A Coruña se convierte en el epicentro de los jóvenes científicos
Méndez Núñez acoge las más de medio centenar de carpas que participan en el Día de la Ciencia en la Calle

"¡Mamá! ¡Suéltate que no te caes!" son las palabras de una pequeña que, aunque aun no lo sepa, pueda ver en la arquitectura un futuro al acabar de descubrir que con cuatro planchas de madera bien puestas sobre unos pilares se puede sostener, sin quebrarse, a una persona adulta en el aire, como por arte de magia.
Este sábado, los jardines de Méndez Núñez se convirtieron en el epicentro de pequeños jóvenes científicos en el Día de la Ciencia en la Calle. Pequeños, y no tan pequeños, porque los padres, en algunos casos, prestaban más atención a su hijo para saber porqué determinados elementos químicos reaccionan de una manera o de otra.

Más de medio centenar de carpas de centros educativos de A Coruña y del resto de Galicia, así como de la Cruz Roja y de las facultades y centros de investigación relacionados con la Universidad de A Coruña convirtieron los jardines en un constante ir y venir de jóvenes científicos que aprovecharon el sol de la mañana del sábado para aprender de la mejor manera posible: divirtiéndose. Un sol que por la mañana les permitió, por ejemplo, ver en directo como se puede cocinar una pizza sin necesidad de electricidad.
Los aprendices de científicos aprenden desde aspectos básicos como la mezcla de colores, a como se comporta la luz, pasando por incursiones en nuestro entorno natural, como los bosques atlánticos, o las especies que nos rodean.
Todo lo que tenga que ver con la interacción directa es siempre bienvenido por quien muestra una mente ávida y que todavía es una esponja. Así, los más pequeños de la casa no dudan ni un momento en sumergir sus manos para comprobar como funcionan las mareas, y se lanzan a aprender los principios de la fricción, las poleas o la orientación de laberinto a través de la figura de Super Mario.
Los asistentes pudieron descubrir desde grandes a pequeños inventos, como que un vaso de plástico, un par de lápices y un pequeño ventilador a modo de motor puede convertirse en un pequeño robot autónomo y un puñado de palos de helado una estructura tan firme o más como el acero o el cemento.
Por la tarde ya no hubo fuerza solar que moviera los hornos y la jornada se fue desluciendo con la presencia de la lluvia.














