 años. Después me ganó otro, el que era presidente de Castilla y León, unos meses más joven, José María Aznar.
Llama la atención hoy, con Trump, Biden y otras personas mayores como dirigentes...
Yo con 30 era director general de pesca de España. Y, con 26, teniente de alcalde de Coruña. Era la generación nueva que formaba parte de los partidos. Tuvimos que hacer absolutamente todo, partiendo de cero. Uno, no podíamos equivocarnos, porque no se podía equivocar uno, y dos, tenías que buscar el consenso, el acuerdo, que no fuera una sociedad tensionada. Por eso, siempre que hay una entrevista a alguien de mi generación, siempre aparece la palabra tolerancia, consenso, acuerdo.
Llega a la Xunta con una moción de censura y dos partidos con los que tenía que entenderse. ¿Hoy sería fácil llegar a ese tipo de acuerdos?
Es necesario; es muy difícil sacar mayoría absoluta. Lo importante es que el que manda sea generoso y que tenga sensibilidad: saber medir lo que la gente está sufriendo o lo que espera o cuál es su ilusión. Y tiene que ser muy transparente y decir las cosas tal cual son.
Ahora eso no se estila mucho...
Bueno, yo digo lo que a mí me gustaría y lo que he tratado de hacer. Con eso creo que la gente tendría mayor afecto al político. Dicho todo eso, la de político es la profesión más bonita que hay. La más bonita, la más limpia de todas. Yo defiendo la limpieza de los políticos, incluso los actuales. Ya sé que suena mal, ¿eh? pero cinco casos no pueden tapar el trabajo duro y constante de mucha gente. La diferencia entre antes y ahora es que nosotros no queríamos ser profesionales de la política, queríamos tener nuestra profesión. Hoy muchos optan por ser un profesional de la política.
Eso también ata un poco más...
Te condiciona porque a veces piensas más en cómo renovar tu puesto que en que la sociedad avance.
¿Cómo se pasa de ser presidente de la Xunta a volver a dar clase y ser un ciudadano normal?
Porque mi cabeza está partida en dos: la parte política, que me sigue interesando, y la docencia y la investigación, con la cual disfruto mucho. Soy hijo de maestra y esa parte la llevo muy dentro. Por eso no me costó absolutamente nada. Yo tuve la suerte de andar entrando y saliendo. Que no todos lo pueden llevar a cabo.
¿Echa de menos esa otra parte?
Echo de menos tomar las decisiones. A veces, digo: “Yo haría esto. Y otras: “Uf, hay que pensarlo y darle muchas vueltas” porque es más complejo de lo que el político está diciendo.
¿Qué consejo le daría a los políticos de hoy?
Primero, que escuchen atentamente lo que dice su rival. Dos, que no lleven el discurso escrito. Tercero, que se sienten en una mesa para tomar un café. O un buen vino. No pueden ir con la respuesta preparada. Tienes que escuchar a tu oponente, porque una cosa es lo que diga en público y otra lo que piensa. Y le diría que a su equipo de marketing les diera vacaciones y que recuperara su propio ser. Con eso, arreglaría muchas cosas.
¿De qué presume como coruñés?
De una ciudad que ha contribuido a hacer Europa, la civilización más moderna que hay.
Y algo que le guste un poco menos, algún defecto...
A veces, el urbanismo. Edificios que se han permitido y que llama la atención que en los mejores paseos la fachada sea la parte de atrás. Y, aun así, no la hacen fea. Incluso queriendo.
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué época de la ciudad iría?
En la que estoy, es la más dinámica. Y tiene tres desafíos: el marítimo, el tecnológico y el médico, que es el que va a dar más satisfacciones. El complejo hospitalario y la futura Facultad de Medicina serán uno de los grandes trampolines que va a tener la ciudad.
Preguntas cascarilleiras
Si tuviera que elegir, ¿churros de Bonilla o churros del Timón?
De Bonilla. Estoy acostumbrado a ir por la calle Galera. Aquello eran churros y chocolate, cumpleaños de los niños...
¿Monte de San Pedro o jardines de Méndez Núñez?
Méndez Núñez y, concretamente, la Rosaleda, que es donde me llevaba mi madre de pequeñito. Que además, las rosas son cada vez más pequeñitas (risas). Siempre me fijo en eso.
¿Calle de la Estrella o calle de la Barrera?
La Estrella. Yo tomaba vasos de vino con mis amigos en la calle de la Estrella.
¿Suele beber agua de Emalcsa o embotellada?
Del grifo. El agua de aquí es buena. Si no fuera buena, no existía Estrella Galicia.
¿Playa de Riazor o playa del Orzán?
Riazor. Mis padres me llevaban allí, en esas escaleras que bajaban, que íbamos por Alfredo Vicenti...
¿Cómo se mueve, a pie o va motorizado?
A pie. Si voy a la universidad, voy en coche. Pero si no, voy a pie. Bueno, al aeropuerto voy en taxi.
¿Es de helados tradicionales como los de la Colón o de sabores más modernos como Bico de Xeado?
De la Ibense.
Todo el mundo la recuerda, a pesar de que cerró hace ya un montón de años...
Pero todavía tenemos ese recuerdo de ese limón ácido, que era muy bueno. A mí me gustan los sabores de limón y turrón.
¿Prefiere una verbena o un concierto?
Si es concierto de jazz, concierto. Si es para pasarlo bien, la verbena.
¿Carnaval o San Juan?
Carnaval.
Pero, ¿por la comida o por los disfraces?
No, no, por disfrazarme. El ambiente me gusta más, es menos encorsetado. Lo otro está como muy delimitado, como unas pautas demasiado estrictas. En cambio, el carnaval es muchísimo más abierto, permite de todo. Yo me disfrazaba.
¿Todavía se sigue disfrazando?
No, ahora ya no, pero cuando fui presidente de la Xunta sí que me disfracé y salí a la calle.
Imagino que era la mejor manera de salir sin que le conocieran...
La verdad es que ahí tenía un pequeño problema... que a veces venía detrás un escolta y entonces ahí me pillaban. Y por las gafas. Con lo cual, a veces, había que ir disfrazado de buzo, con unas gafas de bucear graduadas, y listo.
¿Dice más chorbo o dice más neno?
Digo más gicho. Aunque ya sé que eso es más de Ferrol... Chorbo no lo he dicho nunca. Y neno... simplemente cuando me acuerdo de Arsenio.












