Los dobles y triples homenajes a las personas que dejaron su huella en A Coruña y en su sociedad
Pese a que el sentir común es que solo dos personas, Pucho Boedo e Isabel Zendal, tienen más de un tributo en la urbe, hay personalidades que atesoran más reconocimientos

A pesar de vivir rodeados de patrimonio y homenajes varios, en A Coruña tendemos a veces a circunscribirnos a frases hechas o creencias populares tan caladas ya en la sociedad que a veces las damos por más que ciertas. En lo que a homenajes se refiere, acostumbramos a decir y repetir que solos un par personas tienen dos esculturas en la ciudad: Pucho Boedo (en O Ventorrillo y Ciudad Vieja) e Isabel Zendal (en Zalaeta y en O Parrote). Pero a veces nos olvidamos de que hay personalidades que tienen en nuestra ciudad más de un monumento en su honor, sin contar otros homenajes como placas o dar nombres a calles o plazas.
Aureliano Linares Rivas no solo tiene dos monumentos, el Obelisco y la escultura de la Rosaleda, sino que da nombre a una avenida y a un muelle del puerto
El genial Wenceslao Fernández Flórez, sin ir más lejos, tiene tres homenajes en la urbe, sin contar su calle (aquella a la que le dedicó uno de sus artículos en el que agradecía el gesto, mostraba la responsabilidad que suponía y mostraba su preocupación sobre lo que se pudiera hacer en ella: “La contingencia que más me alarma es la de que llegue a cometerse un crimen de esos que obsesionan a la gente y dan trabajo a los periodistas”). Pero quitando eso, el autor de ‘El bosque animado’ cuenta con tres esculturas en A Coruña. Una de ellas en el homenaje a la risa que es la plaza del Humor, un busto en el que se caricaturiza su nariz. Precisamente, su nariz protagoniza el sutil homenaje en forma de escultura en los jardines de Méndez Núñez: un enorme bloque con un hueco en una de sus aristas en el que se intuye su nariz. Enfrente, en lo alto de La Terraza, está el tercero: un busto, junto a otras personalidades como Julio Camba, Pérez Lugín, Manuel Murguía, Emilia Pardo Bazán, Antón Vilar Ponte, Salvador de Madariaga y Juan Fernández Latorre.

El político y periodista Aureliano Linares Rivas es también homenajeado de diferentes maneras, además de con la avenida que lleva su nombre. En el salón de estar de los coruñeses reina el Obelisco, que se erigió en su honor a finales del siglo XIX. A apenas unos metros se levanta otro gran monumento en su honor, en pleno centro de la Rosaleda de Méndez Núñez. Y siguiendo el camino, se sitúa el muelle de Linares Rivas, donde se erige el edifico de la lonja.
Otro personaje con reconocimientos varios es Sir John Moore. En el jardín de San Carlos tiene dos: un busto y el mausoleo. Este último lo renovará el Ayuntamiento próximamente con una inversión de más de 160.000 euros y guarda en su haber historias curiosas, ya que hay quien todavía cree erróneamente que, al igual que el cementerio inglés de San Amaro, es suelo inglés. A estos dos se podría sumar un tercer homenaje, el monolito situado en el Campus de Elviña, que recuerda el lugar aproximado en el que cayó Moore durante la batalla entre británicos y franceses.

Dobles recuerdos
A esta lista hay que añadir a los que suman dobles homenajes gracias a lo que podríamos llamar grupos de esculturas, como los bustos de La Terraza o la plaza del Humor.
Esto hace que, por ejemplo, Emilia Pardo Bazán tenga dos esculturas en unos metros: la estatua de piedra que se levantó en su honor en los jardines de Méndez Núñez y el busto que corona uno de los laterales de La Terraza. A esto se podría sumar la réplica de bronce de su estatua, guardada en la actualidad en los almacenes municipales y que ocupó el lugar de la original durante la época dura del botellón en los jardines, cuando era vandalizada constantemente.
Aunque a Wenceslao le pareciesen una responsabilidad los homenajes, cuenta con tres estatuas en la ciudad: dos de ellas en Méndez Núñez y otra en la plaza del Humor
El arteixán Manuel Murguía es otro escritor con dos monumentos en esta zona. Comparte espacio con doña Emilia en La Terraza y cuenta con un busto de bronce sobre un pedestal de granito, obra de Fernando Cortés.
Lo mismo le ocurre al político y periodista Juan Fernández Latorre, a quien en los años 50 del pasado siglo se le levantó un busto en los jardines de Méndez Núñez y que también comparte espacio en lo alto de La Terraza con otras personalidades.
Más separados tiene sus reconocimientos el diplomático y escritor coruñés Salvador de Madariaga, que cuenta, además, con el honor de tener una avenida y una plaza con su nombre. En esta última, en pleno Ventorrillo, se levanta sobre una fuente su estatua, que fue vandalizada en múltiples ocasiones (aunque restaurada). El segundo reconocimiento es un busto, también en La Terraza.

El periodista Alejandro Pérez Lugín, a quien todos los años rinde tributo la Asociación de la Prensa local con el premio que lleva su nombre, tiene un reconocimiento en el mismo lugar en el que yacen sus restos. Y es que sobre la losa de su tumba en el cementerio de San Amaro se talló una suerte de escultura de su cuerpo tumbado. Su otro homenaje, al igual que los anteriores, es un busto en el histórico edificio de Méndez Núñez.
A otro ilustre ideólogo de nuestra tierra como Castelao se le dedicó una escultura de piedra en plenos jardines de Méndez Núñez. Su segundo homenaje también es de piedra: su figura sentada en uno de los bancos de la plaza del Humor, también fruto de vandalizaciones que obligaron a reponer su pétrea nariz en varias ocasiones.
En el mismo entorno se sitúa el busto de otro célebre periodista y humorista español, Julio Camba, que también acompaña a otras personalidades en esa colección de bustos que decora los laterales del edificio La Terraza.












