Así fue el eclipse solar total de 1905 en A Coruña
El fenómeno astronómico despertó la misma expectación hace 121 años que el que vivirá la ciudad este mes de agosto

Este 12 de agosto de 2026 quedará marcado como el momento en el que A Coruña y su área vivan, disfruten y protagonicen un eclipse solar completo. Llegará 121 años después del último que ocultó de todo el Sol, en 1905, y que llamó la atención tanto como en estos tiempos, aunque de una manera menos digital y tecnológica, más artesanal. Así lo refleja la hemeroteca, que guarda en su tinta lo que representaron hace más de un siglo eclipses -totales o parciales- que también despertaron el interés del mundo en general, y los coruñeses en particular.
Iván Fernández Pérez y José Ángel Docobo Durántez, del Observatorio Astronómico Ramón María Aller, narran en un artículo de la revista del Instituto Cornide algunos de los fenómenos astronómicos que vivió la ciudad en el inicio del siglo XX, mostrando también toda la expectación que levantó el total de 1905.
Pero antes de este, llegó el primer enganche de Luna y Sol ya con el inicio del siglo XX, el 28 de mayo de 1900. A la altura de 2026 las herramientas tecnológicas permiten establecer el momento y lugar perfectos para seguir este tipo de fenómenos, incluso para hacer simulacros, pero entonces esto era prácticamente una quimera. Aún así, periódicos como 'El Noroeste', narran los expertos en el artículo, incluyeron en sus ediciones algunas mediciones para aproximar los momentos de mayor visibilidad del eclipse. "Las horas que damos son como aviso, para fijarse, en los puntos del Sol por donde entra y sale la Luna, diez ó doce segundos después, porque nuestro reloj puede no tener la hora exacta", escribían las crónicas de la época.
Al día siguiente, la prensa se hacía eco de cómo se había vivido el fenómeno e, incluso, de las anotaciones que catedráticos realizaron durante el eclipse como la presión barométrica o la temperatura.
Pocos años después, el 30 de agosto de 1905, A Coruña volvía a ser testigo de un nuevo eclipse solar, esta vez total, como el que se vivirá en agosto de 2026. La sociedad herculina se volvía a volcar en el fenómeno. Incluso más. Así, el artículo de Fernández y Docobo explica que la atención sobre el eclipse ya empezó meses antes de producirse, es decir, salvando las distancias tecnológicas, igual que ahora. Al respecto destacan conferencias como la protagonizada por el doctor en Ciencias Físico-Químicas Octaviano Romeo Rodrigo en el Circo de Artesanos en diciembre de 1904 bajo el título "Química estelar".

Nuevamente los periódicos incluyeron en sus ediciones más cercanas al eclipse las horas y lugares más adecuados para verlo e, incluso, se informaba de los arreglos a los que habían sido sometidos los relojes del instituto de la ciudad, así como el de la Casa del Consulado, para que el primero marcase la hora local y el segundo, la del meridiano de Greenwich y poder seguir más estrictamente la oposición de la Luna sobre el Sol.
"El eclipse total comenzó a las doce horas y cuarenta y dos minutos, según estaba anunciado. Ligeras nubes velaban el disco solar que aparecía rodeado de la corona que a simple vista se divisa. En el momento mismo en que empezó la totalidad del eclipse, por el lado opuesto en que el fenómeno se había iniciado, quedó un punto intensamente luminoso, un vivísimo rayo de luz, brillante, como si la pequeñísima cabeza de un alfiler, y valga lo vulgar de la comparación, tuviese la potencia lumínica de millones de bujías", narraba la crónica de 'El Noroeste' al día siguiente del fenómeno.

"Solo cuando la Naturaleza ofrece a la contemplación humana un espectáculo tan extraordinario como de ayer se concibe la grandiosa majestad de la creación y se adivinan las austeras e inmutables leyes que rigen el Universo", se rendían los periodistas de 'El Noroeste'.
La prensa también se hizo eco de actuaciones como la aprovechada por el Instituto Eusebio da Guarda, en el que Gonzalo Brañas, catedrático del instituto de Oviedo, realizó un estudio de las alteraciones del compás de declinación magnética.
Y mientras los científicos se preparaban con todos su bártulos, los ciudadanos se despertaron mirando al cielo, en el que se reproducían nubes con chubascos, lo que no impidió que a eso de las once de la mañana las azoteas y terrazas se convirtiesen en verdaderos observatorios astronómicos. También se pudo ver a mucha gente "en el andén de la playa de Riazor, en la explanada del Orzán, en las inmediaciones del muelle de hierro, en las proximidades de la Torre de Hércules, en las cercanías de los molinos de viento que existieron en lo alto de Santa Margarita, en las galerías, en las ventas y en los balcones de las viviendas", reflejaba el diario, que hablaba de que la curiosidad no era vencida por la contrariedad que producía el estado del cielo cubierto por las nubes.
La observación astronómica dejó ver también momentos cómicos, como el protagonizado en A Coruña por un grupo de marineros que vestían "cucuruchos de papel" en su cabeza como los que suelen servir para representar a los astrónomos y que ofrecían a los curiosos, "mediante el estipendio de quince céntimos" la vista del eclipse a través de largos tubos de cartón en forma de telescopio. No debían saber aún aquellos peculiares 'científicos' que no se debe contemplar de forma directa el sol.
Uno de los lugares más privilegiados para ver este fenómeno fue el monte de Santa Margarita, usado por los jesuitas "junto a uno de los antiguos molinos" para la observación. Precisamente allí pudo verse un fenómeno asociado al eclipse: "Divisáronse las bandas osculantes, o de sombra, que se deslizaron por el suelo unos minutos antes de comenzar y algunos minutos después de acabar el eclipse total. Acerca de este curioso fenómeno dice un escritor lo siguiente: 'Figúrese el lector un estanque, un río, un depósito de agua cualquier próximo a los muros de una casa. Figúrese que las aguas tienen ligera ondulación y que están alumbradas por el sol. Sobre le muro aparecen ciertas bandas o líneas luminosas, movibles, ondulantes, irregulares. Pues algo parecido a eso son las bandas oscilantes o de sombra", narraba 'El Noroeste'.
Pasados otros siete años, en A Coruña se produjo un nuevo eclipse solar, esta vez parcial. Fue el 17 de abril de 1912. Esta concatenación de eventos la reflejaba también el periódico en su edición del día de siguiente, cuando hablaba de que el cielo había tenido "cierta prodigalidad de sus incomparables fenómenos". "Hemos presenciado el eclipse total del 1905, de una grandeza emocionante el paso del cometa Halley que inquietó unos días a la humanidad y ahora este segundo eclipse que para nosotros los coruñeses no ha tenido la misma solemnidad inolvidable del anterior, pero que, sin embargo, nos ha ofrecido un espectáculo emocionante", explicaba el diario.
Fernández y Docobo reflejan en su artículo en la revista Cornide que este eclipse fue utilizado también por el fotógrafo y cineasta José Sellier para tomar imágenes, mientras los científicos se afanaban de nuevo en recoger nuevos datos que permitiesen entender mejor el funcionamiento de la naturaleza y el Universo en medio de un fenómeno astronómico que por su extrañeza abre las mentes y despierta la curiosidad de la ciudadanía. Entonces, y también ahora.
















